La
razón de contemplar de manera específica la leucemia
en el síndrome de Down estriba en que, aun siendo poco
frecuente su aparición en las personas con síndrome
de Down en términos absolutos (no más de 1-2% de
los niños con síndrome de Down), lo es mucho más
que en los demás niños. En conjunto, la leucemia
en el síndrome de Down aparece con una frecuencia entre
10 y 20 veces mayor que en la población general; pero existe
una forma concreta de leucemia, la megacarioblástica aguda
de la que después hablaremos, que aparece con mucha mayor
frecuencia en los niños con síndrome de Down que
en la población general. Todo ello hace pensar que la desorganización
de los genes ocasionada por la presencia del cromosoma extra 21,
es un factor que contribuye a la aparición de la leucemia.
¿Qué es la leucemia?
La leucemia es un cáncer o neoplasia de las células
hematopoyéticas, es decir, de las células que originan
las células sanguíneas maduras. Por razones que
desconocemos, las células hematopoyéticas pierden
el control en su división y en su diferenciación;
proliferan de manera exagerada, no maduran ni se diferencian,
e inundan la médula ósea y se desparraman por la
sangre. Eso significa que no son capaces de madurar y de convertirse
en los leucocitos, en los hematíes y en las plaquetas normales
de la sangre. Algunas llegan a salir de la sangre y penetran en
los tejidos (infiltración) en donde siguen dividiéndose.
Las células sanguíneas se forman en la médula
ósea, que es un compartimiento semihueco que existe dentro
de los huesos (vulgarmente llamado “caña” para
los huesos largos). Ahí se forman inicialmente las colonias
de las células progenitoras, a partir de las cuales se
originan por diferenciación o especialización las
familias o linajes de las distintas células sanguíneas
(figura 1):
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| Figura 1. Frotis
de médula ósea normal en que están representadas
todas las series hematopoyéticas normales. (Cortesía
de la Dra. Marina Recio, Laboratorio de Hematología,
Hospital Universitario “Marqués de Valdecilla”,
Santander, España) |
Formas de leucemia
Existen varias formas de leucemia, que se clasifican de acuerdo
con la morfología y el grado de diferenciación de
las células presentes en la sangre y en la médula
ósea. En principio se distinguen dos grandes grupos:
- Leucemias Linfoblásticas Agudas (LLA) en las que el problema
afecta a las células progenitoras de linfocitos
- Leucemias Mieloblásticas Agudas (LMA) o leucemias agudas
no linfoblásticas (LANL), en las que el problema afecta
a las células progenitoras de los demás leucocitos,
de los eritrocitos o de los megacariocitos.
Dentro de estos grupos existen varias formas o subtipos. La clasificación
del grupo cooperativo FAB (Franco-Américo-Británico),
basada fundamentalmente en aspectos morfológicos, reconoce
7 subtipos dentro de las LMA, llamadas desde la M-0 a la M-7.
Pero los criterios morfológicos no son suficientes para
establecer una buena clasificación diagnóstica de
las leucemias agudas. En cambio, el estudio inmunológico
de las células blásticas, la citogenética
y la biología molecular han permitido a los especialistas
reconocer marcadores o elementos de detección que son específicos
y tienen un gran valor pronóstico; es decir, poseen un
gran valor para prever la evolución de la leucemia y su
respuesta al tratamiento.
La leucemia en el síndrome de Down
La mayoría de los casos de leucemia en el síndrome
de Down se da en los primeros 5 años de vida. En los 3
primeros años, las leucemias más frecuentes que
en ellos aparecen son las LMA (figura 2 y 3).
A diferencia de la población infantil general, la mitad
de las leucemias agudas que ocurren en niños con síndrome
de Down son de estirpe mieloide y, dentro de ellas, un 50% corresponden
a la leucemia megacarioblástica o M-7; en conjunto, se
ha llegado a afirmar que la frecuencia de leucemia megacarioblástica
o M-7 en la población infantil con síndrome de Down
es de 200 a 300 veces mayor que en la población que no
lo tiene. Pasados los 3 primeros años, el 80% de las leucemias
se presentan en la forma de LLA y el 20% en la forma de LANL.
Cada forma de leucemia presenta sus características propias.
Muchos de los síntomas y signos clínicos son comunes
a todas ellas, pero otros varían según el tipo de
leucemia. Varía también la evolución y curso
natural de la enfermedad. Y, sobre todo, varía la susceptibilidad
a los fármacos y la respuesta al tratamiento.
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Figura 2.
Frotis de médula ósea de una leucemia mieloblástica
aguda tipo M-6 (eritroide). Se observan eritroblastos inmaduros
con hiperbasofilia y vacuolización citoplasmática.
(Cortesía de la Dra. Marina Recio, Laboratorio de
Hematología, Hospital Universitario “Marqués
de Valdecilla”, Santander, España)
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| Figura 3. Frotis
de sangre periférica de una leucemia mieloblástica
aguda tipo M-7 (megacarioblástica). Se observa una
célula blástica de estirpe megacarioblástica,
núcleo desnudo de micromegacariocito y dismorfia plaquetaria.
(Cortesía de la Dra. Marina Recio, Laboratorio de Hematología,
Hospital Universitario “Marqués de Valdecilla”,
Santander, España) |
En el síndrome de Down, las características y evolución
de las diversas leucemias son similares a las que se aprecian
en la población general aunque puede haber un mayor índice
de algunas complicaciones (p. ej., septicemias) y, ciertamente,
pueden mostrar una mayor vulnerabilidad a las reacciones tóxicas
producidas por el tratamiento, lo que exige un especial cuidado.
Pero puede afirmarse que en la actualidad, si el tratamiento está
bien aplicado, el pronóstico a largo plazo de los niños
con síndrome de Down que padecen leucemia es comparable,
o incluso mejor, al de la población infantil general (Rajantie
y Simes, 2003).
Síntomas más importantes
La proliferación e invasión de las células
leucémicas supone la reducción o supresión
de otras células sanguíneas normales (p. ej., los
hematíes o glóbulos rojos). De ahí derivan
algunos de los síntomas más frecuentes como son:
la anemia con sus manifestaciones (palidez cutaneomucosa, cansancio
y astenia, cefalea, acufenos, disnea, taquicardia); febrícula
sin causa aparente o por infección intercurrente debida
a la disminución de granulocitos; hemorragias por pérdida
de plaquetas que se manifiestan en forma de equímosis y
petequias en la piel o en las mucosas, más manifiestas
si ha habido un traumatismo aunque sea débil, o pequeños
sangrados en las encías o en la nariz.
La infiltración de células leucémicas consiste
en la invasión en ciertos tejidos y órganos, y puede
ocasionar la aparición de adenopatías (inflamación
de ganglios en el cuello, axilas, ingles), o el agrandamiento
del hígado o bazo. A veces puede haber pequeñas
obstrucciones de los vasos sanguíneos. O puede infiltrar
las meninges y el sistema nervioso central.
El diagnóstico preciso exige realizar análisis
de la sangre periférica por punción venosa y de
la médula ósea por aspiración. En ocasiones
cuesta obtener el material por aspiración medular, bien
porque la médula ósea está masivamente infiltrada
(empaquetamiento celular), o por la coexistencia de una fibrosis
medular, situación en la que la médula ósea
está como seca y dura, y esto es más frecuente en
la leucemia megacarioblástica o M-7.
Tratamiento
El tratamiento ha de iniciarse de manera inmediata, ya que la
leucemia es una enfermedad grave e inevitablemente mortal si no
se trata adecuadamente.
El objetivo del tratamiento es suprimir las células leucémicas,
y para ello se emplea una combinación de fármacos
que destruyen las células leucémicas y que evitan
la generación y proliferación de otras nuevas células.
Pero ello comporta un riesgo: reducir también las células
sanguíneas normales hasta límites peligrosos, y
provocar la muerte o alteración de las células de
otros tejidos que también se dividen con rapidez. Eso es
lo que conforma el cuadro tóxico propio de la quimioterapia;
algunos síntomas son molestos pero no peligrosos (caída
del cabello), pero otros son molestos y peligrosos (úlceras
en las mucosas, infecciones, dermatitis, anemia, sangrado). Por
consiguiente, el tratamiento adecuado abarca tanto la acción
directa sobre las células leucémicas como el control
de los problemas secundarios originados por la quimioterapia.
El objetivo óptimo, como se ha indicado, es la supresión
completa y definitiva de las células leucémicas:
remisión completa y permanente, curación. Pero en
ocasiones, las células leucémicas resisten al tratamiento
y no hay remisión, o es incompleta y parcial. Y otras veces
hay remisión pero, al cabo de un tiempo más o menos
prolongado, aparece una recaída. El conocimiento de estos
hechos ha promovido el diseño de tratamientos más
intensivos que tratan de prevenir estas recaídas.
Las sociedades médicas especializadas en leucemias infantiles
han establecido pautas muy concretas y detalladas sobre cómo
combinar los diversos fármacos que han de aplicarse, con
qué ritmo, en cuántas etapas dependiendo de cual
sea la forma de leucemia (LLA o LMA) y, dentro de ellas, los subtipos
definidos en función de las propiedades de las células
leucémicas en un determinado paciente. Es un tratamiento
largo y, por las razones antes indicadas, peligroso; y se acompaña
de abundantes efectos secundarios que el equipo sanitario trata
de controlar.
Los padres han de tener confianza en el equipo terapéutico,
porque pasarán por momentos difíciles en los que
verán que el niño está muy débil,
sufre, desarrolla una infección, presenta problemas en
la piel, o en las mucosas (boca, conjuntivas, intestino). Han
de saber que esos problemas temporales tienen solución
y terminan por superarse.
Las fases generales de los tratamientos con quimioterápicos
combinados son los siguientes (el valor relativo de cada una de
estas fases es diferente en las leucemias LLA y LNLA.
1. Inducción a la remisión. Su objetivo es conseguir
una remisión inicial completa. La obtención de esta
remisión completa es un requisito imprescindible, pero
no suficiente, para lograr la curación del niño.
2. Tratamiento posremisión. Su objetivo es prevenir la
recaída.
a) consolidación e intensificación (se administran
los mismos fármacos que en la inducción o nuevos)
b) profilaxis de infiltración del sistema nervioso central,
especialmente en las LLA, en la que es necesario administrar el
medicamento por la vía intratecal (mediante punción
lumbar).
c) Mantenimiento, para evitar las recaídas.
Trasplante: el trasplante de células hematopoyéticas
(médula ósea) es recomendable en algunas formas
de leucemia con muy alto riesgo de recaída. Se utiliza
usualmente la médula ósea del donante, pero también
es frecuente, sobre todo en niños, el uso de sangre de
cordón umbilical o de sangre periférica estimulada
con factores de crecimiento, así como otras fuentes de
células progenitoras hemetopoyéticas.
Tratamientos de apoyo. Consisten en medidas terapéuticas
para prevenir o paliar complicaciones de la propia leucemia o
consecuencias del tratamiento quimioterápico:
- la anemia
- las hemorragias
- las infecciones
- los vómitos y las mucositis
- el aumento de ácido úrico
Para ello se utiliza: hidratación, transfusiones de concentrados
de hematíes, o de plaquetas, o de plasma enriquecido con
factores específicos, los antibióticos, los antieméticos,
los factores de crecimiento hemopoyético.
Peculiaridades en el síndrome de Down
Ya se ha indicado que en la actualidad, el pronóstico
de remisiones y curaciones de leucemia a largo plazo en la población
infantil con síndrome de Down es similar o mejor al de
la población sin síndrome de Down. Es importante
conocer que la mayoría de los niños con síndrome
de Down que presentan una leucemia mieloblástica aguda
pueden curarse de su leucemia con regímenes apropiados
de quimioterapia. Incluso, en el caso de la leucemia megacarioblástica
aguda o M-7 la respuesta es más favorable. Estos niños
parecen tener una mayor sensibilidad a ciertos fármacos,
especialmente a la citarabina (Ara-C). En este tipo de leucemia,
las tasas de supervivencia son significativamente mejores (80-100%),
cuando se comparan con las conseguidas por niños sin síndrome
de Down
Pero los niños con síndrome de Down presentan un
mayor número de complicaciones durante el tratamiento,
quizá como consecuencia de una mayor sensibilidad al tratamiento;
de ahí la necesidad de ajustar muy bien las dosis, controlar
muy de cerca los resultados obtenidos, y tratar las complicaciones.
Pueden presentar un mayor riesgo de desarrollo de septicemias,
o de toxicidad del metotrexato que afecta a las mucosas; pero
con buena hidratación, transfusión de concentrados
de productos hemáticos y terapia antiinfecciosa, se superan
estas incidencias.
El uso de trasplante de progenitores hematopoyéticos en
la leucemia aguda de niños con síndrome de Down
ha sido muy limitado, y su aplicación es todavía
controvertida. Para algunos no es recomendable debido a una elevada
tasa de mortalidad por las complicaciones derivadas del trasplante.
La actitud más generalizada es tratarles exclusivamente
con quimioterapia.
Trastorno mieloproliferativo transitorio (Leucemia transitoria)
Además de una mayor incidencia de LMA, el niño
con síndrome de Down tiene una predisposición a
presentar un trastorno mieloproliferativo transitorio (TMT) o
leucemia transitoria en el período neonatal (muy primeros
meses). En el 10% de los recién nacidos con síndrome
de Down aparece un cuadro sanguíneo caracterizado por leucocitosis
elevada, presencia de células mieloides inmaduras de aspecto
blástico en la sangre periférica y en la médula
ósea, frecuentemente megacarioblásticas, y también
por el aumento de tamaño de hígado y bazo. El patrón
es claramente leucémico, pero suele regresar espontáneamente
en el curso de unos 3 meses por lo se ha definido como leucemia
transitoria o trastorno mieloproliferativo transitorio. En la
actualidad se tiende a considerarlo como una auténtica
leucemia, aunque de remisión espontánea, y por eso
es llamado leucemia transitoria.
En la mayoría de los casos este cuadro desaparece y no
se presenta de nuevo. Sin embargo, aproximadamente en un 30%,
desarrollan después una leucemia megacarioblástica
aguda o M-7 en los 3-4 años siguientes. (Ver:
Leucemia y síndrome de Down: biología molecular
de la leucemia megacariocítica)
Existe también una pequeña proporción de
niños con síndrome de Down en los que el episodio
de leucemia transitoria cursa con complicaciones graves como son
la fibrosis hepática masiva, secundaria a infiltración
(con aumento de enzimas hepáticas y bilirrubina), fallo
respiratorio, insuficiencia cardíaca e hydrops fetalis.
Estas complicaciones exigen un tratamiento sintomático
agresivo, y está justificada la utilización de un
régimen de quimioterapia, tipo LMA, que incluya específicamente
la citarabina.
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Para Canal Down21
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