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Madrid
(Down 21).- Cuando nace un bebé con alguna discapacidad es habitual,
hoy en día, que los padres comiencen a escuchar términos, hasta
ese momento, desconocidos: atención precoz, estimulación temprana...
En medio de toda la información que nos llueve en un primer
momento es conveniente guardar un sitio para nosotros mismos
como padres, madres y personas que somos. Hay que reflexionar,
intentar situar la nueva vida en el lugar que le corresponde
y hacer acopio para vislumbrar el hecho de que nada ha acabado
para siempre; por el contrario, algo ha empezado y, como tal
comienzo, se ha de procurar que empiece bien.
Cuando se nos presenta, sin más, el hecho de que nuestro
hijo tiene síndrome de Down, lo primero que, inconscientemente,
queremos resolver es su futuro. Incluso antes de darle su primer
alimento pensamos en "el día de mañana" y esa incertidumbre
llega a superar la mera preocupación, para convertirse en una
inevitable obsesión.
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El primer paso que solemos dar es pedir auxilio, en silencio,
y escrutar libros, gente, instituciones que te informen sobre
los mejores métodos de atención temprana, fisioterapias, ejercicios
de estimulación y demás sistemas destinados a mejorar la situación
de nuestros hijos y sobre todo, su desarrollo intelectual, porque
ése es el terreno que más nos ofusca.
Y si bien es cierta la importancia que hoy en día tiene la estimulación
precoz a lo "largo" y "ancho" de la vida de los niños con síndrome
de Down, no podemos olvidar que existe la estimulación natural
de unos padres hacia un hijo.
Esa atención temprana no está escrita en los libros, porque,
simplemente, no puede leerse, no tiene índice, ni prólogo, ni
epílogo.
Es la atención del sentimiento humano, el método de la intuición
materna, el despertar de los sentidos que, como siempre, no
atiende a reglas, ni a capítulos; no necesita saber idiomas,
ni explicación práctica para demostrar su eficacia. Es
el lenguaje de una madre hacia su hijo, un amor deliciosamente
anárquico y embaucador que, si bien queremos contenerlo al principio,
acaba saliendo porque forma parte de nosotras mismas y se adhieren
a la piel, al espíritu y alma de todo aquél que sabe
interpretarlos.
Esa primera estimulación es también el primer idioma que entienden
los hijos, tengan o no tengan síndrome de Down. Y por qué será,
que se hizo al hombre tan perfecto, que ya desde que nace traduce
esa lengua de manera inequívoca y exacta hasta el punto de que,
cuanto más la entiende, mejor la habla.
Quizá es difícil en un primer momento mirar a nuestro hijo a
los ojos y decirle sin más: te quiero. Pero es muy probable
que si le entregas un segundo de tu mirada, séa él quien
te lo arranque de los labios sin que te des cuenta.
Este método de estimulación es universal. Su eficacia también
es universalmente conocida y científicamente demostrada y con
él podrás aplicar los otros con mayor facilidad y, te lo aseguramos,
con infinitamente mejores resultados.
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