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Entrevista: Gunilde Schelstraete

 

Entrevista a: Gunilde Schelstraete

  

 

 

Gunilde Schelstraete es Licenciada en Psicopedagogía por la Universidad de Gante (Bélgica).  Su trabajo se desarrolla en la Fundación Síndrome de Down de Cantabria. Participa en: talleres educativos, taller de educación emocional, apoyo individual a alumnos en edad escolar. Es responsable en Santander del estudio sobre el envejecimiento de la persona con síndrome de Down, dirigido por el Proyecto Aura de Barcelona. 

 

 

1. Las diferencias entre los alumnos con síndrome de Down y los que no tienen esta discapacidad son más patentes a partir de la ESO. ¿Cómo se trabaja para reducir estas disparidades?

 

Es muy difícil, por no decir imposible, reducir las diferencias entre ambos grupos. A medida que avanza la edad cronológica, las diferencias se hacen cada vez más grandes.
Lo que sí podemos hacer es prepararles lo mejor posible, tanto en el plano académico como en el personal, para que puedan integrarse al máximo en la sociedad dentro de
sus posibilidades.

 

 

2. En esta época de preadolescencia, los jóvenes comienzan a moverse por entornos alejados de los de sus padres. ¿Cómo deben actuar los progenitores? ¿Deben permitir este espacio o ser más estrictos?

 

Aconsejamos a los padres que enfoquen la educación de sus hijos de tal modo que en el futuro pueden ser lo más autónomos posible. Así, cuando lleguen a la adolescencia, la
mayoría habrá alcanzado un nivel de autonomía y de responsabilidad bastante satisfactorio y les permitirá ponerlo en práctica en el día a día. Aunque a los padres les cuesta y supone cierta preocupación al principio, les pedimos que les dejen experimentar esta responsabilidad. Primero con cierta supervisión y en un ámbito familiar para ellos, para luego ir dejándoles cada vez más libertad, por supuesto siempre de acuerdo con sus capacidades y su edad.

 

3. ¿Qué tareas deben fomentar los padres para favorecer la independencia de los jóvenes?

 

Desde pequeños tiene que haber en casa, en el colegio, y en otros ámbitos que frecuenten con regularidad, la voluntad y la existencia real de tareas y responsabilidades para ellos, adecuadas a su edad y su nivel de desarrollo. Va desde colgarse el abrigo y recoger sus juguetes, hasta ayudar en las tareas de la casa, bajar la basura o pasear el perro.

 

4. La formación académica entra en este periodo en una nueva etapa. ¿Cómo se articula el trabajo en estas edades? ¿Difiere mucho del aprendizaje de la Educación Primaria?

La planificación educativa para el alumno con síndrome de Down realmente ya tiene que ser distinta desde la educación infantil, dadas las características y el estilo de aprendizaje específicos que presenta. 

 

Su lentitud y sus limitaciones cognitivas hacen que el trabajo académico del último ciclo de la educación primaria en adelante se complica aún más, debido a las características de esta etapa: el creciente nivel de abstracción, una menor secuenciación y descomposición de objetivos y contenidos, mayor exigencia en cuestiones de organización y de planificación, y una presuposición de un grado de autonomía personal y de habilidades sociales, entre otros.

 

Sin perder de vista los aprendizajes académicos, tiene que darse al menos la misma importancia al desarrollo del trabajo autónomo, del autocontrol de las emociones y de una conducta social competente.

 

5. ¿Existe información para profesionales sobre la educación en edades adolescentes o es un trabajo menos desarrollado que las fases iniciales de formación?

 

Desde luego, no existe una bibliografía tan extensa como la que podemos encontrar sobre las edades tempranas. Sí hay cada vez más información, más experiencias y mas literatura que aborda el desarrollo emocional en la adolescencia, así como propuestas más acertadas de adaptaciones curriculares basadas en una metodología  y unas actividades funcionales y prácticas. Es todo un paso hacia delante, teniendo en cuenta la creciente especialización de áreas y materias, propia de la estructura de la Educación Secundaria. Es muy útil, en ese sentido, el librito de D. Emilio Ruiz que acaba de publicar la Fundación Iberoamericana Down21 y está disponible en Canal Down21.

Con el tiempo tenemos que conseguir que la puesta en práctica de programas de habilidades sociales específicos en los centros educativos se considere como un objetivo tan importante como cualquier planteamiento académico.

 

6. Su trabajo se basa fundamentalmente en el aprendizaje funcional; por ejemplo, que los jóvenes sepan arreglarse con el dinero o utilizar un autobús. ¿Qué estrategias utiliza para que aprendan a desenvolverse por ellos mismos?

 

Con estas estrategias se empieza mucho antes de que los alumnos se inicien en la Secundaria. Para manejar el dinero es fundamental una buena base de cálculo, aunque
sea con cantidades pequeñas: numeración, las seriaciones, el cálculo mental básico... Hay que empezar con cantidades pequeñas y hacer infinidad de actividades para que adquieran confianza con esta cantidad: identificar, nombrar, hacer equivalencias, simular la compras... Subir a un autobús implica una serie de habilidades sociales y de autonomía personal que, como se mencionó antes, habrá que trabajar desde que son pequeños.

El aprendizaje funcional también es emplear lo aprendido a lo largo de los años en las asignaturas de matemáticas, lengua y conocimiento del medio en el día a día: proponer la lectura de carteles, folletos, calcular el precio de una compra, comprender la previsión de tiempo...

 

7. ¿Están motivados o, por el contrario, el desarrollo de actividades más dificultosas reduce el grado de motivación?

 

Por norma general, están muy motivados para hacer y aprender cosas que les vayan a permitir una mayor libertad o más autonomía. A partir de cierta edad, parecen estar ansiosos por "hacerse mayores".

 

8. Con la llegada de la adolescencia, los jóvenes con síndrome de Down son más conscientes de su discapacidad. ¿Cómo se trabaja, desde un punto de visto psicológico, para evitar traumas o retrocesos en su proceso de adaptación?

 

La adolescencia es para todos una etapa difícil en la vida, no sólo para las personas con síndrome de Down. Ellas se van dando cuenta de sus diferencias, y sus compañeros
de igual edad también. Es necesario darles mucha información y apoyo para que no sufran con un posible rechazo o aislamiento social. Es también la razón de la importancia de unas buenas habilidades sociales: así como los niños pequeños rara vez rechazan a un compañero con discapacidad por esta condición, al adolescente y adulto se le exige demostrar permanentemente que tiene capacidad para convivir y relacionarse, y por tanto, a ser aceptado. Es un acierto que Canal Down21 tenga unas páginas dedicadas al desarrollo de habilidades sociales y de la inteligencia emocional.

Las relaciones de amistad verdadera cobran cada vez más importancia. Muchas veces, la “amistad” con compañeros de colegio o instituto se limita a la aceptación o la protección, por lo que no hay que temer, e incluso fomentar, la amistad con otras personas con discapacidad que tienen intereses semejantes y un nivel intelectual similar. Son relaciones distintas a las que tienen con padres o profesores: permiten de verdad compartir intereses y aspectos propios del desarrollo, así como actuar como espejos a la hora de formar su propia identidad.

 

9. ¿Cómo viven los jóvenes este proceso de maduración, dejar la niñez y
entrar en la adolescencia?

 

En algunos casos es más delicado que en otros. Quieren ser como los demás, les llama la atención sobre todo el mayor grado de libertad que van adquiriendo los demás adolescentes. Es importante que tengan una visión realista del futuro y que sean conscientes de sus características personales, con todas las posibilidades y limitaciones que esto conlleva. Es una tarea que recae fundamentalmente en los padres. Tendrán que hablarle a su hijo/a del síndrome de Down, e ir ajustando poco a poco sus expectativas de futuro si ven que no se podrán ver cumplidas. No les hacemos ningún favor permitiéndoles que sigan soñando con profesiones o actividades inalcanzables. Siempre que se les dé información clara y concreta, y se les ofrecen alternativas, ellos no lo van a pasar mal.

 

10. ¿Qué actividades se realizan actualmente desde la Fundación Síndrome de Down para favorecer el ocio e integración social de los adolescentes?

 

Las actividades programadas en este sentido tienen como objetivo enriquecer la vida de la persona con síndrome de Down. La amistad, el compañerismo y las actividades recreativas fomentan la salud física y mental de cualquier individuo, tenga o no una discapacidad. En nuestra Fundación promovemos el deporte semanal, tanto individual como en grupo. Mensualmente, los jóvenes se reúnen en el club de ocio, donde comparten juegos, actividades y meriendas. Los alumnos más jóvenes pueden participar en las convivencias de verano y los adolescentes y adultos hacen viajes culturales. A partir de la adolescencia, se estimula a los alumnos para que se relacionen entre ellos durante las vacaciones, los fines de semana... Pero lo más importante es la convivencia diaria, según las posibilidades de cada grupo de edad, que facilita la constante comunicación, el compañerismo, el sentirse ubicados, el sentirse reconocidos y valorados por sus profesionales y compañeros.