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Propuestas para una colaboración eficaz entre familia y escuela
Revista Virtual Agosto 2005 - Artículo

  

Elías Vived Conte 

Primera Parte:

Relaciones familia – escuela

  

  

1.Naturaleza de estas relaciones
2.Dificultades y desencuentros
3.Participación de los padres en los centros escolares
4.Colaborar en la acción educativa

4.1.Con el profesor – tutor
4.2.Con los especialistas de apoyo
4.3.Con el orientador

 

 

La participación de los padres constituye un elemento esencial para el éxito de la intervención educativa en los niños con discapacidad intelectual. Los padres son los primeros y principales agentes de la educación de su hijo, y juegan un rol primordial desde su edad temprana: son las personas que disponen de más oportunidades para influir en el comportamiento del niño y favorecer a sí su desarrollo. Que los padres se integren en el proceso de la educación de sus hijos permitirá optimizar la intervención educativa. Son enormes las ventajas de la participación activa de los padres en los programas educativos del niño con discapacidad intelectual. Cuando los padres están implicados en los programas de intervención, el mantenimiento y generalización de los aprendizajes hechos por el niño tienen más posibilidades de producirse y consolidarse.

Ofrezco en este artículo un conjunto de propuestas que están basadas en mi propia experiencia y en mi investigación realizada con los padres de niños con síndrome de Down en la provincia de Huesca (España), que participan en los proyectos de desarrollo educativo de sus hijos.

 

 

1. Naturaleza de estas relaciones

El papel de los padres en la educación del hijo con síndrome de Down o con otra discapacidad intelectual ha cambiado en los últimos años, pasando del concepto de custodia y protección al de educación. Actualmente se considera que los padres tienen un papel central en la educación del niño. Y la colaboración con los centros educativos puede contribuir a reforzar los aprendizajes en los hogares, coordinando con los profesores las pautas a seguir en casa y en el colegio, tanto para la adquisición como para la eliminación de ciertas conductas. Si esta relación familia-escuela se entiende como una relación especialmente importante, es necesario establecer mecanismos de coordinación que posibiliten la colaboración necesaria entre estas dos instituciones. Algunos de estos mecanismos están establecidos legalmente, y regulan la participación de los padres.

Los centros educativos deben considerar a la familia como un elemento más a la hora de planificar el refuerzo educativo del alumno con síndrome de Down, de modo que tanto en el refuerzo educativo como en las adaptaciones curriculares, el papel a jugar por parte de las familias tiene que ser del máximo compromiso.

Muchas de las actividades y programas que se llevan a cabo en los centros educativos pueden y deben realizarse en el ámbito de la familia. Esta cuestión, que es importante cuando un alumno presenta cualquier tipo de dificultad, resulta imprescindible cuando el alumno presenta necesidades educativas especiales, como es el caso de los alumnos con síndrome de Down.

Sin embargo, todavía hay profesores que pocas veces suelen recurrir a la ayuda del entorno familiar para que colabore en la conquista de objetivos educativos o curriculares, cuando muchas de las actividades que se proponen pueden ser seguidas por los padres. Es necesario que los profesores conecten con la familia para planificar juntos las acciones que pueden desarrollarse en casa, en el marco de la colaboración familiar, que podrían materializarse en programas de autonomía personal y programas de refuerzo educativo.

La participación de los padres en el proceso educativo de sus hijos, además de repercutir de forma beneficiosa sobre el niño con discapacidad, tiene grandes ventajas para los propios padres, pues éstos necesitan sentirse útiles frente a su hijo, ser capaces de afrontar el problema y saberse competentes para aportar soluciones, y esto es probablemente uno de los sistemas más eficaces de apoyo para sí mismos. No se trata de convertir a la familia y el hogar en una nueva escuela, ni de agobiar a los padres con tareas excesivas. Al contrario, se trata de orientarlos hacia una colaboración coherente y serena, que redunde en beneficios hacia su hijo.

Para que la formación que los niños y jóvenes reciben en el colegio sea verdaderamente eficaz, es preciso que exista una adecuada coordinación y una comunicación fluida entre los padres y los profesores. Por un lado el colegio debe complementar la educación familiar. Por otro, los padres deben cooperar de manera activa en la formación escolar de sus hijos, manteniéndose bien informados de su marcha en el colegio y facilitando el ambiente para el trabajo escolar en casa.

La necesidad de establecer una estrecha colaboración entre padres y profesionales (profesores, médicos, psicopedagogos, etc.) viene fundamentada en que ambos disponen de los elementos de información esenciales para optimizar la intervención. Los padres son los que conocen mejor a su hijo, así como el ambiente en el que crece, y los profesionales conocen los principios, estrategias y métodos generales de intervención, así como los conocimientos en torno a la discapacidad.

 

 

2. Dificultades y desencuentros

Resulta importante que para lograr el desarrollo de todas las potencialidades de los niños con síndrome de Down y para conseguir cumplir los objetivos educativos que se van proponiendo curso tras curso, exista una coordinación con la familia. Ahora bien, mientras que todo el mundo está de acuerdo en que la familia y los centros educativos deben unir sus esfuerzos para la educación de los alumnos, los problemas comienzan a aparecer cuando se trata de delimitar las funciones de una y otra institución.

Las medidas de participación de la familia sólo son efectivas cuando las relaciones familia-escuela se desarrollan en un clima de cordialidad y colaboración, situación que no siempre existe en los centros escolares, ya sea por la falta de comunicación o por la incomprensión de unos y otros hacia estos mecanismos de participación. Es necesario destacar, en este sentido, la poca participación de los padres en las elecciones escolares como consecuencia en algunos casos del desánimo y cansancio que existe en este sector de la comunidad educativa, y en otros casos debido al desinterés o desinformación de sus canales de comunicación con la escuela. En todo caso, sería conveniente reflexionar sobre la conveniencia de intensificar la participación de los padres en cuantos ámbitos de colaboración con el centro escolar se desarrollen.

Esta colaboración-participación directa debería entenderse de una manera interactiva, de forma que los padres fueran los colaboradores de los profesores para la conquista de los objetivos educativos que se plantean y, al mismo tiempo, los profesores fueran colaboradores de los padres en su tarea educativa. Probablemente, el hecho de que muchos padres y profesores entiendan esta relación en una sola dirección, es la causa central de muchas disputas y descoordinaciones que existen en las relaciones familia-escuela. La escuela y la familia en general, y los padres y profesores en particular han de tomar las medidas necesarias para conseguir el mayor grado de sintonía posible en esta relación, cuestión que debería ser una aspiración de todos los agentes educativos.

Desde la familia es necesario que se adopte una actitud de confianza hacia el centro educativo y los profesores, que lleve a los padres a adoptar una actitud de colaboración en las tareas educativas que se indican por parte del centro y los profesores, y a establecer una comunicación fluida con el profesorado.

Desde la institución educativa y el profesorado es necesaria la adopción de una serie de actitudes y medidas que garanticen y posibiliten la colaboración efectiva de los padres en la tarea educativa respecto de sus hijos. Esta colaboración-participación de los padres, habría que entenderla en sentido amplio; y por tanto no sólo referida a cuestiones como el refuerzo educativo o los problemas de conducta que sus hijos puedan manifestar en el centro educativo, sino que se debería intentar que los padres se sintieran partícipes reales del proceso seguido por sus hijos mediante la adopción de actitudes positivas hacia su participación y colaboración en el conjunto del proceso educativo y de medidas concretas que posibiliten y fomenten esa participación.

En ese sentido, no deben considerarse como válidas algunas afirmaciones o conclusiones referidas a la poca participación de los padres y que por ello su opinión no debe tener carácter concluyente. Los padres no suelen participar por muchas y variadas razones, entre las que se encuentran aquéllas sobre las que la institución escolar y los profesores pueden actuar, como son: la carencia de información de los profesores hacia las familias, la inexistencia de cauces fluidos de información escolar, la comunicación personal prácticamente inexistente, actitudes negativas de algunos profesores hacia su colaboración, etc.

Y es que el profesorado no siempre ve con buenos ojos la participación y colaboración de los padres, considerándose por parte de algunos que se entrometen en la tarea de los profesores. Aunque esto puede ser verdad en algunos casos, creemos que el profesorado debería cambiar sus actitudes respecto a la colaboración de los padres en el proceso educativo de sus hijos. Entre los cambios que deberían producirse se encuentran los siguientes:

a. Actitud positiva de aceptación hacia la colaboración de los padres en todo el proceso educativo de sus hijos.
b. Informar cotidianamente a los padres de los planes, proyectos, dificultades,
etc., que se producen en el proceso educativo de sus hijos.
c. Solicitar la colaboración de los padres siempre que sea necesario para el proceso educativo de sus hijos.
d. Orientar a los padres en aquellos asuntos en los que éstos se encuentren desorientados.

 

 

3. Participación de los padres en los centros escolares

La participación de los padres en los centros escolares está regulada por la normativa vigente, que se concreta en su participación en el Consejo Escolar del centro y el asociacionismo de los padres. Además de estas medidas de participación de los representantes de los padres, se establecen otras medidas directas de participación y colaboración con los profesores de sus hijos. Pero estos mecanismos directos de participación no están totalmente regulados, ya que su regulación depende del centro educativo y del equipo docente correspondiente.

Respecto a las medidas que, tanto centros como profesores, deberían tomar para el fomento y desarrollo de la participación familiar se encuentran, al menos, las siguientes:

a. Establecimiento de canales fluidos de información, que tanto padres como profesores puedan usar habitualmente.
b. Regulación de las reuniones colectivas con los padres al comienzo de cada período lectivo (por lo menos una cada año), con el fin de explicar y hacer partícipes a los padres de los objetivos, criterios de evaluación y metodología que se van a utilizar durante el mismo.
c. Comunicaciones habituales por escrito, sobre las cuestiones que requieran la atención educativa de los padres.
d. Entrevistas individuales con los padres (por lo menos 1 al trimestre) para discutir sobre la marcha de los hijos.

Es importante que los padres participen de forma activa en la comunidad educativa del colegio de los hijos, formando parte del consejo escolar, de la asociación de padres, participando en actividades culturales, deportivas, etc. Tienen que sentirse parte activa en la comunidad educativa.

 

 

4. Colaborar en la acción educativa

El papel fundamental de los padres en la acci6n educativa supone una confluencia necesaria con otra institución también fundamental en la educación del niño, como es la escuela. Ya hemos comentado cómo se concreta la participación de los padres en el desarrollo de la autonomía de sus hijos, de su comunicación, etc. Y también se han planteado algunos mecanismos de colaboración con la escuela. Ahora vamos a analizar cómo puede concretarse esta colaboración. García Vidal (1995) señala cómo las relaciones entre familia y profesorado se articulan en relación con los siguientes profesionales de enseñanza:

 

4.1. Con el profesor-tutor

Las relaciones de la familia con el profesor-tutor de su hijo constituyen la clave para conseguir aunar esfuerzos dirigidos hacia la conquista de objetivos educativos. El tutor ha de ser el eslabón entre las demás instancias escolares y la familia, y para ello es necesario que planifique la acción tutorial con los padres de los alumnos. Esta acción se ha de realizar con una mayor minuciosidad cuando se trate de alumnos con síndrome de Down o con otras necesidades educativas especiales, procurando que los contactos sean lo más asiduos posible, para de esta forma coordinar los esfuerzos familiares en favor de la educación de su hijo.

La colaboración continuada de la familia con el profesor-tutor resulta básica. Porque, además de los planteamientos comunes a todos los alumnos, en los alumnos con síndrome de Down ha de cuidar el desarrollo de:

- Programas específicos que requieran la colaboración familiar para el logro de los objetivos, como pueden ser los programas de adaptación social y de desarrollo de la autonomía personal que a veces es necesario seguir con estos alumnos.

- Programas de refuerzo escolar, que precisen de tiempo complementario, y en los que la familia pueda colaborar.

 

4.2. Con los especialistas de apoyo

En general, el contacto sistemático de la familia se debería producir con el tutor, a quien los especialistas del apoyo escolar deberían tener informado de las demandas y cambios en los que es necesaria la colaboración familiar. Sin embargo, a veces es necesario que los especialistas de apoyo tengan contacto directo y continuado con las familias de alumnos con necesidades educativas especiales como puede ser el caso de los alumnos que siguen programas de logopedia, que es necesario continuar en casa.

Algunos de los programas en los que las familias pueden, y deben, colaborar con los especialistas del apoyo, son: programas de atención temprana, programas de desarrollo motor, programas de desarrollo lingüístico, de desarrollo perceptivo, de desarrollo de la autonomía personal, de desarrollo psicosocial, etc.

 

4.3. Con el orientador

El orientador, sea de equipo psicopedagógico o de centro, necesita de la colaboración familiar para el logro de sus objetivos como profesional, aunque no sea precisa una colaboración tan continuada como la que tienen que mantener los profesores, tutores o de apoyo.

La colaboración de la familia con el orientador es especialmente importante en los siguientes momentos de la escolarización de los alumnos con necesidades educativas especiales: a) detección de las necesidades educativas especiales del alumno; b) búsqueda del emplazamiento escolar más adecuado; c) cambios de escolaridad, ya sea por la finalización de etapa o por cambio de centro; y d) en todos aquellos momentos en que se produzcan cambios significativos en las necesidades educativas especiales que un alumno posee.

A pesar de lo discontinuo del contacto, es preciso que los orientadores planifiquen la atención a los padres de estos alumnos, con el fin de recoger sus demandas y trasladarlas a las instancias del centro que correspondan, ya que a veces el orientador es el único puente existente entre el centro y la familia, especialmente en momentos de crisis en las relaciones.

Uno de los momentos más importantes y delicados de la participación de los padres se da en la propuesta de escolarización. En esta decisión convergen diferentes valoraciones: la opinión del equipo psicopedagógico sobre cuál es el entorno educativo más adecuado para el alumno; los recursos disponibles en los centros para ofrecer una respuesta satisfactoria, y los deseos y expectativas de los padres en relación con la educación de su hijo.