Problemas
otorrinolaringológicos y trastornos del habla en los niños
con síndrome de Down: fisiopatología, rasgos clínicos,
tratamientos y conducta actual a seguir
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Frédéric
Venail, Quentin Gardiner, Michel Mondain
Departamento de Otorrinolaringología Pediátrica
CHU Gui de Chauliac, Montpellier, Francia
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Resumen
El síndrome de Down es la anomalía
genética que ocurre más frecuentemente, alrededor de 1 por
cada 600 nacimientos. El aumento en la esperanza de vida de las personas
con síndrome de Down ha hecho que aparecieran varios procesos patológicos
que antes se desconocía. Entre ellos, los problemas otorrinolaringológicos
(ORL) ocupan un puesto importante por su elevada incidencia y, a veces,
por su gravedad. El conocimiento preciso de la fisiopatología que
está en la base de los trastornos ORL (la dismorfia facial, las
anomalías de los oídos y de las vías respiratorias
superiores y la inmunodeficiencia) ayuda a comprender las razones por
las que se forma la obstrucción de las vías respiratorias
superiores, el síndrome de la apnea obstructiva del sueño,
la estenosis subglótica, la sordera, el retraso en el habla y las
infecciones ORL que ocurren frecuentemente en estos niños. La exploración
hecha tempranamente y el tratamiento específico pueden conseguir
que se eviten algunas de las secuelas a largo plazo, o al menos que mejore
su pronóstico. Con el fin de ayudar a los profesionales sanitarios
en su trabajo diario, hacemos una serie de recomendaciones que les ayuden
a desarrollar un plan base para el manejo de los problemas ORL en los
niños con síndrome de Down.
El notable aumento que se ha producido en la esperanza de vida de las
personas con síndrome de Down nos obliga a considerar con renovado
interés diversos procesos patológicos que surgen a lo largo
de su vida. Entre ellos destacan los relacionados con las vías
respiratorias superiores como son la garganta, la nariz y el oído
(nos referiremos a la otorrinolaringología: ORL). Los trastornos
ORL aparecen con inusitada frecuencia en los niños con síndrome
de Down, desde los primeros meses, y son causa de notables inconvenientes
y consecuencias a largo plazo en forma de infecciones, problemas en la
audición, en la respiración, en el sueño y en el
habla. Muchos de los problemas se deben a anomalías tanto estructurales
como funcionales del oído, la nariz, la garganta y el sistema inmunitario.
Si se ejecuta un buen programa de exploración y prevención,
muchos de estos trastornos pueden ser tratados y suprimidos o, al menos,
notablemente mejorados con el consiguiente incremento en la calidad de
vida de la persona.
Para entender mejor los mecanismos implicados en la aparición y
el desarrollo de los trastornos ORL de los niños con síndrome
de Down, describiremos primero las anomalías funcionales y morfológicas
que los originan; después analizaremos los métodos que se
utilizan para diagnosticarlos y tratarlos en estos niños. Y a partir
de esta información propondremos un protocolo para la investigación
y el manejo de estos cuadros desde el nacimiento a la adultez.
1.
Anomalías funcionales y estructurales que son causa de los
problemas ORL |
Dismorfia facial y síndrome de Down
Antes de su caracterización genética, el
síndrome de Down fue reconocido por los rasgos fenotípicos
específicos descritos en primer lugar por John Langdom Down en
1866. entre ellos se encuentran la dismorfia craneofacial y las anomalías
óseas y de tejido blando que van asociadas.
Los principales son la braquicefalia, que aloja un cerebro que, en sus
grandes rasgos estructurales, es básicamente normal, y una anomalía
en la parte central de la cara que le da ese perfil de cara achatada (1).
La nariz es corta con un puente nasal plano, y la cavidad oral es relativamente
pequeña con tendencia a que haya protrusión (salida) de
la lengua (2). Puede haber inestabilidad atlantoaxoidea en la columna
cervical, que puede ocasionar compresión de la médula espinal
y lesiones del cuello, y eso exige una exploración clínica
y a veces radiológica hacia los 3 años de edad. Además,
los senos paranasales pueden ser pequeños y tener obstruidas sus
entradas debido a la hipertrofia de la mucosa (3).
Las anomalías de los tejidos blandos consisten en las fisuras palpebrales
inclinadas hacia arriba, los pliegues epicánticos internos, las
manchas de Brushfield en el iris, y las orejas hipoplásicas que
muestran pliegues del pabellón alterados y con un asentamiento
más bajo. El paladar óseo suele ser más estrecho
y en forma de ojiva (3); cuando coincide con una lengua más grande
o hipotónica con tendencia a la protrusión, se aprecia una
reducción de la cavidad oral lo cual ha de repercutir sobre la
masticación y el habla.
Anomalías otológicas
Estas anomalías pueden abarcar a todo el sistema
auditivo. El canal auditivo externo puede ser más estrecho en el
45-50% de los casos, especialmente en su parte media, y puede ser obstruida
fácilmente por el cerumen y la descamación de la piel (4-8).
Eso crea problemas de audición y dificultades para explorar la
membrana del tímpano.
En el oído medio, el tímpano puede adoptar una posición
oblicua (6). Puede haber una menor movilidad o una malformación
en la cadena de huesecillos (en el 25% de los casos) (9), lo que origina
una pérdida en la audición de carácter conductivo
((6, 10-12). La conducción del sonido puede verse también
alterada por la persistencia de tejido mesenquimatoso dentro de la cavidad
timpánica (75% de los casos) (9).
Por último, en el oído interno puede haber anomalías
como son la displasia tipo Mondini o tipo Sheibe, que originan una hidropesía
endolinfática (el rasgo más frecuente) dentro de una cóclea
corta (9, 13, 14). Muy rara vez se observa displasia cocleosacular (15).
En el sistema vestibular, las únicas anomalías que se observan
son malformaciones de los canales semicirculares (9, 16). Parece que en
el síndrome de Down existe también una reducción
en el número de neuronas ganglionares espirales presentes en el
hueso temporal, en comparación con las del resto de la población
(13). Algunos autores proponen que la degeneración del nervio auditivo
pudiera deberse a una compresión progresiva del meato auditivo
interno (17). A veces se aprecia una dehiscencia ósea del canal
facial (9, 13). Aunque estas anomalías se aprecian a veces (entre
un 36,6 y un 71% de los casos) (9, 13), no hay una correlación
directa entre la pérdida de oído y estas malformaciones
(9).
Anomalías faringolaríngeas
Su principal rasgo es la disminución de su tamaño
y la correspondiente vía respiratoria. Se debe a varios factores:
una nasofaringe estrecha, la hipertrofia adenoamigdalar, y la hipotonía
del velo del paladar debida a la disfunción de los músculos
de las vías respiratorias altas (18, 19). Además, esta hipotonía
hace que se colapsen las entradas de las trompas de Eustaquio en la nasofaringe,
que también son más cortas en los niños con síndrome
de Down (4, 5, 7).
La laringe es corta y está colocada algo más cranealmente
que lo habitual. La laringo- y la traqueomalacia son consecuencias frecuentes
de la hipotonía y de la hipoplasia de los cartílagos laringotraqueales
que acompañan (20). De modo menos frecuente se encuentran estenosis
subglóticas (sobre todo posteriores) y estenosis traqueales, si
bien lo hacen con mayor frecuencia que en la población general
(4% de estenosis subglótica) (2, 19, 21-23).
Deficiencia inmunitaria en los niños
con síndrome de Down
No están claras las razones por las que
los niños con síndrome de Down tienen una tasa alta de infecciones
(2%) (8). El síndrome de Down se acompaña de una disfunción
precoz del timo que implica a los linfocitos T (24). Aunque el número
total de linfocitos T es normal, está aumentada la relación
de linfocitos T8 citotóxicos supresores. Se encuentran disminuidos
la actividad de las células citotóxicas naturales y el nivel
de interleuquina-2, lo que contribuye a la disfunción de la célula
T. Además, la función neutrófila también está
alterada, contribuyendo así a la disminución de la función
inmune (25). Es raro que el número de eosinófilos esté
disminuido.
Es normal el nivel de producción de inmunoglobulinas (IgG), pero
la relación entre los diversos subtipos se encuentra modificada.
Están bajos los niveles de IgG2 e IgG4 y elevados los de IgG1 e
IgG3.. La reducción de IgG4 guarda relación con el incremento
del nivel de infección bacteriana. No se conocen los mecanismos
que contribuyen a este aumento en el número y gravedad de infecciones,
pero se sabe que la respuesta inmune pulmonar depende de este subtipo
de IgG (24, 26).
volver
2.
Diagnóstico y tratamiento de los trastornos ORL en el síndrome
de Down |
Trastornos de la audición
La sordera de mayor o menor intensidad es la más
frecuente de las afectaciones ORL que se observan en los niños
con síndrome de Down. Es preciso tratarla precozmente para minimizar
los problemas comunicativos y sociales. Entre el 38 y el 78% tienen una
pérdida auditiva de conducción (4, 27-31); y el 90% de estos
casos se debe a una otitis media con efusión serosa (32). El otro
10% se debe a impactaciones de cerumen y descamación dérmica
en el conducto externo, a conductos estrechos o a anomalías en
la cadena de huesecillos.
Para diagnosticar un problema auditivo, todos los autores proponen una
evaluación a base de una exploración clínica y una
audiometría de tono puro o conductual (audiometría de observación
conductual, audiometría con distracción o audiometría
con juego condicionado) según sea la edad y la etapa de desarrollo
del niño (8, 30, 31, 33). Shott y col. (8) refieren sistemáticamente
a los pacientes a una evaluación de potenciales auditivos evocados,
mientras que otros prefieren sólo en los pacientes con grandes
dificultades de evaluación. Realmente, se propone esta prueba más
frecuentemente puesto que estos niños son clasificados en el grupo
de bebés con alto riesgo de trastorno de audición.
La timpanometría realizada después de la valoración
clínica fue propuesta por Kattan y col. (30), Maroudias y col.
(31), e Iino y col. (33). Su objetivo era el detectar efusión del
oído medio o anomalías de los huesecillos. La timpanometría
fue anormal en el 36 a 56 % de los casos (6, 31), mientras que la audiometría
detectó una pérdida de audición de conducción
en el 46,1 a 50 % de los casos, y una pérdida de audición
de tipo neurosensorial en el 4 a 11,4 %. La timpanometría parece
ser un buen método para explorar las pérdidas auditivas
de conducción en los niños con síndrome de Down,
ya que es rápida y suficientemente sensible. Iino y col. (35) son
los únicos que recomiendan la evaluación mediante tomografía
computerizada, pero este método no permite predecir el umbral de
audición y su único objetivo es detectar anomalías
del oído medio e interno. Hassman y col. (6) intentaron valorar
la eficacia de las “distortion product otoacoustic emissions”
(DPOAE) para evaluar los trastornos audiológicos de los niños
con síndrome de Down. Sus estudios son difíciles de analizar.
En muchos de estos pacientes las anomalías timpanométricas
dificultaron la ejecución de las DPOAE. De hecho, la correlación
entre pérdida auditiva resultados de DPOAE se conocen sólo
en los adultos con síndrome de Down. Dado que estos adultos sufren
de una presbiacusia precoz (17,34), no queda bien definido el valor de
las DPOAE.
La prevalencia de otitis media con acumulación de secreción
está aumentada debido a varias anomalías anatómicas
y funcionales, como son la obstrucción nasal crónica, la
hipertrofia de adenoides y amígdalas, el colapso o cierre de las
trompas de Eustaquio, y la repetición de otitis media agudas. Todo
ello puede llevar a una esclerosis de las celdillas aéreas de la
mastoides (35). El tratamiento de las otitis medias en los niños
con síndrome de Down es objeto actualmente de amplio debate. Debido
a escasa eficacia del tratamiento médico y a la alta tasa de repeticiones
de otitis media, se necesita un seguimiento muy estrecho y un tratamiento
muy agresivo. En algunos puede estar indicada la adenoidectomía,
pero este tratamiento quirúrgico sencillo no carece de problemas,
porque puede provocar insuficiencia del velo del paladar y habla hipernasal
por desequilibrio de los músculos de las vías superiores
(36). La otitis media con secreción o efusión puede requerir
la implantación de los tubitos de ventilación para facilitar
el drenaje. Shott y col. (8) mostraron claramente que la implantación
precoz de tubitos (a partir de los 11 meses en adelante) conseguía
una audición normal en el 98 % de casos con otitis media y efusión.
Sin embargo, la eficacia es de corta duración porque los tubos
se desprenden, como demostraron Iino y col. (33). Y mientras los niños
tengan disfunción del oído medio y de las trompas de Eustaquio,
necesitarán que se les reimplanten los tubitos. Por desgracia,
sabemos que la reimplantación repetida produce sus secuelas como
es la perforación del tímpano (16 %) (31). Puede que la
utilización de tubitos en T a más largo plazo reduzcan la
tasa de estas complicaciones. Sin embargo, recuérdese que los umbrales
de audición con un tubito implantado puede ser más bajo
de lo esperado debido a anomalías de los huesecillos. Más
raras son otras complicaciones como por ejemplo el colesteatoma (35,37).
La etiología de la sordera neurosensorial en los niños con
síndrome de Down no está clara. Incluso si las anomalías
de la cóclea, antes descritas, guardan relación con la intensidad
de la sordera (9), los umbrales no deben exceder los 40-50dBHL (30,31,38).
Si la pérdida de audición es grave (umbral de 70 a 90 dBHL)
o profunda (más de 90 dHBL) hay que buscar otra etiología,
como puede ser una mutación en el gen GJB2 (conexina 26) (38).
En el adulto con síndrome de Down, la sordera neurosensorial es
un rasgo más común debido a la presbiacusia (17,24). El
tratamiento de la sordera neurosensorial en los niños con síndrome
de Down es similar al de los demás niños, es decir, prótesis
acústicas, implantes cocleares y terapia de lenguaje. Pero el médico
debe tener presente que la discapacidad intelectual y los problemas específicos
de lenguaje de estos niños pueden interferir el tratamiento y exigir
un abordaje especial por parte de un logopeda. La buena rehabilitación,
que incluye la combinación de la enseñanza del lenguaje
de signos, ayudará a mejorar el desarrollo lingüístico
de estos niños.
Trastornos del habla
El habla es una función compleja que comprende
los procesos de una audición normal, de la fonación y de
la función del sistema nervioso central. La pérdida auditiva
superior a 15 dBHL afecta al aprendizaje normal, el habla y el desarrollo
cognitivo (23,27,39,40). Incluso si la audición es normal, el habla
y el desarrollo cognitivo están alterados en el síndrome
de Down (v. Chapman) (41). Ya durante el primer año de vida se
aprecia un retraso en el balbuceo. Es menor el número de peticiones
no verbales; las palabras únicas y las combinaciones de dos palabras
aparecen de acuerdo con sus etapas del desarrollo, pero hay una alteración
de la calidad en conjunto del habla expresiva, tanto en lo que se refiere
al vocabulario como a la sintaxis. Como contraste, la comprensión
del lenguaje guarda relación con la etapa del desarrollo, y el
sistema de comunicación es global, utilizando el lenguaje oral
acompañado de gestos (41). En la infancia se detectan deficiencias
en la memoria verbal a corto plazo, lo que limita el desarrollo de la
gramática y la comprensión del significado de las palabras
(42). Se ha propuesto que hay una deficiencia en el bucle audiofonológico
(43) [en relación con los mecanismos de memoria a corto plazo (véase
http://www.down21.org/salud/neurobiologia/aprend_sd_memoria_3.htm)],
lo cual induce a la producción de errores fonológicos y
a una reducción de la inteligibilidad. Lo interesante es que el
nivel de lenguaje comprensivo es superior al que cabría esperar
del nivel de expresión del habla (44,45). En la adolescencia, la
sintaxis y el vocabulario del lenguaje expresivo siguen retrasados con
respecto al lenguaje comprensivo. La inteligibilidad es un factor decisivo
para comprender el habla de las personas con síndrome de Down (46)
y va a depender de su edad y del estado de su audición.
Un estudio realizado por Hamilton en 1993 (47), en el que examinaba las
dificultades del habla de los niños con síndrome de Down
confirmó una hipótesis propuesta en 1976. Mediante el uso
de la electropalatografía, se demostró que tanto el control
muscular de la lengua como la coordinación entre los labios y la
lengua y la planificación de las secuencias motoras estaban alterados
(21,48,49). Todas estas dificultades llevan a la disfasia, disartria,
y problemas de articulación (47).
Los principales rasgos de los trastornos de voz que aparecen en los niños
con síndrome de Down son la bronquedad, la ronquera y la aspereza
(50). A la mayoría les cuesta presentar una voz “cantarina”.
El estudio de los trastornos de voz (disfonías) mediante electromiografía
laríngea combinada con el análisis del perfil computerizado
de voz, realizado por Pryce (50), demostró que se debían
a la fatiga muscular provocada por el excesivo esfuerzo que se necesita
para mover los músculos laríngeos que son hipotónicos.
También la deshidratación puede incrementar la discapacidad
vocal (50).
El tratamiento de los trastornos de comunicación forma parte del
proyecto educativo en el que las personas con síndrome de Down
aprenden a leer, a escribir, a hablar con voz inteligible, a contar el
dinero, con el fin de incrementar su independencia en la vida cotidiana.
Y esta educación ha de iniciarse pronto para tener éxito
(37). La educación temprana del sonido ha de empezar a partir de
los 3 meses, y después habrá de continuar la terapia del
lenguaje hasta la edad adulta. Esta terapia se basa en tres líneas
principales. En primer lugar, la terapia promueve la producción
de sonido, a veces utilizando un sistema de retroalimentación (50).
A continuación, ha de perseguirse la mejoría del movimiento
bucofacial para mejorar la inteligibilidad (47). Por último, han
de enseñarse estrategias que utilicen técnicas y visuales
y gestuales para complementar el lenguaje hablado. De este modo, desde
los 2 hasta los 6 años o más el aprendizaje del lenguaje
de signos mediante técnicas visuales y gestuales puede mejorar
la fluencia del lenguaje y el análisis y reconocimiento globales
de las palabras.
El tratamiento de la alteración auditiva es primordial. El tipo
y gravedad de esta alteración dictará el tipo de aparato
apropiado para desarrollar la comunicación a través del
canal auditivo (37,51). Nótese que el aprendizaje del lenguaje
en las personas con síndrome de Down puede continuar durante la
edad adulta por lo que resulta apropiada la terapia a largo plazo. Por
consiguiente, el detectar los trastornos de comunicación debe ser
una de las principales preocupaciones del médico general porque
su incidencia es alta y porque tiene amplias repercusiones sociales.
Trastornos de la respiración
La incidencia de obstrucción de las vías
respiratorias superiores en los niños con síndrome de Down
es del 14 %. De ellos, el 39,5 % sufre el síndrome de apnea obstructiva
del sueño (AOS) (19), que se caracteriza por hipoventilación
y desaturación de oxígeno durante la noche (19,52). En estos
pacientes, la hipoxia crónica puede provocar hipertensión
de la arteria pulmonar e insuficiencia cardíaca en niños
con cardiopatías congénitas no operadas. La AOS con frecuencia
no llega a diagnosticarse. En un estudio de Marcus (52) se vio que el
68 % de los niños con síndrome de Down tenían AOS
que no se había sospechado clínicamente. Los rasgos clínicos
consisten en una respiración ruidosa, ronquido, sueño alterado,
posición sentada para dormir, somnolencia durante el día,
modificaciones de la conducta. La etiología es la misma que en
la población adulta, pero las causas pueden ser múltiples
en el 38% de los casos (19). La obstrucción de la faringe (por
macroglosia, paladar ojival, micrognatia, hipertrofia amigdalar), los
problemas funcionales (hipotonía del velo del paladar, sequedad
de la mucosa, obesidad) y la obstrucción nasal (por estrechez de
la vía respiratoria nasal, hipertrofia de adenoides, rinosinusitis
con hipersecreción), todas ellas contribuyen a la intensidad de
la AOS.
Hay otras causas de obstrucción de las vías respiratorias
superiores, como son la faringomalacia, la laringomalacia, la traqueobroncomalacia
y la estenosis subglótica (29,53). Pero en contraste con la AOS,
este diagnóstico se suele hacer precozmente (hacia los 30 meses)
(19, 53), especialmente si se acompañan de anomalías cardíacas.
En el estudio de Jacobs y col. (19) realizado sobre 518 pacientes, de
los 71 que padecían obstrucción de las vías respiratorias
superiores el 48 % tenía anomalías laringotraqueales y el
86 % anomalías faríngeas. De ellos, a treinta y nueve se
les practicó endoscopia. En los que presentaban anomalías
laringotraqueales, se apreció lo siguiente el 28 % tenía
laringomalacia, el 59 % traqueobroncomalacia, el 23 % tenía estenosis
subglótica y el 5 % estenosis traqueal. Los principales factores
de riesgo para hacer estenosis subglótica, según Boseley
y col. (2) y de Jong y col. (53), eran el reflujo gastroesofágico
y la repetición de intubaciones. Por desgracia, en este grupo de
pacientes las intubaciones eran frecuentes por la alta incidencia de trastornos
cardíacos y digestivos que exigían cirugía.
El tratamiento de la AOS consiste en la corrección de las diversas
causas que contribuyen a la obstrucción de las vías aéreas.
El oxígeno y la presión positiva continua en la vía
respiratoria son útiles antes de pensar en la cirugía, o
si la cirugía no corrige el cuadro de modo completo o si está
contraindicada. La limpieza profunda de la nariz (insuflación,
ducha nasal) y el tratamiento antibiótico en los períodos
agudos de infección son fundamentales para tratar la obstrucción
nasal. La obstrucción nasal y faríngea puede mejorar con
la adenoidectomía y la adenoamigdalectomía. Estos tratamientos
mejoraron un tercio de los casos (19,52). Sin embargo, la macroglosia
relativa sólo mejoró con la adenoamigdalectomía si
iba asociada con una importante obstrucción nasal (35). Los resultados
de la uvulopalatofaringoplastia son menos evidentes, y la obstrucción
respiratoria alta sólo mejoró en el 25 % de los casos, probablemente
debido a la hipotonía muscular que acompaña. En cambio,
la plicación de las columnas amigdalares al hacer la amigdalectomía
redujo la obstrucción de las vías respiratorias superiores
en todos los pacientes a los que no se les había operado las anomalías
del velo del paladar, según Jacobs y col. (19). En el mismo estudio,
los pacientes a los que se les practicó reducción del tamaño
de la lengua o suspensión lengua-hioides mostraron menos tendencia
a experimentar alivio de sus síntomas (70% de fracasos).
Aunque la laringomalacia puede ser tratada frecuentemente de modo conservador,
la estenosis subglótica requiere a menudo un tratamiento quirúrgico,
lo que supone la laringotraqueoplastia en una única fase, o una
laringotraqueoplastia después de traqueostomía; el 94 %
de los pacientes a los que se practicó cirugía para la estenosis
subglótica requirieron traqueostomía, con su morbilidad
asociada (2). Boseley y col. (2) describieron 16 casos de pacientes con
síndrome de Down con edades entre 2 meses y 11 años a los
que se les practicó expansión laríngea debido a la
estenosis subglótica; el 31 % necesitó más de un
procedimiento para corregir la estenosis, aunque el 71 % fue por fin descanulado.
Esta tasa es similar al resto de la población pediátrica
con estenosis subglótica. Las complicaciones debidas a la cirugía
fueron la infección de las vías respiratorias inferiores
y la recurrencia de la estenosis. Las recurrencias guardaron relación
con la gravedad de la lesión original y el reflujo gastroesofágico
(22). Se ayudó a prevenir las recurrencias en estos niños
mediante el uso de un tubo endotraqueal más pequeño que
el que normalmente se utiliza en niños del mismo peso.
Cuando se tuvieron en cuenta todas las clases de intervención quirúrgica,
la respiración mejoró en el 76 % de los niños y la
hipertensión pulmonar disminuyo en el 97 % (19). Hubo fracasos
cuando la causa de la obstrucción de las vías respiratorias
superiores era multifactorial, con implicaciones estructurales, funcionales
y del sistema inmunitario. Además de las técnicas mencionadas,
Bell y col. (34) propusieron osteotomías para adelantar el bloque
maxilar-mandibular, con el fin de tratar AOS graves que cursan con micrognatia,
en las que habían fracasado otros tratamientos. Se consiguió
descanular en el 50 % sin mayores complicaciones, pero el estudio es sólo
en 8 pacientes.
Trastornos infecciosos
Como se ha analizado anteriormente, existe deficiencia
del sistema inmune en el 2 % de los niños con síndrome de
Down (8), y son por tanto más susceptibles a las infecciones. Las
más frecuentes afectan a la piel, las membranas mucosas, el sistema
digestivo y las vías respiratorias (24). Para evitarlas, es preciso
hacer un examen clínico cada 3 o 4 meses. Si hay deficiencia de
IgG4, se puede administrar inmunoglobulinas por vía intravenosa
para evitar la recurrencia de infecciones bacterianas (24,25).
Parece que son más frecuentes las laringitis con cruz, las bronquiolitis
y las neumonías. Las rinitis y sinusitis crónicas pueden
ocasionar otitis media aguda y crónica. Las infecciones del oído
externo suelen deberse a la estenosis del conducto con obstrucción,
o a una otorrea infectada con Ps. aeruginosa y Staph. aureus meticilina-resistente
en casos de implantación de tubitos (31).
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3.
El
manejo práctico de los trastornos ORL en los niños
con síndrome de Down |
Los trastornos de la audición en los niños con síndrome
de Down son preocupación primordial por su alta prevalencia y por
su importancia dentro de los problemas de la comunicación. La mayoría
de los autores propone hacer un seguimiento de los niños en las
primeras etapas del período neonatal con el fin de mejorar el posterior
aprendizaje y el desarrollo del habla (8, 56). Respaldamos las recomendaciones
hechas por la English National Deaf Children’s Society (57) en relación
con el seguimiento neonatal. Consideran que los bebés con síndrome
de Down deben estar incluidos entre los de alto riesgo, a la hora de establecer
las normas de los programas de seguimiento, al igual que los bebés
prematuros. El análisis de los potenciales evocados es el mejor
método para explorar la audición neonatal por dos razones:
la alta sensibilidad de la técnica, y la pobre experiencia con
otras técnicas como es el DPOAE. El análisis de potenciales
evocados ha de hacerse en el primer mes, preferiblemente con el niño
dormido (tabla 1).
Tabla 1. Recomendaciones de análisis ORL en niños y jóvenes
con síndrome de Down
| Primer mes |
3 meses a 5 años |
5
años a la adultez |
Evaluación de
potenciales evocados auditivos |
Cada 6 meses
- Examen clínico con otoscopio
- Timpanometría
- Audiometría conductual
- Logopedia
|
Cada año:
- Examen clínico con otoscopio
- Timpanometría
- Audiometría conductual
- Logopedia
|
Sin embargo, la sordera puede aparecer más tarde por lo que hay
que mantener un seguimiento. Entre los 3 meses y 5 años se recomienda
realizar exploraciones clínicas cada 6 meses (o menos si es necesario)
con otoscopia, timpanometría y audiometría conductual (56)
(tabla 1). En la evaluación de la audiometría, los resultados
habrán de ser comparados con la etapa del desarrollo del niño,
con la edad cronológica como demostró Flexer y col. (59,60).
Si no se tiene esto en cuenta, habrá una estimación exagerada
de sorderas. Si el niño no quiere cooperar, se hará la exploración
bajo anestesia. Entre los 5 años y la adolescencia, se hará
una exploración completa anual, y la audiometría de tono
puro sustituirá a la conductual, de acuerdo con evaluación
del retraso en el desarrollo (58) (tabla 1). Por último, recuérdese
que puede ser necesario hacer una evaluación genética y
familiar en caso de que haya sordera neurosensorial (38) (tabla 2). El
objetivo de este seguimiento otológico es detectar y tratar con
rapidez las causas de las dificultades de audición, como son los
tapones de cera o las otitis medias con derrame que tan frecuentemente
suelen pasar asintomáticas.
Si se sospecha la obstrucción de vías respiratorias altas
o una AOS, hay que realizar endoscopia de las vías respiratorias
altas (19). La endoscopia, como la intubación, hade hacerse muy
cuidadosamente debido a los riesgos neurológicos ocasionados por
la inestabilidad atlantoaxoidea. Si el niño colabora, en cada ocasión
se explorarán las vías nasales y faríngeas. Si hay
que anestesiar por otra causa, se puede aprovechar para inspeccionar las
vías respiratorias (tabla 2). Los padres han de conocer los riesgos
de la AOS y se ha de hacer una historia cuidadosa para detectar los síntomas.
Tabla 2. Exploraciones adicionales en función de las situaciones
clínicas
| Situación |
Exploración |
Si se programa anestesia
general.
Cualquier síntoma de obstrucción de vías aéreas
superiores
Alteración poco frecuente de las habilidades
motoras.
Caídas, desequilibrio.
Historia familiar de sordera
Sordera neurosensorial grave o profunda
|
Laringoscopia faringolaringotraqueal
bajo anestesia.
Exploración vestibular y del equilibrio.
Evaluación genética
|
Por último, todo niño con síndrome de Down se beneficiará
de un análisis logopédico para evaluar y tratar los retrasos
en el habla y los defectos de fonación y articulación (37).
Si se realiza la evaluación de forma precoz, el tratamiento ya
dependerá de las habilidades de desarrollo del niño y de
su capacidad de cooperación. El tratamiento precoz desde los primeros
meses –por ejemplo, en los programas de atención temprana–
permitirá mejorar las habilidades de aprendizaje del lenguaje (tabla
1). Padres y maestros han de formar parte del proyecto educativo, y han
de ser conscientes de que el uso de prótesis y otras técnicas
de apoyo pueden mejorar la capacidad auditiva de los niños, y eso
influirá sobre la adquisición del lenguaje (51). Se vigilará
la utilización de estos instrumentos de apoyo para evitar que se
estropeen. El lenguaje de signos puede ser una buena ayuda si el lenguaje
hablado es pobre, con el fin de alcanzar la mejor comunicación.
Curiosamente, no hay informes sobre los posibles trastornos de equilibrio
en los niños con síndrome de Down, por lo que no podemos
dar datos. Suelen tener retrasos motores y dificultades en las habilidades
de motor fino, y es posible que detrás de ello estén los
trastornos de equilibrio. Podríamos pensar que los trastornos de
equilibrio están infradiagnosticados, y que contribuyen a los problemas
de la habilidad motórica. Proponemos explorar a estos niños
mediante técnicas de videosintagmografía y posturografía
(tabla 2), primero para definir la prevalencia de estos posibles trastornos
y después para mejorar la rehabilitación motora.
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En el pasado, la deficiencia mental era el único
rasgo que caracterizaba a las personas con síndrome de Down, las
hacía dependientes de otras personas y las mantenía en los
márgenes de la sociedad. Desde entonces, los esfuerzos tremendos
realizados por las familias, los maestros y por las mismas personas con
síndrome de Down han conseguido que la integración social
sea mucho más alcanzable. Los niños con síndrome
de Down tienen necesidades sanitarias específicas que deben ser
especificadas para ayudarles en sus problemas concretos de audición,
comunicación y respiración. Los papeles de los especialistas
ORL, audiólogos, pediatras, obstetras, genetistas, médicos
generales logopedas y profesores especializados consisten en prevenir,
buscar y tratar estos problemas. Este manejo multidisciplinar requiere
que cada miembro del equipo conozca bien los trastornos ORL propios del
síndrome de Down. Estas personas ahora viven hasta edades mucho
más avanzadas que en el pasado y la mayoría de ellas ansía
alcanzar su potencial máximo. Esto se puede conseguir mejorando
su calidad de vida y aumentando su autonomía e integración
social, y en parte eso se obtiene mediante el tratamiento adecuado de
sus problemas ORL.
No es posible actualmente hacer un diagnóstico pre-concepción
para reducir la aparición del síndrome de Down; por eso
el esfuerzo actual va dirigido al diagnóstico prenatal. Aunque
no podemos curar a los niños de su anomalía cromosómica,
podemos aliviar muchos de sus problemas ORL si los diagnosticamos tempranamente.
Las recomendaciones que damos en esta revisión ayudarán,
esperamos, a los profesionales sanitarios a determinar un plan-guía
para el manejo de los trastornos del niño con síndrome de
Down en su práctica diaria.
El presente trabajo ha
sido traducido para su publicación en Canal Down21 con la autorización
de Wetsminster Publications. El trabajo original ENT and Speech Disorders
in Children with Down Syndrome: an Overview of Pathophysiology, Clinical
Features, Treatments, and Current Management fue publicado en Clinical
Pediatrics 43(9): 783- 791, 2004.
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El presente trabajo ha
sido traducido para su publicación en Canal Down21
con la autorización de Wetsminster Publications. El trabajo original
ENT and Speech Disorders in Children with Down Syndrome: an Overview of
Pathophysiology, Clinical Features, Treatments, and Current Management
fue publicado en Clinical Pediatrics 43(9): 783-791, 2004.
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