PANORÁMICA DEL EMPLEO CON APOYO EN ESPAÑA



El Real Patronato sobre Discapacidad ha publicado en su serie Documentos un trabajo que recoge el estudio realizado por el Instituto Universitario de Integración en la Comunidad (INICO), de la Universidad de Salamanca, sobre la situación actual del Empleo con Apoyo en España. Dicho estudio fue encargado por el Real Patronato sobre Discapacidad y resume los datos obtenidos de 43 entidades promotoras de programas o de servicios de empleo con apoyo en España hasta diciembre de 1999. Los autores del trabajo son los Prof. Miguel Ángel Verdugo y Francisco de Borja Jordán de Urríes.

Por su gran interés y por las buenas perspectivas que ofrece esta modalidad de empleo para las personas con síndrome de Down, ofrecemos las conclusiones de dicho estudio. El trabajo completo aparece en Documentos 59/2001 del Real Patronato y puede solicitarse a: Centro Español de Documentación sobre Discapacidad del Real Patronato, rp@futurnet.es.

Los autores definen el Empleo con Apoyo como:

Empleo integrado en la comunidad dentro de empresas normalizadas, para personas con discapacidad que tradicionalmente no han tenido posibilidad de acceso al mercado laboral, mediante la provisión de los apoyos necesarios dentro y fuera del lugar de trabajo, a lo largo de su vida laboral, y en condiciones de empleo lo más similares posible en trabajo y sueldo a las de otro trabajador sin discapacidad en un puesto equiparable dentro de la misma empresa.



CONCLUSIONES


El empleo con apoyo es una realidad extendida por toda España (principalmente en Cataluña y Baleares), aunque aún existen algunas Comunidades Autónomas en las que no está implantado, o no está lo suficientemente extendido. El número de iniciativas en funcionamiento duplican prácticamente a las existentes en 1995, lo que permite afirmar que nos encontramos ante una realidad consolidada como alternativa de inserción laboral.

En los últimos cinco años, el empleo con apoyo ha experimentado un notable crecimiento en cuanto al número de programas o servicios en funcionamiento con 21 nuevas iniciativas hasta alcanzar las 43 en total que actualmente ofrecen sus servicios. No obstante, la pauta general de crecimiento es lenta, y las proporciones totales de trabajadores integrados son todavía muy bajas.

La conversión de los centros específicos hacia servicios integrados en la comunidad sigue sin realizarse de una manera decidida. La estabilidad en la financiación de los servicios de empleo con apoyo es precaria (solamente disponen de financiación estable el 28% de los programas) incluso en aquellas entidades en las que el empleo con apoyo es la única actividad desarrollada (sólo la mitad de ellas disponen de estabilidad en la financiación) .

El empleo con apoyo coexiste actualmente en la mayoría de la entidades con otro tipo de servicios. Mientras que el empleo con apoyo carece de estabilidad en la provisión de fondos que permitan su estabilidad en un porcentaje grande de casos (72,2%), sí que se dispone de estabilidad para otros servicios. Incluso, cuando coexisten servicios de empleo con apoyo con otras alternativas menos integradoras (como es el caso de Centros Especiales de Empleo y Centros Ocupacionales) en la mayoría de los casos (66,6% respecto a los CEE y 69,2% respecto a los CO) los CEE o CO cuentan con estabilidad en su financiación mientras que el empleo con apoyo carece de fuentes estables de financiación que aseguren su permanencia.

Llegado el caso de desaparecer las fuentes de financiación, aunque son pocas las entidades que manifiestan su intención de suprimir los servicios (25%), en la gran mayoría de estos casos (22%) el empleo con apoyo desaparecería. Es aún más significativo comprobar que en las entidades en las que se suprimiría el empleo con apoyo, éste sería el primer servicio eliminado en el 62% de los casos. Sin embargo, aquellas entidades en las que el empleo con apoyo es el único servicio disponible, manifiestan mayoritariamente su intención de mantenerlo y no suprimirlo. Solamente una entidad de este tipo estaría dispuesta a cerrar sus servicios.

Hemos de manifestar que en el transcurso de este trabajo, el equipo investigador ha tenido conocimiento de la desaparición de 3 de los programas de empleo con apoyo incluidos en la muestra. Este dato más que anecdótico nos indica y confirma esa precariedad en las estabilidad de muchas iniciativas.

Respecto a los usuarios de los servicios de empleo con apoyo el número se ha multiplicado por 3 desde el año 1995 llegando a 2.417 usuarios que disfrutan actual- mente de un empleo. Este aumento no se ha producido por igual en todos los grupos de discapacidad. Mientras que el grupo de personas con discapacidad intelectual, que sigue siendo mayoritario 1.300 personas, 53,7%), ha aumentado 2 veces, otros grupos como son las personas con discapacidad física (509,2 %) Y personas con discapacidad sensorial (517, 2%) han aumentado 9 y 10 veces respectivamente. El grupo de personas con discapacidad psiquiátrica sigue siendo el minoritario (91 personas, 3,7%) y aunque ha aumentado su número unas 3 veces, necesita de una especial atención. Por otro lado, estos porcentajes no reflejan la situación global del colectivo de personas con discapacidad en edad laboral que se reparten en 56% para la discapacidad física, 28% para la intelectual, 14% para la sensorial y 3% para otras discapacidades, aunque este dato no deba replicarse en el empleo con apoyo debido a que la dificultad para acceder al empleo probablemente no se distribuya de la misma manera.

Las medias de personas integradas por programa/ año y total/ año, en función del tipo de discapacidad, reflejan porcentajes bastante similares a los mencionados más arriba (58,6% para la discapacidad intelectual, 18,9% para la sensorial, 16,1 % para la física y 6,2% para la psiquiátrica).

El mantenimiento de los empleos es satisfactorio en todos los grupos de discapacidad. Al comparar el número de personas que han obtenido empleo con el de personas que se encuentran actualmente trabajando, obtenemos unos porcentajes diferenciales (que reflejan el nivel de pérdidas de empleo) cercanos al 32-33%, siendo menor en el grupo de personas con discapacidad física (22,6%) y más elevado en el grupo de personas con discapacidad psiquiátrica (41,5%) que de nuevo se muestra necesitado de una especial atención.

Los datos permiten estimar que solamente el 0,8% de la población activa de personas con discapacidad que se encuentra ocupada dispone de empleo gracias al empleo con apoyo. Centrándonos en el empleo en empresas normalizadas, el porcentaje de personas con discapacidad que trabajan en ellas gracias al empleo con apoyo alcanza el 1,92%. Estos porcentajes, aunque bajos, son un reflejo importante de la incidencia del empleo con apoyo para el colectivo, ya que estamos hablando de personas que tradicionalmente han tenido especial dificultad para conseguir y mantener un empleo (comparativamente incluso con el resto del grupo de personas con discapacidad ya discrimina- das laboralmente).

Los varones son mayoritarios en el empleo con apoyo en proporción casi del 2/1 en todos los grupos de edad, siendo el grupo de edad mayoritario el comprendido entre 26 y 45 años y el minoritario el de personas que superan los 45 años. Esto nos permite afirmar la necesidad de dedicar mayores esfuerzos al colectivo de mujeres y al de mayo- res de 45 años.

El 76% de las personas en empleo con apoyo muestran un porcentaje de minusvalía entre el 33 y el 64%, mientras que este porcentaje en la población global de personas con minusvalía sólo alcanza el 50,3%. Se puede afirmar por tanto que es absoluta- mente prioritario dedicar mayores esfuerzos a la integración laboral de las personas con porcentajes de minusvalía superiores al 65%.

El porcentaje mayoritario de personas en empleo con apoyo manifiesta una necesidad de apoyo intermitente (63,4%) y, por el contrario, el porcentaje minoritario muestra una necesidad de apoyo generalizada (2,2%). Una distribución similar aparece si analizamos el dato por tipos de discapacidad. Esto lleva a una conclusión lógica, se debe dar prioridad a los esfuerzos para aquellas personas con necesidad de apoyo extenso y generalizado, las cuales, además de tener especiales dificultades para acceder al mercado laboral normalizado, están subrepresentadas en el empleo con apoyo.

Los datos anteriormente señalados permiten afirmar que el colectivo menos representado dentro de las personas con discapacidad en empleo con apoyo respondería al perfil de mujer con discapacidad psiquiátrica mayor de 45 años con una minusvalía superior al 65% y una necesidad de apoyo generalizado.
Respecto a la situación laboral del colectivo de personas en empleo con apoyo, la gran mayoría (82%) se encuentran en empleo competitivo, y en la mayor parte de los casos los contratos son de carácter eventual (79%), siendo solamente indefinidas el 21% de las contrataciones. El salario medio de los trabajadores en empleo con apoyo supera el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en un 26,8%, pero es objetivamente bajo.

Es necesario a la luz de los datos desarrollar empleos estables y dignamente remunerados que permitan a las personas mayor estabilidad y autonomía en otros campos de su vida. El 85% de los trabajadores en empleo con apoyo permanece en el hogar familiar. Quizás una de las posibles causas de esta realidad sea la imposibilidad económica de acceder a viviendas propias derivada de los bajos sueldos percibidos.

Los profesionales que trabajan en el empleo con apoyo, aunque los datos obtenidos no nos permiten hacer afirmaciones rotundas, realizan tareas de preparador laboral en su mayoría (41,7%). Parece oportuno revisar y reajustar las plantillas profesionales, debido a que la proporción de profesionales con funciones directivas es algo excesiva respecto al resto de profesionales (1 directivo por cada 3 profesionales), y sobre todo porque la rano de usuarios por preparador laboral llega a un 22/1 con lo que probablemente la calidad de los servicios prestados a los usuarios puede resentirse. En términos económicos, sería también deseable un ajuste al alza de las retribuciones profesionales, sobre todo en el caso de los preparadores laborales.

Si hacemos una valoración global del esfuerzo económico dedicado en España a promover actividades de empleo con apoyo encontramos que la cantidad es de muy escasa relevancia. Los costes que supone el empleo con apoyo como media en 1999 son de cerca de 17 millones de pesetas por programa, lo cual ha supuesto un total de casi 663 millones de pesetas. Los datos estimados para los años 2000 y 2001 llegan a una media de 18 millones por programa y un total de casi 762 millones de pesetas.

Hasta ahora las fuentes de financiación de muchas iniciativas han tenido una estrecha dependencia de los fondos europeos, lo que las ha conferido cierta inestabilidad a medio plazo. La estabilidad en la financiación de los programas exige una mayor participación e implicación de las autonomías y de las entidades locales. Asimismo, el sector privado debe desempeñar un rol más activo, pues en la actualidad apenas está presente.

De acuerdo con los resultados y conclusiones presentadas, la extensión y consolidación del empleo con apoyo en España debe provenir de:

a) la incorporación de las personas con discapacidad psiquiátrica, graves discapacidades o con mayor necesidad de apoyo, y otros colectivos desfavorecidos, así como del incremento en el número de mujeres y mayores de 45 años contratados; y
b) la extensión a todas las Comunidades Autónomas, con una financiación estable de los programas, empleos igualmente estables y dignamente remunerados, con mayor implicación y financiación de las instituciones públicas autonómicas y locales, sin olvidar las estatales, además del impulso de las asociaciones e instituciones no gubernamentales.


Miguel Ángel Verdugo y Francisco de Borja Jordán de Urríes
Instituto Universitario de Integración en la Comunidad (INICO)
Universidad de Salamanca, España

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