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Es frecuente que, a partir del primer año de vida, las personas
con síndrome de Down muestren un sueño alterado: interrupciones
por despertares más o menos bruscos, a veces levantándose
y paseándose despiertos por la casa, movimientos del cuerpo
que les hacen cambiar de posturas o incluso caerse de la cuna o
de la cama, posiciones raras (sentados, con las piernas dobladas
y la barbilla sobre las rodillas), ronquidos de intensidad variable,
pausas respiratorias de longitud variable que puede llegar a ser
de más de un minuto. Puede que algunas de estas irregularidades
en el dormir a veces carezcan de trascendencia, aunque no dejan
de resultar molestas para el interesado o para sus padres y familiares
por la atención que les obligan a prestar o porque interfieren
con su propio sueño. Pero con frecuencia pueden significar,
como mínimo, que la persona no descansa bien y lo suficiente
como para rendir bien al día siguiente. Y esto tiene mayor
trascendencia por cuanto se trata de personas cuyas habilidades
psicocognitivas (atención, motivación) tienen un nivel
más bajo y exigen de ellas un mayor esfuerzo. Otras veces
traduce un problema subyacente como puede ser una estrechez de las
vías respiratorias desde las fosas nasales hasta la tráquea
o los bronquios. Otras veces el problema se convierte en una fuente
de complicaciones, como puede ser el caso de la apnea obstructiva.
Antes de describir la patología del sueño en el síndrome
de Down, conviene explicar algunos conceptos elementales sobre el
sueño normal.
EL SUEÑO NORMAL Y SUS ETAPAS O FASES
El sueño se define como un estado de disminución
de la conciencia, fácilmente reversible, con reducción
de la actividad motora y de la capacidad de respuesta al medio ambiente.
Pero el sueño no es una situación pasiva en la que
el cerebro deja de tener actividad; por el contrario, es un proceso
activo que se caracteriza por la sucesión cíclica
de diferentes fenómenos, unos visibles (p. ej., movimientos)
y otros detectables mediante sistemas de registro (p. ej., las ondas
electroencefalográficas o EEG del cerebro).
A lo largo del período del sueño se suceden varias
etapas o fases. Se diferencian dos grandes formas de actividad
hipnótica:
a) El sueño de ondas EEG lentas, también llamado
sueño lento o sueño no-REM, que ocupa el 75% del
sueño nocturno
b) El sueño de ondas EEG rápidas, también
llamado sueño rápido o sueño REM, que ocupa
el 25% de la noche.
El término REM es un acrónimo obtenido de palabras
inglesas: Rapid Eye Movement. Se refiere a que en esa fase de
sueño existen movimientos rápidos de los globos
oculares.
A partir del estado de vigilia el sujeto entra en un estado de
sopor creciente que se caracteriza por un enlentecimiento progresivo
de las ondas EEG hasta llegar a un sueño profundo con predominio
de ondas EEG muy lentas y amplias. Esta etapa se divide en 4 fases.
Conforme se progresa en la profundidad del sueño, el tono
muscular se hace más relajado aunque siempre se conserva
algo, disminuyen la frecuencia cardíaca y la presión
arterial, la respiración se hace más lenta, profunda
y rítmica. Pasada alrededor de hora y media, la actividad
cambia bruscamente. Las ondas EEG se hacen más rápidas
y pequeñas, como si el sujeto se despertara, pero por contrario,
el sueño es aún más profundo. El tono muscular
desciende bruscamente, el sistema vegetativo muestra bruscos cambios
con modificaciones irregulares de la frecuencia cardíaca
y de la presión arterial, el ritmo respiratorio se hace irregular
y aparecen fenómenos de erección en el varón.
Los globos oculares realizan movimientos irregulares. Aunque los
sueños pueden aparecer en ambas fases, los de la fase REM
tienen con mayor frecuencia la tonalidad de pesadilla.
Conforme avanza la noche, se van alternando las fases no-REM y
REM; las fases no-REM van siendo más cortas y no alcanzan
la profundidad de la primera, y las fases REM se prolongan. La repercusión
de estas fases en el equilibrio psicofísico de la persona
es grande y se resume en el “sentirse descansado después
de un buen sueño; por el contrario, las alteraciones originadas
en las fases del sueño (interrupciones, despertares, etc.)
origina situaciones de cansancio e irritabilidad que se manifiestan
al día siguiente.
PROBLEMAS DEL SUEÑO EN LAS PERSONAS
CON SÍNDROME DE DOWN
Como se ha expuesto al principio, los problemas pueden ser variados
por su forma y por la trascendencia de sus consecuencias. A efectos
prácticos, los dividiremos en a) problemas en los que la
respiración no está directamente comprometida, y b)
problemas en los que la respiración está comprometida.
Problemas de sueño sin compromiso respiratorio
Muchos niños pequeños que no tienen síndrome
de Down pasan por fases con dificultades de sueño: tardan
en dormirse o se resisten a ir a la cama, se despiertan bruscamente
y se tiran de la cama, tiene miedos a la oscuridad o pesadillas,
desean dormir con sus padres o hermanos y utilizan todo tipo de
trucos y de tácticas para conseguirlo. Son problemas de maduración
cerebral y psicológica. Hay manuales muy prácticos
(p. ej., la serie del Dr. Estivill) que abordan estas situaciones
y el modo de solucionarlas. En el caso del síndrome de Down,
estos problemas pueden ser más acusados, prolongarse más
tiempo porque el proceso de maduración es más lento,
pero los principios de intervención son similares a los utilizados
para los otros niños. Si se prolongan estas situaciones,
hay que analizar si pueden ser fuente de problemas de conducta durante
el día por falta de sueño reparador: somnolencia,
irritabilidad, pérdida de atención, de concentración
o de control emocional. El dormir en posturas aparentemente extrañas
puede indicar la presencia de trastornos de respiración que
serán explicados más adelante.
Un aspecto que hay que considerar es la función de lo que
llamamos “rutinas” o “comportamientos fijos”,
que suelen ser tan acusados en las personas con síndrome
de Down. Con frecuencia desarrollan una especie de “ritos”
para irse a la cama y necesitan un determinado ambiente; si se lo
cambian, pueden tener dificultades para iniciar el sueño.
O si alrededor hay un ambiente ruidoso. Algunos tienen sueño
ligero, y basta que haya ruidos en la casa porque entran o salen
otros miembros de la familia o grupo para que se despierten y les
cueste volver a coger el sueño.
Aun sin estos problemas, podemos ver también los adultos
un sueño intranquilo y fragmentado cuyas causas desconocemos.
Problemas de sueño con compromiso respiratorio
Son los problemas asociados a una mala o defectuosa respiración
durante el sueño. Van desde situaciones de respiración
disminuida en mayor o menor grado, a situaciones en las que hay
paradas de la respiración de diversa duración: las
apneas obstructivas del sueño que exigen una
reparación. Aunque todas ellas se pueden dar en cualquier
tipo de personas, las que tienen síndrome de Down tienen
un riesgo mayor. Por eso las vamos a explicar con detenimiento.
¿Por qué las personas con síndrome
de Down tienen mayor riesgo?
Para responder a esta pregunta es preciso conocer las características
de las vías respiratorias en el síndrome de Down.
Una de las particularidades más notorias del síndrome
de Down es el menor desarrollo de la zona central del macizo óseo
facial (hipoplasia), que incluye la estrechez de las fosas nasales,
la estrechez de la bóveda del paladar y la hipoplasia de
las mandíbulas. Esto hace que las vías respiratorias
superiores sean más pequeñas. A ello se suman: la
aparición frecuente de infecciones de las vías respiratorias
que hacen crecer las amígdalas y el tejido linfoide (adenoides)
en la faringe, el tamaño de la lengua que es mayor para la
capacidad de de la caja en donde se aloja (la boca), su hipotonía
que la hace caer hacia atrás cuando se está echado
boca arriba, y la presencia de secreciones. Todos estos factores
reducen el tamaño de la entrada de la faringe por donde ha
de circular el aire de la respiración, llegando a situaciones
de colapso o auténtica obstrucción: el aire no pasa
a pesar del esfuerzo por respirar. A veces hay también anomalías
en segmentos más bajos de las vías respiratorias:
estenosis subglótica o traqueal, y puede haber también
alteraciones del tejido pulmonar, bien primarias o secundarias a
infecciones repetidas o a cardiopatías congénitas,
de alta prevalencia en los niños con síndrome de Down.
EL DIAGNÓSTICO Y MÉTODOS DE EVALUACIÓN
Como consecuencia de todo ello, durante el sueño y muy especialmente
en las fases de sueño REM, aparecen los episodios de obstrucción
respiratoria en los que el sujeto trata de inspirar el aire incluso
con esfuerzo pero no lo consigue: hay parada respiratoria. En ocasiones
el cierre no es absoluto sino parcial, no hay apnea sino hipopnea
y se aprecia el ruido del aire que pasa por un conducto parcialmente
obstruido: el ronquido. Frecuentemente el individuo se despierta
durante estos episodios o al menos moviliza parte de la estructura
faríngea para abrir la obstrucción, pero el sueño
queda interrumpido. Las consecuencias son de diverso carácter.
Lógicamente, durante estos episodios el contenido de oxígeno
en la sangre disminuye y el de anhídrido carbónico
aumenta, lo que facilita el desarrollo de hipertensión pulmonar,
y más todavía si se da en niños con cardiopatía
no operada o parcialmente reparada. El dormir inquieto, el adoptar
posturas o posiciones más o menos extrañas o incómodas,
los despertares frecuentes, el hacerse pis en la cama (enuresis)
hacen que el sueño sea inconstante, fragmentado y poco reparador.
Ello puede influir en un peor crecimiento de peso y talla, en la
aparición de problemas de conducta y en dificultades para
el aprendizaje porque durante el día los individuos están
más decaídos, menos atentos, más torpes para
aprender o para trabajar.
Según la Dra. Shott, la obstrucción respiratoria
de mayor o menor grado relacionada con el sueño en los niños
con síndrome de Down es enormemente frecuente, y en algunas
estadísticas llega al 100%. Ciertamente parece ser muy superior
a lo que sospechan los padres, quienes ven la intranquilidad del
sueño de sus hijos como algo propio del síndrome de
Down, y no como consecuencia de una obstrucción respiratoria.
Resulta necesario, por tanto, recurrir a pruebas diagnósticas
que empiezan por la historia clínica (cómo duerme,
qué ocurre y qué hace mientras duerme, ronquidos,
despertares, cambios en comportamiento o actividad durante el día),
exploraciones clínicas, en especial de la boca, faringe,
fosas nasales, adenoides, amígdalas (incluyen análisis
radiográficos).
El diagnóstico definitivo lo da el estudio polisomnográfico.
Se realiza durante el sueño y consiste en el registro continuo
de ondas EEG, constantes vitales, movimientos respiratorios y análisis
por métodos no invasivos de los gases (anhídrido carbónico
y oxígeno). Lo ideal es hacerlo en un gabinete bien equipado
y con personal adecuado. Es posible que exija pasar más de
una noche, pues la primera puede resultar muy novedosa para el niño
y alterar su ciclo de sueño. Así es como se identifican
las hipopneas obstructivas y las apneas y se establece el grado
o intensidad tanto de los episodios obstructivos como de las modificaciones
que originan en toda la arquitectura del sueño nocturno (número
de despertares, porcentaje total de sueño no-REM y REM).
El periodo de apnea puede durar desde varios segundos hasta de más
de un minuto.
TRATAMIENTO
La obstrucción de las vías respiratorias puede ser
tratada por métodos médicos y quirúrgicos.
Puede aplicarse un spray de solución salina a las fosas nasales
para mantenerlas limpias, y eso con frecuencia basta para mejorar
dramáticamente el paso del aire, especialmente en los niños
muy pequeños. Las exploraciones de la garganta dirán
en qué grado la causa de la apnea obstructiva puede estar
en la presencia de adenoides y unas amígdalas grandes. Si
es así, algo muy frecuente en los niños con síndrome
de Down, habrá que recurrir a su extirpación por métodos
quirúrgicos. Pero si bien la extracción suele ser
definitivamente eficaz en los niños sin síndrome de
Down, más de un 50% de los que lo tienen pueden seguir mostrando
obstrucción a pesar de la extirpación quirúrgica.
Y esto se debe a que en estos niños, como hemos explicado
anteriormente, hay otros varios factores (aparte de las amígdalas
y los adenoides) que contribuyen a obstruir el paso del aire: nuevas
adenoides, caída de la lengua, paladar blando largo y caído,
hipertrofia del tejido amigdalar lingual, colapso hipofaríngeo
(Shott y Donnelly, 2004). De ahí que, tras la extirpación
de amígdalas, se recomienda realizar un estudio polisomnográfico.
Y si éste muestra que persisten los periodos obstructivos,
hay que seguir explorando por si hay otros puntos de obstrucción,
o recurrir a otras medidas terapéuticas como son las máscaras
CPAP y BiPAP (ver más adelante).
La exploración más avanzada de las vías respiratorias
se consigue con técnicas tales como la endoscopia flexible,
la videofluoroscopia durante el sueño, la cine tomografía
computerizada (cine CT), y la cine-resonancia magnética o
cine MRI durante el sueño que requiere sedar al niño
o incluso someterlo a una suave anestesia durante el sueño.
En manos del grupo de la Dra. Shott, esta última técnica
es la más eficaz para explorar múltiples niveles de
las vías respiratorias, con examen dinámico de nasofaringe,
orofaringe e hipofaringe. El resultado de la exploración
indicará si el posterior tratamiento ha de ser quirúrgico,
dirigido a suprimir la causa de la obstrucción, o médico.
Si existe una obstrucción nasofaríngea debida a una
reaparición de adenoides, habrá que quitarlas de nuevo.
Si la obstrucción se debe a que el paladar blando es largo
y durante el sueño se cae hacia la parte posterior de la
garganta y obstruye, se realizará una resección parcial
de ese paladar. Si hay macroglosia y glosoptosis, existen varias
técnicas quirúrgicas para evitar que la lengua tape
el paso del aire, que habrá de ponderar. El colapso hipofaríngeo
es difícil de solucionar. Si es la mandíbula inferior
la que se encuentra desplazada hacia atrás, existen mecanismos
para conseguir adelantarla.
Las máscaras CPAP y BiPAP
Constituyen el método terapéutico más recurrido
y ventajoso, utilizado también en personas mayores. Consiste
en la aplicación durante la noche de una máscara facial
conectada a un sistema que proporciona aire con presión positiva.
Este aire a presión mantiene abiertas las vías respiratorias
a lo largo del ciclo. Hay dos modalidades: una es de presión
constante y continua (CPAP) y otra es de presión balanceada
o equilibrada (BiPAP), con presión más positiva durante
la fase de entrada de aire (inspiración) y menos durante
la fase de salida del aire (espiración). La aplicación
de esta máscara a niños, jóvenes o adultos
con síndrome de Down puede requerir una etapa de aprendizaje
y acostumbramiento que es algo más costosa que en el resto
de la población; pero en conjunto se consigue y los testimonios
y resultados están siendo muy positivos.
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