Una de las formas
de terapia especial que durante muchos años se ha venido
ofreciendo a los padres para que la aplicaran a sus hijos recién
nacidos con síndrome de Down, fue la celuloterapia o terapia
con células (sicca cells, en términos ingleses). Hemos
podido comprobar que todavía se sigue proponiendo y utilizando,
por lo que resulta necesario exponer sus características
y las opiniones de los expertos y de las autoridades sanitarias.
Definición

La celuloterapia
o terapia con células consiste en la inyección intramuscular
o subcutánea de una suspensión (una especie de solución)
de células obtenidas de diversos órganos de animales
jóvenes o en fase todavía embrionaria o fetal. En
general se utilizan fetos de cordero en las últimas fases
de desarrollo intrauterino, o bien órganos de animales jóvenes,
preferiblemente cordero, cerdo o ternera.
Esta forma
de terapia fue inicialmente introducida por el médico suizo
Paul Niehans, nacido en 1882 y muerto en 1971. Posteriormente fue
difundida por el médico alemán F. Schmid.
Principios
de la celuloterapia

La celuloterapia
se utiliza en dos formas:
1. Células frescas. Con esta técnica la suspensión
de células es transferida directamente del cuerpo animal
al cuerpo humano, sin que previamente se haya realizado ninguna
transformación, purificación o desinfección
ya que, de acuerdo con los proponentes de la técnica, cualquier
tratamiento de la suspensión podría provocar rotura
de las células (autolisis) y modificar o suprimir su eficacia.
Este procedimiento es peligroso porque puede provocar infecciones
bacterianas, virásicas o animales, o incluso seria toxicidad
debida a la introducción de sustancias producidas por la
desintegración de la suspensión celular.
2. Células
secas. Las células obtenidas de los animales vivos son
sometidas a un proceso de liofilización para reducir el riesgo
de contaminación. De esta manera las células sufren
un proceso intenso de desecación y deshidratación.
De ahí proviene el término de células sicca
(secas). En la actualidad la mayoría de los terapeutas con
células utilizan células secas.
Se utilizan
células de tejido embrionario porque sus defensores dicen
que tienen ciertas propiedades especiales:
| |
a)
poseen una actividad enzimática y bioquímica
favorable que no se aprecia en células más maduras;
b)
ejercen funciones biológicas especiales;
c)
tienen menos actividad antigénica que las células
adultas. |
Pero ninguna
de estas afirmaciones se basan en datos científicos correctos
y aceptables.
En cuanto a
su modo de acción, afirman que un órgano enfermo ha
de ser curado mediante células de otro órgano sano
que sea equivalente. Un riñón enfermo se cura con
células de otro riñón sano; y un cerebro enfermo
se trata con células cerebrales sanas, y así sucesivamente.
El propio Dr. Niehans sugería que podría haber tres
posibles mecanismos de actuación de la celuloterapia:
1. Las células
inyectadas se dirigen hacia el órgano enfermo equivalente
y se adhieren a él, movidas por una atracción especial
y específica.
2. Las células
inyectadas permanecen en el sitio de inyección pero influyen
desde allí sobre el órgano enfermo.
3. Las células
son descompuestas en el sitio de inyección, pero sus elementos
constituyentes se utilizan como elementos de elaboración
mediante los cuales se puede reparar el órgano enfermo.
Los efectos
descritos por los defensores de la celuloterapia son presentados
como admirables. Hablan de: mejoría general del metabolismo
intracelular del control enzimático de diversos órganos;
capacidad de influir sobre todos los procesos inmunológicos
y microbiológicos que ocurran en el organismo; un
efecto beneficioso generalizado sobre cuerpo y mente. En resumen,
se pretende que la celuloterapia sirva como tratamiento excelente
para la mayoría de los padecimientos y enfermedades. En consecuencia,
las indicaciones para la prescripción de la celuloterapia
son ilimitadas y se convierte en la terapéutica más
recomendable para cualquier enfermedad crónica o subaguda.
Se afirma que,
tras la aplicación de las células, existe un proceso
que se desarrolla en tres fases:
| |
a) Fase
de reabsorción: la inyección es reabsorbida,
el contenido es descompuesto en sus productos, los cuales
producen una mejoría instantánea de los síntomas
y de la vitalidad del paciente. Esta fase dura entre unas
horas y un día.
b) Fase
de reacción: dura de 11 a 14 días. Cuanto mayor
sea la necesidad del organismo por disponer de células
sanas, menor será la sensación de malestar que
el paciente suele sentir durante esta fase.
c) Fase
de regeneración: aparece entre 3 y 4 semanas después
de la inyección y dura 4-6 meses. En esta fase se aprecia
una mejora de la vitalidad, del bienestar general, buen apetito,
mejora de la capacidad mental, mejora la inspiración,
aumenta el aporte de oxígeno al cerebro. |
La
celuloterapia en el síndrome de Down

El tratamiento
con células para el síndrome de Down consiste en una
serie de inyecciones básicas de suspensiones celulares que
se administran a partir de 12 partes diferentes del cerebro fetal
del animal, como por ejemplo el telencéfalo, mesencéfalo,
tálamo, etc., mezcladas en unas determinadas proporciones.
Las inyecciones se administran cada 5-6 meses hasta la edad adulta.
Se afirma que
en el síndrome de Down hay otros órganos afectados,
además del cerebro, a causa de un defecto metabólico
existente en la superficie de las células, y que el síndrome
de Down no se debe a la presencia de un cromosoma anormal sino que,
más bien, ese cromosoma supernumerario es uno más
de los síntomas de la enfermedad, y que incluso podría
ser reparado. Por eso se recomienda que se apliquen tratamientos
complementarios con suspensiones células provenientes de
otros órganos.
Así,
los objetivos de la celuloterapia son:
| |
1)
Mejorar la función endocrina.
2)
Supervisión y eficiencia del cerebro dañado.
3)
Fortalecimiento del tejido conjuntivo.
4)
Fortalecimiento de la resistencia a los antígenos. |
En algunos programas
se añaden entrenamiento pedagógico, asesoramiento
en el campo de la nutrición, fisioterapia, logopedia y apoyo
social.
Resultados
propuestos

Los defensores
de esta terapia y el fabricante (en Frankfurt/Main, Alemania) han
publicado extensamente y de forma repetida los resultados en el
síndrome de Down. Se basan casi exclusivamente en informes
subjetivos de médicos sin ningún razonamiento científico
o explicaciones fisiológicas científicamente aceptables.
Afirman que las inyecciones de células en el organismo
produjo resultados espectaculares, o que incrementaron
el tono muscular del intestino delgado y del sigmoides, o
que aumentaron el poder respiratorio de la aorta.
En un trabajo
se anotaron 200 signos y síntomas en personas con síndrome
de Down. La celuloterapia se administró a 4000 niños
con síndrome de Down de 23 países diferentes y los
resultados fueron descritos como simplemente espectaculares.
Un tercio de los 200 síntomas desaparecieron en cuanto se
inyectó el producto, otro tercio mejoró sustancialmente,
y otro terció no se modificó. La conclusión
era que tantos como 130 de los síntomas propios del síndrome
de Down respondían al tratamiento.
Los médicos
que describen los efectos de la celuloterapia afirman que la suspensión
de células se dirige al cerebro y que, una vez allí,
mejora la apariencia externa de los niños, hace que crezca
el cráneo y aumenta el volumen del cerebro. Además
se afirma que aumenta el coeficiente intelectual y mejora la habilidad
psicomotora. Mejora también la situación inmunológica,
la sociabilidad y la memoria, y reduce el índice de enfermedades
y la probabilidad de muerte de estas personas. Nunca se han dado
datos científicos que prueben estas afirmaciones.
En un intento
de defenderse contra las críticas y acusaciones que se hacían
contra él y sus métodos, el Dr. Schmid publicó
en 1981 un artículo pseudo-científico en el que presenta
los gráficos de crecimiento del cráneo de 12 chicos
y 12 chicas con síndrome de Down para reforzar sus afirmaciones
sobre los efectos beneficiosos de la celuloterapia. Como con los
demás trabajos, el artículo carece de método
científico. Aun suponiendo que las curvas fueran reales,
cabe preguntarse qué sucedió en los otros 4.000 niños
tratados por Schmid, y por qué no se comparó con un
grupo control. Aun aceptando afirmaciones que no ha sido capaz de
demostrar, seguimos sin tener un grupo de comparación para
poder establecer la eficacia del método. Y no olvidemos que,
en el caso del síndrome de Down, el método propone
la aplicación de terapias ocupacionales, de lenguaje, fisioterapia,
ejercicios físicos. Así que siempre cabe preguntarse
si la mejoría que se observa es debida a estas terapias complementarias
y no a las células. De ahí la importancia de recurrir
a grupos de comparación.
Reacciones
adversas

Según
los defensores del método, casi no hay efectos secundarios
o son leves, como el enrojecimiento en el sitio de la inyección,
picor, letargia, cierto aumento de la temperatura (0,5 a 1 ºC
durante 1-2 días). Afirman que nunca ha habido una reacción
anafiláctica porque al tener las células embrionarias
poca antigenicidad, no provocan reacción de anticuerpos ni
reacciones alérgicas. Si aparecieran anticuerpos, desaparecerían
en pocos meses. Por eso su recomendación es que se inyecte
la suspensión cada 5-6 meses. Y afirman que si hay un shock
anafiláctico, la culpa no es de la inyección sino
del paciente que no informó de sus antecedentes.
El
estado real de la celuloterapia

El tratamiento
con células secas exige transplantar de manera repetida células
heterólogas (de un ser vivo no humano) obtenidas de los animales.
Los científicos y los inmunólogos saben muy bien que
el cuerpo humano desarrollará antes o después unas
reacciones inmunológicas frente a estas células extrañas,
en forma de fenómenos alérgicos o inmunológicos.
Todos los informes publicados desde 1950 se callan sobre este punto
o señalan su inexistencia.
Pese a los ingentes
avances realizados en este campo, nada nuevo ha aparecido en los
trabajos sobre celuloterapia, los cuales se limitan a informar en
publicaciones poco exigentes, o en forma de folletos o catálogos
por la Compañía que sintetiza el producto, y casi
nunca en revistas médicas aceptables. Hemos revisado docenas
de artículos, y todos ellos se caracterizan por lo siguiente:
| |
1.
Sus afirmaciones son copiadas de uno a otro y presentan idénticas
formas. Todos los informes se basan en observaciones e impresiones
subjetivas de los médicos prescriptores o de los mismos
pacientes. La inmensa mayoría de los trabajos no aparecen
en revistas serias y aceptadas por la comunidad científica
sino en una que se llama Cytobiological Reviews
cuyo director y editor es el propio Dr. Schmid.
2. No
aporta ninguna novedad teórica o práctica, pese
a las decenas de años que lleva practicándose,
durante los cuales se ha avanzado extraordinariamente en el
campo de la inmunología.
3. No
se ha hecho ni un solo estudio o proyecto de investigación
que tenga en cuenta el método científico.
4. Las
explicaciones que muchos de estos trabajos aducen carecen
de base científica o están llenos de errores
científicos.
5. Pretenden
que la celuloterapia no produce efectos secundarios importantes,
pero no aportan resultados científicos sobre sus más
de 5 millones de inyecciones. |
Efectos
secundarios de la celuloterapia

Lo cierto es
que se han observado algunas consecuencias de la celuloterapia.
En ocasiones se trata de graves reacciones alérgicas que
pueden incluso llegar a ser mortales en forma de shock anafiláctico;
a veces las reacciones toman la forma de gangrena, abscesos en el
sitio de inyección, trombosis coronaria, pielonefritis, encefalitis
y otras. Ya en 1958 un informe de Viena describió que las
inyecciones repetidas de tejido nervioso homólogo o heterólogo
puede ocasionar reacciones inmunológicas en forma de desmielinización
encefalítica, que se manifiesta como una enfermedad neurológica.
La inyección repetida de células secas en animales
origina desmielinización; que la liofilización no
elimina la antigenicidad de las células, la cual permanece
incluso después de ser fijadas con formaldehido, o de ser
hervidas, o de ser radiadas con luz ultravioleta. En ese informe
se describió el caso de un varón que recibió
tratamiento durante 18 meses, desarrolló encefalitis y murió
a los 6 meses de iniciarse los síntomas. Los autores previnieron
expresamente contra la administración de células de
tejido nervioso.
Es bien conocida
la alta incidencia de enfermedades infecciosas en las personas con
síndrome de Down, debido en parte a su moderada incompetencia
inmunológica. Se hace difícil, por no decir imposible,
establecer, sin que haya unos buenos estudios epidemiológicos
controlados, si en aquellos niños que fueron tratados con
células y desarrollaron enfermedades y murieron, la causa
pudo ser la evolución natural o del niño o si la causa
estuvo en la propia celuloterapia. Este es un punto crucial que
clama por la necesidad de establecer obligados controles de comparación
en cualquier trabajo, y mientras no se haga no hay modo de saber
hasta qué punto la celuloterapia no contribuye a la morbilidad
y mortalidad de los niños con síndrome de Down, por
causa de las infecciones. Carecemos de seguimientos. No hay datos,
pero sí sabemos que ya en 1955, una encuesta pequeña
e incompleta obtenida en 179 sanatorios alemanes mostraba 80 complicaciones
graves con 30 muertes.
Sabemos de
un niño de 7 meses con síndrome de Down en Israel,
totalmente sano, que al día siguiente de recibir la celuloterapia
en Alemania con células de varios órganos incluido
el cerebro, desarrolló urticaria en todo el cuerpo y a la
semana tuvo convulsiones; probablemente desarrolló una encefalopatía.
Y es que, de
acuerdo con nuestros conocimientos actuales, las inyecciones sucesivas
de células de animales a seres humanos pueden provocar reacciones
inmunológicas muy graves, unas veces a corto y otras a largo
plazo, respuestas de tipo autoinmune e incluso procesos cancerosos
que pueden aparecer años después de terminado el tratamiento.
Investigaciones
y comisiones

Ningún
trabajo bien controlado ha demostrado ningún efecto beneficioso
por parte de la celuloterapia en personas con síndrome de
Down. La Academia Alemana de Pediatría, después de
un análisis exhaustivo y público, declaró en
1975 su sorpresa por la falta de rigor científico de los
datos aportados por los defensores de esta técnica, destacó
la falta de pruebas y de controles con los que hasta entonces se
habían hecho los trabajos.
Dos comisiones
independientes de neuropediatras, de Berna y de Zurich llegaron
a la misma conclusión. El Gobierno de Estados Unidos, a través
de la FDA, prohibió la utilización de las suspensiones
de células, a la vista de la pobreza de datos que los proponentes
de la técnica aportaban. En 1979 y en 1982, dos comisiones
de Israel llegaron a la conclusión, tras un exhaustivo análisis
de la información aportada, que de que la celuloterapia no
sólo era inútil sino potencialmente peligrosa. Noruega
prohibió su importación y la Administración
alemana retiró la licencia de producción de estos
preparados de células.
Tratar de equiparar,
como algunos proponen, la celuloterapia con las formas de trasplante
que hoy se realizan es ridículo. Primero, porque previamente
se hacen pruebas de histocompatibilidad, que con la celuloterapia
no se realizan. Segundo porque en los trasplantes se realiza inmunocontrol.
Tercero, porque todas las pruebas de trasplante están perfectamente
documentadas. Nada de esto se hace en el caso de la celuloterapia.
Es falso que
la técnica aporte enzimas o factores celulares que promueven
el crecimiento del cerebro. Ni la barrera hematoencefálica
ni el sistema de células secas permite que lleguen al cerebro
en adecuadas condiciones. Nadie ha podido probar que mejore el desarrollo
cerebral ni que exista un aumento del desarrollo cognitivo de los
niños con síndrome de Down, como se deduce de los
resultados negativos de investigadores que han analizado a fondo
y con buen método científico los efectos de la celuloterapia:
Black en Canadá (1966), Bardon en Inglaterra (1964), Bremer
(1976) y Schulz (1976) en Alemania, Van Dyke en Estados Unidos (1990).
Conclusión

La celuloterapia
o terapia con células secas da falsas esperanzas a los padres
de los niños con síndrome de Down porque promete lo
que jamás ha podido conseguir. Además, les proporciona
una falsa información sobre la auténtica realidad
de la condición de su hijo, hace gastar tiempo y dinero de
manera innecesaria y peligrosa porque ambos deben utilizarse en
formas de terapia mucho más segura y confirmada. La celuloterapia
debe ser considerada como un auténtico fraude.
Canal
Down21
Nota: El
presente documento ha sido realizado a partir del informe publicado
por S. Levin en la Revista Down Syndrome: Papers and Abstracts
For Professionals, (vol. 13, Nº 1, enero de 1990), y
del artículo de Van Dyke y col. publicado en Pediatrics
(vol. 85, Nº 1, enero de 1990).
volver
|