Tanto en Internet como en la prensa no
especializada, aparecen con inusitada frecuencia y gran despliegue
informativo noticias y datos que intentan destacar los beneficios
que la administración de determinados suplementos nutritivos
produce para la salud y la energía vital de las personas
con síndrome de Down, incluida la mejoría de sus cualidades
intelectuales. Estas informaciones suelen dejar confundidos y perplejos
a los profesionales sanitarios, porque no aparecen en sus publicaciones
científicas y médicas. En cuanto a los padres y familiares
de las personas con síndrome de Down, se sienten muy vulnerables
frente a la presión externa de los medios de comunicación,
y gastan abundante dinero en adquirir los medicamentos que contienen
fórmulas con tales suplementos, a pesar de que no se ha podido
demostrar todavía sus pretendidos beneficios.
Ya en la década de 1960 apareció
en Estados Unidos la fórmula del Dr. Turkel que contenía
48 ingredientes. En la de 1980 surgió un trabajo de la Dra.
Harrell y colaboradores que trataba de demostrar que la administración
de ciertas vitaminas, ciertos minerales y hormona tiroidea mejoraban
la inteligencia de niños con síndrome de Down, aunque
todos los intentos realizados por otros autores para confirmar esos
resultados fueron un fracaso. Otras fórmulas actualmente
más promocionadas y populares son:
| |
MSB Plus, de Nutri-Chem Laboratories
(Canadá). Contiene la fórmula inicial de Turkel
con más de 40 ingredientes. |
| |
NuTriVen-D, de International Nutrition.
Su formulación es bastante parecida a la anterior, aunque
las dosis de nutrientes varían. |
| |
Haps Caps, promocionada por las
Warner Clinics de Estados Unidos |
El sistema de promoción más empleado
es el de mostrar en boletines informativos muy difundidos la buena
evolución que sigue un niño con síndrome de
Down en su salud y en su desarrollo, que está tomando uno
de estos productos. Los mismos padres se prestan a exponer sus testimonios.
Por supuesto, nunca sabremos si la buena evolución y el buen
desarrollo se debe a tales fórmulas de nutrientes y vitaminas,
y no a las demás formas de atención e intervención
que el niño recibe; ni si disfrutaría de esa misma
buena evolución en caso de que dejara de tomar los nutrientes.
Dos requisitos indispensables de una buena prueba terapéutica.
Dada la enorme repercusión que todas estas
campañas promocionales tienen sobre las familias de personas
con síndrome de Down, que lógicamente tratan de conseguir
todos los recursos posibles en beneficio de sus hijos, es preciso
que abordemos este problema y lo analicemos con objetividad. En
primer lugar, debemos saber si existe una base teórica de
la que podamos deducir que los suplementos nutritivos pueden mejorar
algunos cuadros de la patología propia del síndrome
de Down. Y en segundo lugar, habremos de analizar de manera crítica
los resultados obtenidos por los ensayos clínicos realizados
hasta ahora con tales suplementos, para determinar si hay pruebas
científicas de que efectivamente mejoran la evolución
de una persona con síndrome de Down.
BASES
TEÓRICAS
|
¿Qué entendemos por estrés
oxidativo?
Es frecuente escuchar como razón para dar
estos suplementos que en el síndrome de Down existe estrés
oxidativo, y que estos suplementos consiguen neutralizarlo.
Se define el estrés oxidativo como el resultado
de un desequilibrio entre la producción espontánea
en el organismo de radicales libres derivados del oxígeno
y la capacidad de neutralizarlos con sustancias antioxidantes. Estos
radicales libres son moléculas muy activas, con una gran
capacidad de reaccionar con otras moléculas de las células
a las que oxidan, las cuales se convierten en elementos tóxicos
capaces de lesionar y destruir componentes de las células
(membranas celulares y otros elementos). Normalmente, la producción
espontánea de radicales libres derivados del oxígeno
es neutralizada por la presencia de otros elementos antioxidantes,
también endógenos; pero si la producción de
radicales libres supera a la de elementos antioxidantes, surge el
desequilibrio: aparecen signos de estrés oxidativo, de lesión
celular, que sólo podrá ser tratado mediante la administración
complementaria y adicional de productos antioxidantes.
¿Existe estrés
oxidativo en el síndrome de Down?

Uno de los genes que se encuentran en el cromosoma
21 es el gen SOD que regula la síntesis de la enzima superóxido
dismutasa. La función de esta enzima consiste en convertir
radicales superóxido en peróxido de hidrógeno,
el cual es posteriormente transformado en agua mediante otras enzimas,
la glutation peroxidasa y la catalasa. El peróxido de hidrógeno
es peligroso porque puede reaccionar con metales como el hierro
y formar radicales hidroxilo, que es un radical libre derivado del
oxígeno altamente peligroso para las células.
Pues bien, con enorme frecuencia existe en el síndrome
de Down un aumento de actividad de la enzima SOD, resultante del
hecho de que hay tres genes SOD en lugar de dos (al tratarse de
una trisomía del cromosoma 21). Esto significa que puede
haber una tendencia a producirse gran cantidad de peróxido
de hidrógeno. Puesto que algunos datos apuntan a que no hay
un incremento paralelo en la actividad de la glutation peroxidasa
y catalasa en determinados órganos (por ejemplo, en el cerebro),
surgiría un desequilibrio entre la mayor producción
de radicales libres, por una parte, y su neutralización por
otra; es decir, habría un estrés oxidativo causante
de la lesión celular que se aprecia en muchas células
de los organismos con síndrome de Down.
Ciertamente, se ha demostrado que hay un incremento
de la peroxidación de lípidos en el cerebro de personas
con síndrome de Down, lo que indica la existencia de este
estrés oxidativo. Para algunos investigadores, algunos de
los problemas inmunitarios que presentan los individuos con síndrome
de Down serían consecuencia también de esa mayor producción
de radicales libres. Y esa mayor tendencia al envejecimiento prematuro
que se observa en la población con síndrome de Down
podría igualmente explicarse, aunque sólo en parte,
por el incremento de la producción de radicales libres. El
remedio estaría, por consiguiente, en elevar el contenido
de sustancias antioxidantes. Y, de hecho, cuando se cultivan neuronas
provenientes de cerebros de fetos con síndrome de Down, en
las que ya se aprecia el aumento de radicales libres y su mayor
tendencia a la destrucción celular, la aplicación
de sustancias antioxidantes al medio de cultivo consigue un cierto
grado de protección neuronal.
En resumen: existen algunas pruebas de que existe
un aumento de estrés oxidativo en los organismos con síndrome
de Down: mayor presencia del gen SOD, mayor peroxidación
de lípidos, mayor número de productos derivados de
la lesión oxidativa del ADN, posibilidad de que agentes antioxidantes
contrarresten la acción tóxica que se observa en células
cultivadas provenientes de tejidos de personas con síndrome
de Down. Esto significa que el exceso de producción de radicales
libres derivados del oxígeno podría demandar la utilización
de mayores cantidades de nutrientes antioxidantes, como pueden ser
la vitamina C, la vitamina E, el beta-caroteno y el selenio (un
cofactor de la glutation peroxidasa). De este modo, incluso si hay
concentraciones normales en sangre de estos nutrientes podría
existir un déficit funcional debido al exceso de demanda.
Esto abre la posibilidad de que determinados problemas inherentes
al síndrome de Down pudiesen ser mejorados mediante suplementos
de nutrientes antioxidantes. Y así es como nace la propuesta
de que se administren abundantes suplementos de tales nutrientes
a las personas con síndrome de Down, con la esperanza de
que frenen su deterioro funcional de determinados órganos,
incluido el cerebro.
¿Dónde está
el problema?

El problema está en que, por sólidas
y convincentes que parezcan algunas razones teóricas para
plantear una determinada solución terapéutica práctica,
ésta sólo es aceptable cuando se demuestra que, de
verdad y en la práctica, consigue solucionar el problema
para el que va dirigida. Es decir, en nuestro caso lo que hay que
demostrar es que la administración de esos suplementos mejora
realmente y objetivamente la evolución natural de las personas
con síndrome de Down en algunos de sus problemas (cognitivos,
neurológicos, inmunitarios, evolutivos, etc.), y que esa
mejoría se debe a esos suplementos y no a otras medidas terapéuticas
que también se aplican, como pueden ser las vacunas, la buena
práctica educativa, la mayor riqueza ambiental, los mejores
cuidados sanitarios y sociales que en general se van aplicando.
Requisitos de un buen
ensayo clínico

Para ello es necesario plantear ensayos clínicos
con buenos criterios científicos. ¿Qué
significa esto? Al planificar el ensayo, es preciso tener en cuenta,
como mínimo, las siguientes consideraciones:
| 1. |
Disponer de, al menos, dos grupos
de similares características: misma edad, mismo nivel
intelectual, mismo nivel social, mismas ayudas educativas y
cuidados sanitarios. Uno de los grupos recibe los nutrientes
cuya utilidad queremos definir y el otro no recibe nada o, mejor
dicho, recibe aparentemente las mismas pastillas, o jarabe,
o cápsulas, pero con un contenido inerte, lo que se llama
placebo. |
| 2. |
La función del placebo
es conseguir que ni los interesados ni los padres se dejen influir
por el hecho de saber si están tomando o no la medicación,
ya que cualquier influencia psicológica suele repercutir
en los resultados. Se sabe muy bien que basta que uno sepa que
esté tomando algo para mejorar la salud para que ya se
sienta mejor. Por este motivo, los interesados, sus familiares,
sus profesores o fisioterapeutas o logopedas no deben saber
si están tomando el producto activo o el placebo. |
| 3.
|
Además, quienes valoren
periódicamente la evolución de los individuos
con síndrome de Down tampoco deben saber quién
está tomando la medicación y quién no,
para no dejarse influir. Esto es lo que se llama una prueba
"doble ciego". |
| 4. |
Deben quedar muy bien definidos
los parámetros que se van a evaluar. |
| 5. |
Por último, el número
de individuos en cada grupo debe ser lo suficientemente elevado
como para poder realizar después un estudio estadístico
matemático que permita definir bien si ha habido diferencias
entre los dos grupo. |
Pues bien, se han publicado hasta ahora varios
trabajos sobre los resultados obtenidos con los suplementos con
nutrientes y otros productos farmacológicos administrados
a personas con síndrome de Down, incluidos el zinc, selenio,
preparados de megavitaminas/minerales, vitamina A, vitamina B6 y
sus precursores, etc. Los resultados son variados, pero casi todos
los trabajos presentan graves fallos metodológicos: o no
hay grupo control, o no se hacía en condiciones "doble
ciego", o el número de sujetos era muy pequeño,
o pertenecían a edades nada homogéneas, o el tiempo
de estudio era muy corto. En definitiva, las conclusiones que se
alcanzan no están bien fundamentadas por lo que no se pueden
admitir.
II.
RESULTADOS ALCANZADOS
 |
Suplementos megavitamínicos/minerales

En 1981, Harrell y col. estudiaron 22 niños
con discapacidad intelectual, de 5 a 15 años de edad, de
los que 5 tenían síndrome de Down, y los sometieron
a tratamiento con un preparado de megavitaminas/minerales o con
placebo durante 4 meses. Tras la primera fase, todos recibieron
ese preparado durante otros 4 meses. El preparado consistía
en 11 vitaminas y 8 minerales a altas dosis, que incluía
vitamina C, 1500 mg y vitamina E, 600 UI diariamente. Los investigadores
informaron que había mejorías dramáticas en
el CI, crecimiento, aspecto físico, lenguaje, niveles educativos
y salud en general. Este estudio presentaba graves problemas metodológicos;
de entrada el número inicial bajó de 22 a 16 y el
de niños con síndrome de Down de 6 a 4. Pero los resultados
estimularon la realización de más pruebas por parte
de otros grupos. Se hicieron entonces 6 nuevos ensayos bien controlados
entre 1983 y 1989, utilizando los mismos suplementos vitamínico/minerales,
de forma que entre todos se estudiaron 161 personas con síndrome
de Down de edades entre 6 meses y 40 años. Ninguno de estos
estudios demostró mejoría alguna en el CI, aspecto
físico o salud en general.
Suplementos de vitamina
A

Hay algún estudio que indica que puede haber
mala absorción de vitamina A en personas con síndrome
de Down, lo que originaría niveles bajos en sangre de esta
vitamina; pero en otro estudio realizado con mayor población
no se confirmó este dato, y otros varios trabajos han observado
concentraciones normales en sangre de vitamina A. Es posible que
esporádicamente algún individuo pueda tener peor absorción
de vitamina A y niveles bajos. Existe un trabajo de 1978 en el que
se agrupó a 23 individuos con síndrome de Down y a
sus hermanos, y a todos ellos se les asignó al azar la administración
de 1000 UI/día de vitamina A o de placebo durante 6 meses.
Antes de iniciar la administración, los que tenían
síndrome de Down en ambos grupos presentaban infecciones
con mayor frecuencia que sus hermanos, y conforme avanzaba el tratamiento,
fue disminuyendo esta diferencia en infecciones entre hermanos con
y sin síndrome de Down que habían recibido la vitamina,
mientras que se mantuvo en los que no la habían recibido.
El estudio ofreció algunos fallos metodológicos que
impiden sacar conclusiones firmes.
Debe recordarse que dosis altas de vitamina A y
vitamina D pueden llegar a provocar toxicidad.
Suplementos de vitamina
B6 y 5-hidroxitriptófano

La razón de suministrar estos productos
es la aparición de bajos niveles de 5-hidroxitriptamina (5-HT)
en la sangre de personas con síndrome de Down, a causa de
un déficit de 5-HT en las plaquetas. Se pensó que
lo mismo ocurriría en las neuronas y que eso sería
causa de la hipotonía muscular. El 5-hidroxitriptófano
es un aminoácido precursor de la 5-HT. No se ha confirmado
que las neuronas de las personas con síndrome de Down tengan
menor cantidad de 5-HT. Estudios iniciales mal diseñados
mostraron mejoría del tono muscular en grupos pequeños
de niños con síndrome de Down. Estudios posteriores
bien controlados en 108 niños con síndrome de Down
tratados durante 3 años con vitamina B6/5-hidroxitriptófano
no mostraron mejoría clínica significativa alguna
frente a los que no habían tomado dicha combinación.
Suplementos TNI (Targeted
Nutritional Intervention)

A juzgar por lo que se ve en Internet y en las
publicaciones no profesionales, este tipo de suplementos constituyen
la terapéutica nutritiva más popular que se propone
para las personas con síndrome de Down. Sus defensores alegan
haber identificado las anomalías bioquímicas propias
del síndrome de Down, y han formulado un suplemento nutricional
que aborda directamente tales anomalías. Un producto típico
contiene unos 56 nutrientes, incluidos los minerales, las vitaminas,
las enzimas, los electrolitos, etc. Por desgracia, no es posible
encontrar publicado ningún ensayo clínico sobre la
eficacia y la seguridad de estos suplementos. Pero en uno de ellos,
por ejemplo, aparece la dosis de 1000 mg de vitamina C que puede
ser peligrosa para niños, ya que se ha visto que la dosis
diaria de 500 m a adultos puede resultar pro-oxidante.
Aminoácidos

En las tres fórmulas más populares
(MSB Plus, NuTriVene-D y Haps Caps) y en otras aparecen aminoácidos,
basándose en un trabajo de Lejeune de 1992 en el que describía
una deficiencia constante de serina y un exceso de cisteína
y lisina. Proponía que la administración complementaria
de ciertos aminoácidos podría equilibrar los niveles
plasmáticos, haciéndolos más similares a los
de un organismo normal. Este trabajo sobre aminoácidos no
pudo ser confirmado en otro estudio.
Algunos afirman que la sobreexpresión del
gen de la cistationina beta-sintasa provoca una deficiencia funcional
del ácido fólico, de modo que aunque sus niveles en
sangre sean normales el organismo no lo utiliza bien y no puede
reparar el ADN que se encuentre lesionado. El hecho es que otros
estudios no encuentran niveles altos de la cistationina beta-sintasa.
Suplementos de zinc

El zinc forma parte de la enzima SOD. La propuesta
de utilización en el síndrome de Down se basa en estudios
en los que se ha demostrado que algunos individuos con síndrome
de Down tienen niveles bajos de zinc en sangre. De los 16 estudios
realizados, en 13 se demuestra cierto descenso y en 3 no se observan
cambios.
Se han realizado 7 ensayos clínicos sobre
administración de zinc, pobremente controlados (sin placebo
y sin estudio "doble ciego"), en un total de 168 individuos
con síndrome de Down de edades comprendidas entre 2 y 22
años. En todos ellos se aprecia una cierta mejoría
de la función inmunitaria analizada con pruebas de laboratorio.
Existe un trabajo en el que estudio fue bien controlado, realizado
en 64 personas con síndrome de Down de 1 a 19 años,
en donde un grupo recibió placebo y otro 25 a 50 mg de zinc
diariamente, durante 6 meses, y después se intercambió
el tratamiento durante otros 6 meses. Se realizaron pruebas de laboratorio
para valorar la inmunidad y ciertos parámetros clínicos
relacionados con las infecciones, incluidos algunos síntomas.
No se apreciaron cambios debidos al zinc ni en la función
linfocitaria, ni en los niveles de complemento, ni en el número
de infecciones padecidas. Sólo disminuyó un poco en
los niños de menos de 10 años el número de
días con tos.
Pese a los resultados clínicos de los estudios
no controlados y otros de carácter meramente experimental,
no se puede afirmar todavía de manera rigurosa que el zinc
mejore la función inmunitaria de las personas con síndrome
de Down.
Suplementos de selenio

El selenio forma parte de la enzima glutation peroxidasa
que, como antes se ha expuesto, forma parte de la maquinaria antioxidante.
En algunos trabajos, pero no en todos, se ha visto que puede haber
una disminución del selenio sérico en las personas
con síndrome de Down. En un estudio, la administración
de 10 µg/kg de selenio al día a 48 personas con síndrome
de Down de 1 a 16 años durante 6 meses hizo elevar las inmunoglobulinas
G2 y G4, y redujo el número de infecciones. Sin embargo no
hubo grupo control y hubo una pérdida de la muestra a lo
largo del trabajo de casi la mitad de los individuos, por lo que
los resultados no son fiables. En otro estudio, la administración
de 25 µg/kg a 7 personas de edades entre 1 y 54 años
durante 0,3 a 1,5 años hizo elevar la actividad de la glutation
peroxidasa y reducir la de la superóxido dismutasa, comparados
con otros 10 individuos que no recibieron selenio.
El ácido docosahexaenoico
(DHA): un ácido graso omega-3

Se trata de un ácido graso de los que
se llaman omega-3, que forma parte de la pared o membrana celular,
especialmente de la retina y del cerebro. El organismo lo sintetiza
a partir de otros ácidos grasos que se ingieren en la dieta.
Algunos estudios han indicado que los niños prematuros no son
capaces de sintetizarlo por lo que las fórmulas lácteas
para estos niños han de ir enriquecidas con el DHA, y de hecho
ya lo suelen estar. Algunos han propuesto que hay que dar suplementos
de DHA también a los niños con síndrome de Down
porque mejorará el desarrollo del ojo y del cerebro. Nadie
ha podido demostrar que estos niños carezcan de DHA, o que
no lo sinteticen por sí mismos, o que se beneficien de él.
Por tanto, la promoción para que sea administrado complementariamente
carece de toda lógica.
Enzimas digestivas
Se ha dicho a los padres que sus hijos con síndrome de Down
carecen de ciertas enzimas digestivas, lo que hace que tengan más
dificultad para digerir la comida y absorber los nutrientes que de
ella se derivan. Es falso. Poseen las mismas enzimas que los demás.
Si no las tuvieran, tendrían mayor tendencia a la diarrea cuando
justo ocurre lo contrario: tienden al estreñimiento. Lo que
sí puede haber es un incremento en la incidencia de enfermedad
celíaca, como se afirma en el documento Cuidados de salud en
el síndrome de Down durante la infancia. Piracetam

No es un nutriente sino un fármaco que
actúa en el sistema nervioso, y pertenece al grupo de los nootropos.
Administrado inicialmente en Europa durante las décadas de
1970-80 para mejorar -pretendidamente- algunas funciones cognitivas,
fue redescubierto en Estados Unidos en la década de 1990 y
fuertemente promocionado por los medios informativos y vías
de difusión extraprofesional para su empleo en los niños
con síndrome de Down. Los primeros estudios, en los que se
propuso que ejercía algún beneficio, fueron muy mal
diseñados. Los estudios más actuales, recientemente
publicados, demuestran que no posee valor alguno.
III.
CONCLUSIONES
 |
En una reciente revisión en la que
claramente se propone la posibilidad de que el tratamiento del estrés
oxidativo pueda ser beneficioso para las personas con síndrome
de Down, Ani y colaboradores concluyen con la siguiente frase: "Creemos
que hasta la fecha no hay prueba fehaciente y rigurosa de que cualquiera
de los suplementos de nutrientes que se utilizan, sirvan para mejorar
la evolución del síndrome de Down. Por consiguiente,
se necesita urgentemente que se lleve a cabo buenos ensayos clínicos
capaces de valorar la hipótesis de que los suplementos con
antioxidantes pueden mejorar los resultados en las personas con
síndrome de Down".
Leshin escribe:
"En 1996, el American College of Medical Genetics afirmó
que no había prueba alguna de que el tratamiento con piracetam
o con suplementos de aminoácidos mejorara el funcionamiento
mental de las personas con síndrome de Down. En 1997, la
National Down Syndrome Society previno a los padres que "no
se ha podido comprobar que la administración de terapias
relacionadas con las vitaminas -por ejemplo, las combinaciones de
vitaminas/minerales/aminoácidos/hormonas, enzimas- sea en
modo alguno beneficiosa y que no hay resultados positivos científicamente
válidos. Y no se conocen sus efectos a largo plazo".
A pesar de todo ello, su uso sigue siendo popular y sigue habiendo
gran interés en este tipo de terapias, que es ampliamente
promocionado. Se les dice que estas terapias no hacen daño
y a lo mejor ayudan, por lo que los padres deciden que puede valer
la pena hacer un intento. Interesa señalar que cuantos ensayos
se han hecho con metodología correcta, han sido negativos".
Para terminar, debemos insistir en un hecho fundamental:
existe una gran variabilidad en la evolución del desarrollo
corporal y cognitivo de las diversas personas con síndrome
de Down. El hecho de que avance bien un niño sometido a este
tipo de terapias complementarias no significa nada, porque otros
muchos también evolucionan bien sin ese tipo de terapias.
Es preciso comprobarlo en un grupo con un número suficiente
de individuos y en las condiciones de rigor científico que
hemos descrito anteriormente (v. Requisitos de un buen ensayo clínico).
Cuando se cumplen estos requisitos, los resultados suelen ser negativos.
En la elaboración de este documento,
hemos tenido en cuenta trabajos fundamentales:
Ani C, Grantham-McGregor
S, Muller D. Nutritional supplementation in Down syndrome: theoretical
considerations and current status. Developmental Medicine &
Child Neurology 2000; 42: 207-213.
Coleman M. Vitaminas y síndrome de Down. Revista Síndrome
de Down 1997; 14: 128-131.
Flórez J. El tratamiento farmacológico del síndrome
de Down. En: Síndrome de Down. IAMER, Madrid 1983,
p. 209-228.
Flórez J. Nuevos tratamientos. Revista Síndrome
de Down 1999; 16: 49-51.
Leshin L. Nutritional supplements for Down syndrome; a highly questionable
approach. www.ds-health.com.
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