Caso práctico: Evitar ahogamientos infantiles

Caso práctico. Evitar ahogamientos infantiles
Ana I. Martínez. ABC,  26 de julio 2019

 

“Los niños pequeños son uno los colectivos más indefensos”. “Las principales causas por las que mueren niños ahogados son la imprudencia y la falta de supervisión continua por parte de los mayores. Conocer la zona de baño en la que nos encontramos y estar en contacto directo continuo con los menores son dos puntos clave para evitar situaciones de peligro”. Así se explica Francisco Cano, director de Prevención y Seguridad de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS).

Lucía Galán, pediatra, coincide con Cano: “Veo muchos sustos en consulta. Hay que tomar las medidas adecuadas. En el lapso en el que un padre o una madre consultan ‘un momento’ el móvil, es tiempo suficiente para que el pequeño deje de estar jugando en la toalla y se acerque o se tire al agua. Es importante que los padres o cuidadores sepan que el ahogamiento del niño es un ahogamiento silencioso, porque el menor no chapotea, ni grita ni pide ayuda, como los mayores. Simplemente se hunde. No hay margen de maniobra”. “Para evitar sustos, hay que estar siempre en el agua con ellos, con independencia del sistema del sistema de flotación que tengan. Dejarles solos o vigilarles desde la toalla no son opciones válidas porque si pasa algo, está a una distancia que, aunque sea pequeña, no le da tiempo”.

Cano añade que las familias muchas veces se confían: “Es muy común creer que la situación carece de riesgos y perder el contacto con los críos es lo más habitual. Por ello, pensar que la playa es tranquila y no presenta riesgo alguno, o que el niños es algo mayor y sabe nadar, son errores que, según los expertos, pueden llegar a pagarse muy caros”.

Con respecto a los sistemas de flotación, tanto Galán como Cano recuerdan que los brazos de los padres son la mejor opción, especialmente cuando los niños son muy pequeños. Pero a medida que crecen, los menores buscan cierta independencia. Bajo la supervisión constante de un adulto, los chalecos se convierten en el mejor sistema de seguridad. “Tenemos que huir de los flotadores de toda la vida. ¡Se dan la vuelta, el niño queda boca abajo y no es capaz de volver a dársela! Las famosas burbujas, fuera también”.

Desde la RFESS enseñan a los niños a que, a la hora de bañarse, siempre estén vigilados por una persona adulta, incluso llevando siempre sistema de protección. De hecho, en la playa el material de flotación puede alejar al menor de la orilla.  En el mar, además, los niños y adultos deben conocer lo que son las corrientes de retorno, que suelen formarse donde no hay olas, por lo que han de nadar en paralelo a la playa. Por último, por si los niños se alejan de la orilla, es fundamental explicarles que han de volver buscando las olas.

Comentario

El reportaje es fácil de entender. En el caso de los niños pequeños con síndrome de Down, es preciso recordar el desfase que existe en su desarrollo natural entre la edad cronológica y la edad mental, a la hora de valorar riesgos y de evaluar su capacidad motriz. Esto no quita para que la actividad acuática y el ejercicio de natación sean consideradas como una de las actividades más recomendables para los individuos con síndrome de Down de cualquier edad.