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La enfermedad celíaca
Indice del artículo
La enfermedad celíaca
Diagnóstico
Cómo iniciar el tratamiento
Mantener la dieta sin gluten fuera de casa
Cómo iniciar el tratamiento
La dieta sin gluten
Conclusión
Todas las páginas

 

 

 

 

Sólo en los últimos años se ha cobrado conciencia de que la enfermedad celíaca aparece con cierta mayor frecuencia en los niños con síndrome de Down que en el resto de la población. Aparece en alrededor del 5 %. Por este motivo, se le presta mayor atención y su diagnóstico y tratamiento forma ya parte de los programas de salud específicos para niños con síndrome de Down (ver en este Portal: (ver en este Portal: Programas de salud en la Infancia y Alteraciones digestivas

 

La enfermedad celíaca, también llamada esprúe, intolerancia al gluten o enteropatía por gluten, es una condición genética provocada por la sensibilidad creada frente al gluten. El gluten es un compuesto proteico constituido por las proteínas gliadina y gluteína, que se encuentra en muchos cereales (el trigo, la cebada, la avena y el centeno) pero no en otros (maíz, arroz). Esa sensibilidad se manifiesta en las células que tapizan la pared del intestino. En un intestino sano, las membranas que tapizan el tubo intestinal por dentro forman unas protrusiones o excrecencias en forma de dedos que se llaman vellosidades intestinales (figura 1, a y c).

 

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Figura 1. La biopsia de la mucosa intestinal permite visualizar al microscopio el estado de las vellosidades intestinales.
a y c: mucosa intestinal normal. Las largas vellosidades se aprecian bien individualizadas, como dedos.
b y d: mucosa intestinal afectada por la enfermedad celíaca. Aparece una gran infiltración de células que "hinchan" el epitelio y borran la individualidad de cada vellosidad, la cual termina por desaparecer. El contenido alimenticio digerido en el intestino no puede entrar en contacto con la vellosidad y no puede ser absorbido.
 
 

Conforme la comida se va digiriendo, se va poniendo en contacto y rodeando las vellosidades, las cuales son las encargadas de absorber los nutrientes (agua, azúcar, vitaminas, minerales, grasas, aminoácidos). Una vez absorbidos van pasando al torrente circulatorio. En una persona que no tiene enfermedad celíaca, estas vellosidades son flexibles, se mantiene separadas unas de otras, y se mueven suavemente como en un campo de hierba expuesto al viento.

 

 

Cuando la persona tiene enfermedad celíaca, la exposición a la proteína gluten provoca una reacción inmunitaria en las células de las vellosidades intestinales. Aparecen linfocitos que se van acumulando en las vellosidades, hinchándolas hasta hacerles perder su configuración y su flexibilidad. Poco a poco la superficie se aplana (figura 1, b y d), lo que les incapacita en mayor o menor grado para absorber los nutrientes del alimento. En ocasiones las vellosidades se aplastan del todo contra la pared del intestino, en un proceso de completa destrucción. Cuando esto ocurre muy poca energía o nutrientes van a ser absorbidos a partir de los alimentos. Este proceso a veces ocurre de forma muy rápida y otras veces va apareciendo lentamente.

 

Los síntomas de la enfermedad celíaca se deben a la incapacidad del intestino para absorber los nutrientes, una vez digerido el alimento. Los más corrientes son:



• la diarrea, que es frecuente
• los vómitos
• la pérdida de peso, sin causa aparente
• el retraso en el aumento de talla, a pesar de que la ingesta calórica es la adecuada
• exceso de aire en el intestino
• dolores o molestias abdominales

 

A veces cambia el olor de las heces, a peor, o son más abundantes de lo habitual, o son blandas. Si la enfermedad celíaca transcurre sin diagnosticar durante bastante tiempo, puede aparecer un engrosamiento de las uñas, o toman un tinte amarillento. De la misma manera, si la enfermedad no se diagnostica y se trata, habrá una mala absorción de nutrientes, lo que provocará deficiencias vitamínicas y otros efectos colaterales perjudiciales como son: la deshidratación, la anemia, dificultades para expulsar la heces, cambios en la conducta (irritabilidad o incapacidad para mantener la atención y la concentración) y confusión.