- Mensajes: 712
cómo ayuda a obtener confianza en sí mismos
- Jesus
- Fuera de línea
Menos
Más
10 años 5 meses antes #57101
por Jesus
Respuesta de Jesus sobre el tema cómo ayuda a obtener confianza en sí mismos
Queridos amigos: He seguido con enorme interés vuestras reflexiones y poco hay que añadir. Sirvan algunas ideas que expresé el sábado pasado en Zaragoza en relación con las actitudes de la sociedad ante la discapacidad intelectual: Un abrazo. Jesús
Consecuencias y reflexiones
El estudio que acabo de exponer nos dice claramente que las evaluaciones positivas sobre los niños con síndrome de Down en el nivel explícito coexisten con evaluaciones negativas en el nivel implícito. Es decir, una cosa son las solemnes declaraciones de los programas políticos y sociales, las conclusiones emanadas de conspicuos gabinetes o despachos académicos, y otra la realidad sentida íntimamente y ejercida por cada uno de los miembros que formamos parte de la sociedad.
Esto explica por qué la población general muestra una conducta tan ambivalente en la práctica: en las múltiples oportunidades de convivencia de la vida cotidiana con personas con síndrome de Down, en el rechazo impulsivo a que nazcan, a que convivan en el parque, en la escuela, en el trabajo, en la cafetería o restaurante, en la iglesia, en la discoteca.
Con esto abordamos el punto realmente crítico en la lucha contra el prejuicio: el valor de la relación, del conocimiento, del contacto entre grupos diversos para conseguir un impacto que sea beneficioso en el nivel implícito de nuestra conciencia. En otras palabras, la conversión de nuestra natural tendencia a rechazar lo diferente, lo frágil.
No menos importante es considerar la influencia que nuestra actitud implícita ejerce a la larga sobre los adolescentes con síndrome de Down. Tengamos en cuenta que su sensibilidad para captar y comprender una actitud es superior a la que muestran para captar ciertos conceptos y declaraciones. Es decir, es nuestra actitud implícita, diariamente percibida por ellos, la que ejerce mayor influencia en su autovaloración y autoestima que cualquier declaración o afirmación explícita. El adolescente con síndrome de Down, actualmente con una edad mental de 7-8 años, entiende muy bien cómo es valorado o rechazado, sufre el estrés permanente de la discriminación real, sabe que la sociedad está tratando de evitar por todos los medios que nazcan más personas como él. Y es en esa época de la vida –la adolescencia– cuando se perfilan sus sistemas de valores sobre sí mismos y sobre los demás. Si la adolescencia es período de turbulencia en cualquier joven, lo es mucho más en el que tiene síndrome de Down porque empieza a constatar lo doloroso que puede significar “ser diferente”. Algunas de estas diferencias son insoslayables, y hay que ayudarles a que las asimilen y las superen, lo que se consigue con paciencia y esmerada intervención. Pero otras son estigmas añadidos que imponemos desde nuestro propio egoísmo y desde nuestra pervertida escala de valores.
Quizá no somos conscientes de todo el daño que nuestras conductas de sutil –en ocasiones, no tan sutil– rechazo ocasionan sobre el propio desarrollo cerebral. El rechazo, fielmente captado por una innata sensibilidad, como antes he afirmado, genera estrés. Y el estrés, que se manifiesta biológicamente en el cerebro por la liberación de transmisores perjudiciales en las sinapsis de ciertos núcleos cerebrales, va minando la arquitectura microscópica de redes neuronales cuyo recto funcionamiento es responsable del equilibrio mental, de la conducta ordenada. En el fondo de la conducta depresiva, o de la regresión desde un nivel esperanzador de comportamiento a otro de mucha menor calidad, cada vez más diagnosticadas en los adolescentes con síndrome de Down, se encuentra la acción depredadora del estrés a que están sometidos. Comprueban que el infinito esfuerzo que hacen por progresar en sus capacidades y logros choca contra el veredicto, tantas veces negativo, de la sociedad.
Pienso que debemos tomar muy en serio la necesidad de promover un vuelco significativo en nuestros más íntimos pensamientos/prejuicios. Un vuelco que no sólo se manifieste en declaración de intenciones sino en la realidad del día a día. A todos los niveles. Empezando por promover el buen entendimiento para con las personas con discapacidad desde la más temprana edad.
¿Qué hacer?
Repito: No cabe transformación social duradera y profunda sin transformación personal.
[Ruiz E. Actitudes, estereotipos y prejuicios: su influencia en el síndrome de Down. Propuestas de intervención. Revista Síndrome de Down, Septiembre 2012: revistadown.downcantabria.com/2012/09/01...el-sindrome-de-down/].
Las actitudes comprenden
- lo que alguien piensa; creencias;
- lo que siente: emociones;
- y lo que hace: acciones.
Las ideas se piensan, pero las creencias se viven. Las creencias nos poseen. A veces son fruto de razonamiento objetivo. Pero otras son fruto de información falsa, o no contrastada.
Si vemos a una persona con síndrome de Down, si pensamos en la trisomía, de inmediato sentimos agrado o desagrado, rechazo o atracción, gusto o disgusto. La emoción nos invade, nos posee, nos domina. Las ideas se tienen, pero en las emociones estamos.
Las creencias y las emociones son los fundamentos de las acciones. Lo que los demás creen y sienten sobre el tema les lleva a tomar postura en cuanto a decisiones significativas en la vida de estas personas.
¿Qué hacemos los padres?
¿Qué hacen los profesionales de la salud? ¿Se mantienen neutrales?
¿Qué hacen los educadores?
¿Cuántas veces no hemos oído esta frase tan terrible por parte de amigos y conocidos: “Con todas las pruebas que hay hoy en día, ¿cómo habéis dejado que naciera?”.
La actitud nuevamente se expresa en acciones concretas. En nuestro caso han de ir materializadas por actuaciones determinantes:
• La inclusión social y la integración educativa
• El contrato de trabajo en empresa ordinaria
• La convivencia diaria
• La participación social
• Abrirse al entorno
• Compartir tiempos y espacios
• Promover relaciones cercanas
• Cuando las personas con síndrome de Down participan en diferentes situaciones sociales, ellas mismas se convierten en su mejor publicidad.
• Cambiar estereotipos: el poder de la información y de la comunicación
Conclusión
No lo negamos: es un trabajo a largo plazo. ¿Y mientras tanto? Influir sobre el entorno, sobre las personas más próximas a nosotros, para que conozcan más y mejor la realidad, para formarles en el respeto a la diversidad, manifestada en este caso por la discapacidad intelectual.
¿Qué nos falta? Creer en nuestros hijos y transmitir esa creencia a los demás, a los más próximos. Y con paciencia, cercanía y amor, hacerles ver a nuestros hijos que, desgraciadamente, muchas personas todavía no creen en los valores auténticos y capacidades que ellos poseen. Mi experiencia me dice que, con nuestro apoyo incondicional, terminan por comprenderlo y aceptarlo. Porque nuestra cercanía es su máxima fuente de seguridad.
No cabe transformación social duradera y profunda sin transformación personal.
Consecuencias y reflexiones
El estudio que acabo de exponer nos dice claramente que las evaluaciones positivas sobre los niños con síndrome de Down en el nivel explícito coexisten con evaluaciones negativas en el nivel implícito. Es decir, una cosa son las solemnes declaraciones de los programas políticos y sociales, las conclusiones emanadas de conspicuos gabinetes o despachos académicos, y otra la realidad sentida íntimamente y ejercida por cada uno de los miembros que formamos parte de la sociedad.
Esto explica por qué la población general muestra una conducta tan ambivalente en la práctica: en las múltiples oportunidades de convivencia de la vida cotidiana con personas con síndrome de Down, en el rechazo impulsivo a que nazcan, a que convivan en el parque, en la escuela, en el trabajo, en la cafetería o restaurante, en la iglesia, en la discoteca.
Con esto abordamos el punto realmente crítico en la lucha contra el prejuicio: el valor de la relación, del conocimiento, del contacto entre grupos diversos para conseguir un impacto que sea beneficioso en el nivel implícito de nuestra conciencia. En otras palabras, la conversión de nuestra natural tendencia a rechazar lo diferente, lo frágil.
No menos importante es considerar la influencia que nuestra actitud implícita ejerce a la larga sobre los adolescentes con síndrome de Down. Tengamos en cuenta que su sensibilidad para captar y comprender una actitud es superior a la que muestran para captar ciertos conceptos y declaraciones. Es decir, es nuestra actitud implícita, diariamente percibida por ellos, la que ejerce mayor influencia en su autovaloración y autoestima que cualquier declaración o afirmación explícita. El adolescente con síndrome de Down, actualmente con una edad mental de 7-8 años, entiende muy bien cómo es valorado o rechazado, sufre el estrés permanente de la discriminación real, sabe que la sociedad está tratando de evitar por todos los medios que nazcan más personas como él. Y es en esa época de la vida –la adolescencia– cuando se perfilan sus sistemas de valores sobre sí mismos y sobre los demás. Si la adolescencia es período de turbulencia en cualquier joven, lo es mucho más en el que tiene síndrome de Down porque empieza a constatar lo doloroso que puede significar “ser diferente”. Algunas de estas diferencias son insoslayables, y hay que ayudarles a que las asimilen y las superen, lo que se consigue con paciencia y esmerada intervención. Pero otras son estigmas añadidos que imponemos desde nuestro propio egoísmo y desde nuestra pervertida escala de valores.
Quizá no somos conscientes de todo el daño que nuestras conductas de sutil –en ocasiones, no tan sutil– rechazo ocasionan sobre el propio desarrollo cerebral. El rechazo, fielmente captado por una innata sensibilidad, como antes he afirmado, genera estrés. Y el estrés, que se manifiesta biológicamente en el cerebro por la liberación de transmisores perjudiciales en las sinapsis de ciertos núcleos cerebrales, va minando la arquitectura microscópica de redes neuronales cuyo recto funcionamiento es responsable del equilibrio mental, de la conducta ordenada. En el fondo de la conducta depresiva, o de la regresión desde un nivel esperanzador de comportamiento a otro de mucha menor calidad, cada vez más diagnosticadas en los adolescentes con síndrome de Down, se encuentra la acción depredadora del estrés a que están sometidos. Comprueban que el infinito esfuerzo que hacen por progresar en sus capacidades y logros choca contra el veredicto, tantas veces negativo, de la sociedad.
Pienso que debemos tomar muy en serio la necesidad de promover un vuelco significativo en nuestros más íntimos pensamientos/prejuicios. Un vuelco que no sólo se manifieste en declaración de intenciones sino en la realidad del día a día. A todos los niveles. Empezando por promover el buen entendimiento para con las personas con discapacidad desde la más temprana edad.
¿Qué hacer?
Repito: No cabe transformación social duradera y profunda sin transformación personal.
[Ruiz E. Actitudes, estereotipos y prejuicios: su influencia en el síndrome de Down. Propuestas de intervención. Revista Síndrome de Down, Septiembre 2012: revistadown.downcantabria.com/2012/09/01...el-sindrome-de-down/].
Las actitudes comprenden
- lo que alguien piensa; creencias;
- lo que siente: emociones;
- y lo que hace: acciones.
Las ideas se piensan, pero las creencias se viven. Las creencias nos poseen. A veces son fruto de razonamiento objetivo. Pero otras son fruto de información falsa, o no contrastada.
Si vemos a una persona con síndrome de Down, si pensamos en la trisomía, de inmediato sentimos agrado o desagrado, rechazo o atracción, gusto o disgusto. La emoción nos invade, nos posee, nos domina. Las ideas se tienen, pero en las emociones estamos.
Las creencias y las emociones son los fundamentos de las acciones. Lo que los demás creen y sienten sobre el tema les lleva a tomar postura en cuanto a decisiones significativas en la vida de estas personas.
¿Qué hacemos los padres?
¿Qué hacen los profesionales de la salud? ¿Se mantienen neutrales?
¿Qué hacen los educadores?
¿Cuántas veces no hemos oído esta frase tan terrible por parte de amigos y conocidos: “Con todas las pruebas que hay hoy en día, ¿cómo habéis dejado que naciera?”.
La actitud nuevamente se expresa en acciones concretas. En nuestro caso han de ir materializadas por actuaciones determinantes:
• La inclusión social y la integración educativa
• El contrato de trabajo en empresa ordinaria
• La convivencia diaria
• La participación social
• Abrirse al entorno
• Compartir tiempos y espacios
• Promover relaciones cercanas
• Cuando las personas con síndrome de Down participan en diferentes situaciones sociales, ellas mismas se convierten en su mejor publicidad.
• Cambiar estereotipos: el poder de la información y de la comunicación
Conclusión
No lo negamos: es un trabajo a largo plazo. ¿Y mientras tanto? Influir sobre el entorno, sobre las personas más próximas a nosotros, para que conozcan más y mejor la realidad, para formarles en el respeto a la diversidad, manifestada en este caso por la discapacidad intelectual.
¿Qué nos falta? Creer en nuestros hijos y transmitir esa creencia a los demás, a los más próximos. Y con paciencia, cercanía y amor, hacerles ver a nuestros hijos que, desgraciadamente, muchas personas todavía no creen en los valores auténticos y capacidades que ellos poseen. Mi experiencia me dice que, con nuestro apoyo incondicional, terminan por comprenderlo y aceptarlo. Porque nuestra cercanía es su máxima fuente de seguridad.
No cabe transformación social duradera y profunda sin transformación personal.
Responder a Jesus
- Evelia
- Autor del tema
10 años 5 meses antes #57081
por Evelia
Respuesta de Evelia sobre el tema cómo ayuda a obtener confianza en sí mismos
Gracias Saro, amor es el que plasman en sus líneas, llenas de valentía entusiasmo,bondad, comprensión que ániman a seguir adelante y me puedo imaginar ese volcan de sentimientos que trasmiten a quienes nos dan todo sin pedirnos nada hermana,hija,..y que tan generosamenten comparten con nosotros y es esa esencia que les hace levantar dia a dia, ánimo que mañana será un nuevo dia.saludos
Responder a Evelia
- Saro
- Autor del tema
10 años 5 meses antes #57079
por Saro
Respuesta de Saro sobre el tema cómo ayuda a obtener confianza en sí mismos
Querida Evelia:
Qué preciosidad tu cita: El amor todo lo puede, todo lo soporta y enaltece el alma.
No conocía esta frase, pero podría convertirse en el lema de una vida.
Hoy no está siendo un día fácil para mí, no por nada en especial, sino porque es uno de esos días en que uno se encuentra con más desánimo, quizás por el cansancio acumulado, o por lo que sea.
A veces tengo miedo de quedarme sin fuerzas, pero esa afirmación en particular de tu cita, eso de que el amor todo lo soporta, hoy me va a dar mucha energía, ya lo verás.
Así que cientos de gracias, Evelia.
Espero que sea hasta muy pronto.
Me encanta ver que nos vamos reanimando y volvemos a escribir en nuestro foro, tan querido para mí porque es donde me reúno con ustedes.
¿Se acuerdan de cuando nos contábamos anécdotas de nuestros familiares, de cuando nos contábamos retazos de nuestras vidas? ¿Por qué no volvemos a eso?
¡Sería tan enriquecedor, confortaría tanto...!
Abrazos para todos,
Saro
Qué preciosidad tu cita: El amor todo lo puede, todo lo soporta y enaltece el alma.
No conocía esta frase, pero podría convertirse en el lema de una vida.
Hoy no está siendo un día fácil para mí, no por nada en especial, sino porque es uno de esos días en que uno se encuentra con más desánimo, quizás por el cansancio acumulado, o por lo que sea.
A veces tengo miedo de quedarme sin fuerzas, pero esa afirmación en particular de tu cita, eso de que el amor todo lo soporta, hoy me va a dar mucha energía, ya lo verás.
Así que cientos de gracias, Evelia.
Espero que sea hasta muy pronto.
Me encanta ver que nos vamos reanimando y volvemos a escribir en nuestro foro, tan querido para mí porque es donde me reúno con ustedes.
¿Se acuerdan de cuando nos contábamos anécdotas de nuestros familiares, de cuando nos contábamos retazos de nuestras vidas? ¿Por qué no volvemos a eso?
¡Sería tan enriquecedor, confortaría tanto...!
Abrazos para todos,
Saro
Responder a Saro
- Evelia
- Autor del tema
10 años 5 meses antes #57075
por Evelia
Respuesta de Evelia sobre el tema cómo ayuda a obtener confianza en sí mismos
Hermosas aportacioned a tan interesante tema Chus,Saro,Lic.Emilio,Patricia a lo que tan sdolo puedo resumir en unas palabras " el amor todo lo puede, todo lo soporta y enaltece el alma" cierto es que el camino es dificil;lleno de espinas pero si de algo estoy convencida es que por amor luchamos contra las adaversidades y es ese mismo amor que les ayuda a ser mas fuertes y tener confiansza en si mismos sin dejarse aniquilar,intentando,tropezando,cayendose pero al final levantandose y es de esa misma forma que intento allanarle el camino en la sociedad y poco a poco va dando sus frutos valiendome de lo innato del corazón. "EL AMOR".
Responder a Evelia
- Saro
- Autor del tema
10 años 5 meses antes #57072
por Saro
Respuesta de Saro sobre el tema cómo ayuda a obtener confianza en sí mismos
¡Qué rico ha sido leer tu mensaje, Patricia!
Ya lo creo que has aportado. A mí me has aportado y me ha encantado tu intervención, como todas las de Chus, como todas las de Emilio (Emilio, que no cortas ningún hilo, al contrario, lo refuerzas).
Mira, Patricia, lo de la lupa social no lo había meditado yo antes, fíjate.
Y creo que tienes muchísima razón: somos nosotros mismos muchas, muchas veces los que ponemos esa lupa tan poco beneficiosa.
Me ha encantado el tono positivo y alentador de tu mensaje, y tu reflexión histórica.
Yo también puedo recordar cuándo el síndrome de Down era algo ajeno a mí (aunque de esto haga ya más de 53 años).
Por muy niña que yo fuera entonces, tengo que darte la razón: estos recuerdos han de servirnos para aceptar y, como tan bien dices, para perdonar la ignorancia de muchas de las personas que nos rodean.
Yo también era ignorante en aquel entonces, y me acuerdo de que huía despavorida de un adolescente con síndrome de Down fuertote y robusto, a quien le encantaba hacernos aguadillas mientras nos bañábamos en el mar.
Yo lo miraba y lo experimentaba con extrañeza, con rechazo.
Ese adolescente aún vive: tiene más de 60 años y es mi querido Juan, a quien beso y abrazo, y con quien hablo cada vez que me lo encuentro, en la playa precisamente.
Así que, ¿no seguiría yo en el mismo punto de ignorancia de no haber nacido mi hermana, de no haber conocido de cerca y desde dentro a una persona con este síndrome?
Me pareces preciosa en tu generosidad, Patricia, pues es relativamente corto el tiempo que llevas en "este mundo", pero ya lo contemplas con una altura de miras que sólo me habla, de rebote, del profundo amor que sientes hacia Sara.
Y me alecciona tu mirada. Y la próxima vez que experimente rechazo por mi hermana o que se digan inconveniencias o que me sienta tan, pero tan incomprendida como me puedo llegar a sentir incluso en el seno de mi propia familia, voy a tratar de sustituir mi indignación por comprensión, mi ira por compasión y por perdón. Y voy a tratar de ser paciente y compasiva con esas personas que son tan ignorantes como posiblemente seguiría siendo yo al respecto de no haber tenido a mi tesoro, a mi hermana María José, que en este momento habla sola a mi lado y llena mi vida de amor y de ganas de vivirla.
Un abrazo muy fuerte, y mucho ánimo con los profes, los de Sara, los de Irene...
Gracias a todos por compartir. Sigan escribiendo, por favor, que el invierno está siendo muy frío por estas latitudes, y necesitamos más leña en la hoguera de nuestro "cuartito de estar" que es este foro.
Saro
Ya lo creo que has aportado. A mí me has aportado y me ha encantado tu intervención, como todas las de Chus, como todas las de Emilio (Emilio, que no cortas ningún hilo, al contrario, lo refuerzas).
Mira, Patricia, lo de la lupa social no lo había meditado yo antes, fíjate.
Y creo que tienes muchísima razón: somos nosotros mismos muchas, muchas veces los que ponemos esa lupa tan poco beneficiosa.
Me ha encantado el tono positivo y alentador de tu mensaje, y tu reflexión histórica.
Yo también puedo recordar cuándo el síndrome de Down era algo ajeno a mí (aunque de esto haga ya más de 53 años).
Por muy niña que yo fuera entonces, tengo que darte la razón: estos recuerdos han de servirnos para aceptar y, como tan bien dices, para perdonar la ignorancia de muchas de las personas que nos rodean.
Yo también era ignorante en aquel entonces, y me acuerdo de que huía despavorida de un adolescente con síndrome de Down fuertote y robusto, a quien le encantaba hacernos aguadillas mientras nos bañábamos en el mar.
Yo lo miraba y lo experimentaba con extrañeza, con rechazo.
Ese adolescente aún vive: tiene más de 60 años y es mi querido Juan, a quien beso y abrazo, y con quien hablo cada vez que me lo encuentro, en la playa precisamente.
Así que, ¿no seguiría yo en el mismo punto de ignorancia de no haber nacido mi hermana, de no haber conocido de cerca y desde dentro a una persona con este síndrome?
Me pareces preciosa en tu generosidad, Patricia, pues es relativamente corto el tiempo que llevas en "este mundo", pero ya lo contemplas con una altura de miras que sólo me habla, de rebote, del profundo amor que sientes hacia Sara.
Y me alecciona tu mirada. Y la próxima vez que experimente rechazo por mi hermana o que se digan inconveniencias o que me sienta tan, pero tan incomprendida como me puedo llegar a sentir incluso en el seno de mi propia familia, voy a tratar de sustituir mi indignación por comprensión, mi ira por compasión y por perdón. Y voy a tratar de ser paciente y compasiva con esas personas que son tan ignorantes como posiblemente seguiría siendo yo al respecto de no haber tenido a mi tesoro, a mi hermana María José, que en este momento habla sola a mi lado y llena mi vida de amor y de ganas de vivirla.
Un abrazo muy fuerte, y mucho ánimo con los profes, los de Sara, los de Irene...
Gracias a todos por compartir. Sigan escribiendo, por favor, que el invierno está siendo muy frío por estas latitudes, y necesitamos más leña en la hoguera de nuestro "cuartito de estar" que es este foro.
Saro
Responder a Saro
- Patricia
- Autor del tema
10 años 5 meses antes #57071
por Patricia
Respuesta de Patricia sobre el tema cómo ayuda a obtener confianza en sí mismos
Buenos días a todos,
Interesantísima charla tenéis montada.
La verdad es que cualquier aportación que yo pueda hacer a lo ya dicho va a parecer pobre e insulsa, pero quiero hacer un intento. Y se me ocurre un punto de vista, precisamente basado en mi corta experiencia, que quizá pueda resultar distinto y aportar algo.
Mi hija Sara, con síndrome de Down, tiene sólo cinco añitos, es decir, que no hace mucho nosotros éramos completamente ajenos a todo este mundo y aún ahora me vienen reminiscencias de mi percepción de esta discapacidad antes de estar inmersa en ella como lo estoy ahora.
Y este enfoque me ayuda a comprender, abordar, perdonar incluso, determinadas actitudes que observo en mi entorno.
Recuerdo el momento en el que planeó sobre nosotros la sospecha, demasiado fundada, de que nuestra hija, aún no nacida, podría tener el síndrome de Down. Recuerdo que sentimos mucho miedo y ansiedad, un pánico atroz que nos atenazó durante el resto del embarazo. Era un temor irracional a lo desconocido, a una incertidumbre con connotaciones muy negativas. Y creo que ahí es donde deberíamos reflexionar y ahondar: en que momento se nos inculcaron connotaciones tan negativas?
Vuelvo al presente y comprendo por qué en ocasiones hay personas, incluso niños, que miran a mi hija Sara y no saben bien como comportarse con ella. Y muchas veces entre las dos tenemos que ingeniarnoslas para romper el hielo. Ella, sin saber, de forma instintiva, y yo , siendo muy consciente e intentando rebajar tensión con inyecciones de naturalidad.
Ocurre a veces que se refieren a mi hija utilizando apelativos como "pobrecilla", "esta malita", etc. Sin saber esas personas realmente lo feliz que ella es y la felicidad que transmite a las personas de su entorno...
También percibo distintas reacciones ante actos suyos de rebeldía y distintas llamadas de atención que estamos intentando atajar, pero que aun pueden resultar frecuentes en cualquier niño de cinco años sin discapacidad. Por otra parte, cierto es que a veces la "lupa social"se la ponemos nosotros como padres y son otros padres los que nos tranquilizan haciéndonos ver que otros niños también hacen esas travesuras.
Para terminar, quería poner en confrontación dos imágenes que tengo en mente y que reflejan un inequívoco salto social en positivo
1) yo misma cuando era niña, con unos 9 años, anexo a mi colegio había un aula de educación especial con niños con síndrome de Down. A veces nos cruzábamos brevemente con ellos en el patio mientras pasaban, sólo unos pocos segundos. Todos nos quedábamos como hipnotizados mirándolos pasar. Había un niño en particular que siempre se me acercaba y me intentaba tocar el pelo. Yo sentía mucho miedo, pensaba que me quería hacer daño, mi profesora me tranquilizaba, "es que le gusta tu pelo"....
2) mi hija Sara, con 5 años, corriendo, jugando y riendo tras sus compañeros de clase ( sin discapacidad) en un parque de bolas, en cualquier cumpleaños...
En definitiva, creo que nos corresponde y nos interesa principalmente a nosotros a seguir contribuyendo a que la sociedad de más saltos en positivo y ayudar, en lo posible, a los demás para que aprendan a ayudar (valga la redundancia) a infundir confianza y en definitiva integrar a nuestros hijos en esta sociedad.
Realmente no se si he conseguido aportar algo, habéis puesto muy alto el listón.
Saludos, Patricia
Interesantísima charla tenéis montada.
La verdad es que cualquier aportación que yo pueda hacer a lo ya dicho va a parecer pobre e insulsa, pero quiero hacer un intento. Y se me ocurre un punto de vista, precisamente basado en mi corta experiencia, que quizá pueda resultar distinto y aportar algo.
Mi hija Sara, con síndrome de Down, tiene sólo cinco añitos, es decir, que no hace mucho nosotros éramos completamente ajenos a todo este mundo y aún ahora me vienen reminiscencias de mi percepción de esta discapacidad antes de estar inmersa en ella como lo estoy ahora.
Y este enfoque me ayuda a comprender, abordar, perdonar incluso, determinadas actitudes que observo en mi entorno.
Recuerdo el momento en el que planeó sobre nosotros la sospecha, demasiado fundada, de que nuestra hija, aún no nacida, podría tener el síndrome de Down. Recuerdo que sentimos mucho miedo y ansiedad, un pánico atroz que nos atenazó durante el resto del embarazo. Era un temor irracional a lo desconocido, a una incertidumbre con connotaciones muy negativas. Y creo que ahí es donde deberíamos reflexionar y ahondar: en que momento se nos inculcaron connotaciones tan negativas?
Vuelvo al presente y comprendo por qué en ocasiones hay personas, incluso niños, que miran a mi hija Sara y no saben bien como comportarse con ella. Y muchas veces entre las dos tenemos que ingeniarnoslas para romper el hielo. Ella, sin saber, de forma instintiva, y yo , siendo muy consciente e intentando rebajar tensión con inyecciones de naturalidad.
Ocurre a veces que se refieren a mi hija utilizando apelativos como "pobrecilla", "esta malita", etc. Sin saber esas personas realmente lo feliz que ella es y la felicidad que transmite a las personas de su entorno...
También percibo distintas reacciones ante actos suyos de rebeldía y distintas llamadas de atención que estamos intentando atajar, pero que aun pueden resultar frecuentes en cualquier niño de cinco años sin discapacidad. Por otra parte, cierto es que a veces la "lupa social"se la ponemos nosotros como padres y son otros padres los que nos tranquilizan haciéndonos ver que otros niños también hacen esas travesuras.
Para terminar, quería poner en confrontación dos imágenes que tengo en mente y que reflejan un inequívoco salto social en positivo
1) yo misma cuando era niña, con unos 9 años, anexo a mi colegio había un aula de educación especial con niños con síndrome de Down. A veces nos cruzábamos brevemente con ellos en el patio mientras pasaban, sólo unos pocos segundos. Todos nos quedábamos como hipnotizados mirándolos pasar. Había un niño en particular que siempre se me acercaba y me intentaba tocar el pelo. Yo sentía mucho miedo, pensaba que me quería hacer daño, mi profesora me tranquilizaba, "es que le gusta tu pelo"....
2) mi hija Sara, con 5 años, corriendo, jugando y riendo tras sus compañeros de clase ( sin discapacidad) en un parque de bolas, en cualquier cumpleaños...
En definitiva, creo que nos corresponde y nos interesa principalmente a nosotros a seguir contribuyendo a que la sociedad de más saltos en positivo y ayudar, en lo posible, a los demás para que aprendan a ayudar (valga la redundancia) a infundir confianza y en definitiva integrar a nuestros hijos en esta sociedad.
Realmente no se si he conseguido aportar algo, habéis puesto muy alto el listón.
Saludos, Patricia
Responder a Patricia
Moderadores: Emilio Ruiz



