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¿Qué pasa en el cerebro? - La estructura cerebral y sus funciones
Indice del artículo
¿Qué pasa en el cerebro?
La estructura cerebral y sus funciones
Las alteraciones cerebrales en el síndrome de Down
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La estructura cerebral y sus funciones

 

El sistema nervioso es el sistema por excelencia que, dentro de nuestro organismo, tiene como función esencial recibir información, procesarla y emitirla. Gracias a él mantenemos relación con el ambiente exterior, es decir, percibimos la vida que nos circunda; gracias a él recibimos constantes señales de nuestro propio mundo interno; y gracias a él respondemos a esas señales, las externas y las internas, para entrar en contacto con nuestro ambiente. Pero además, como seres dotados de unas cualidades de las que carece cualquier otro organismo vivo, gracias a nuestro peculiar sistema nervioso somos capaces de "manipular" la información que recibimos, hacerla consciente, elaborarla y reelaborarla, codificarla, y crear pensamiento: adquirimos conciencia de nosotros mismos, dudamos o decidimos, tenemos capacidad de innovar, de seguir la corriente o de ir contra corriente, de cerrarnos en nuestra propia concha o de abrirnos a los demás... ¡Realmente, nuestro sistema nervioso sirve para algo!

Si hemos enumerado todas estas funciones tan intrínsecamente humanas es para que se comprenda hasta qué punto el sistema nervioso, y dentro de él de modo muy especial el cerebro, es el elemento esencial de nuestra naturaleza. Y cómo, cuando ese sistema resulta alterado, empiezan a deteriorarse algunas de las funciones a las que debe servir. Pues bien, la neurona es la célula clave que, gracias a su estructura y función, está especialmente capacitada para recibir simultáneamente una gran cantidad de información, codificarla, interpretarla, elaborarla y, a su vez, transmitirla en fracciones de segundo.

 

Figura 1. Estructura de una neurona

 

Tenemos que recordar que una neurona consta, esencialmente, de (fig. 1):

 

a) un cuerpo o soma, dentro del cual se encuentra el núcleo que es el elemento que guarda los cromosomas y, por tanto, los genes;

b) una arborización que se extiende y expande en abundantes ramificaciones, y se llaman dendritas, las cuales a su vez, contienen unas pequeñas expansiones denominadas espinas;

c) una prolongación, larga o corta según el tipo de neurona, que al final también se ramifica y bifurca, llamada axón o cilindroeje. El soma y las dendritas son las zonas de la neurona preparadas para recibir información proveniente de otras neuronas, mientras que el axón es el elemento encargado de transmitir la información a otras neuronas. El soma y las dendritas de una sola neurona reciben cientos o miles de terminaciones axónicas provenientes de otras neuronas (principio de convergencia); a su vez, esa neurona puede conectar con cientos o miles de otras neuronas a través de sus ramificaciones axónicas (principio de divergencia).

 

Una neurona no se funde con las otras cuando contacta con ellas sino que mantienen su identidad. De la misma manera que nuestro dedo no se funde con los objetos que toca sino que uno y otros conservan su identidad. El sitio de contacto entre la terminación axónica de una neurona y el soma o dendritas de otra con la que contacta para emitir la información se llama sinapsis. La sinapsis, pues, es el órgano por excelencia de la comunicación entre las neuronas. ¿Cómo se lleva a cabo esta comunicación? Se ejecuta mediante la emisión de unas moléculas químicas por parte de la neurona emisora, que llamamos neurotransmisores, y tienen la virtud de activar otras moléculas situadas en el aparato dendrítico de la neurona receptora, por lo que se llaman moléculas receptoras. Es decir, el neurotransmisor se convierte en una especie de mensajero.



Puesto que una neurona recibe numerosos terminales axónicos que forman sinapsis, y cada uno de ellos puede actuar con un neurotransmisor distinto, eso significa que una neurona está recibiendo constantemente información de naturaleza variada, a veces de carácter excitador y oras de carácter inhibidor; una podrá servir para que origine una determinada respuesta, otra para reforzar esa respuesta, otra para influir en un sentido o en otro. De este modo, la neurona recibe la información y la integra, dando origen a una respuesta que puede ser inmediata o diferida, instantánea o repetida, etc. Y de esta manera se forman redes de neuronas, o vías, o circuitos de tamaño y de actividad variables, que constituyen la base de la actividad cerebral.

 

Figura 2. Una red de neuronas

 

Pensemos que los miles de millones de neuronas de nuestro cerebro están permanentemente intercambiándose información. Así es como elaboramos nuestros sentimientos, como prestamos atención, como elaboramos una decisión, como retenemos información en la memoria, como ejecutamos un operación matemática, como expresamos un sentimiento de amor, o de ira, o de benevolencia...


Las neuronas, sin embargo, no constituyen un elemento estático y granítico. Por el contrario, poseen lo que llamamos plasticidad, lo que significa que su estructura y su función son en parte moldeables. En primer lugar, en el momento del nacimiento no están desarrolladas plenamente: les faltan muchas de sus arborizaciones y de los contactos sinápticos; tanto las unas como los otros se van completando a lo largo de los primeros meses de la vida, en parte de acuerdo con su propio programa genético (de nuevo nos encontramos con los genes dirigiendo una operación), y en parte de acuerdo con los estímulos que las neuronas reciben. Un animalito privado de luz desde el nacimiento sufrirá atrofia en las arborizaciones de las neuronas situadas en la corteza cerebral encargada de recibir los estímulos luminosos. En sentido contrario, un ambiente rico en estímulos facilita el pleno desarrollo neural, toda la extensión y calidad de los contactos sinápticos. Los buenos estímulos refuerzan y estabilizan la función de las sinapsis.

Hoy sabemos, además, que, a diferencia de lo que ocurre en la mayor parte del cerebro, existe una pequeña zona en el hipocampo en donde siguen naciendo neuronas a lo largo de toda la vida, y su producción aumenta cuando existen buenas condiciones de estimulación.

Pero no vayamos a creer algo que se ha venido filtrando sin querer: que el desarrollo sigue una relación lineal con el estímulo (a doble estímulo, doble desarrollo neuronal; a triple estímulo, triple desarrollo neuronal). Las cosas no son así de sencillas. La clave, además, no está tanto en la cantidad como en la calidad. Hay formas de estimulación que, incluso, pueden resultar contraproducentes para el desarrollo armónico del cerebro. Más bien hemos de pensar que es necesario un mínimo estímulo ambiental para que el programa genético se cumpla, y que este estímulo es tanto más necesario cuanto más disminuidas se encuentren las posibilidades de expresión de dicho programa, como es el caso del síndrome de Down, siempre y cuando las condiciones de desarrollo sean las mínimas necesarias.