Editorial Síndrome de Down: Herencia y transmisión

Herencia y transmisión

Todos aceptamos que hay rasgos estrictamente físicos que heredamos de nuestros padres y antepasados. Incluso aceptamos que la fuerza de la herencia puede alcanzar a rasgos de otro tipo, como son el carácter y el temperamento, aunque en éstos contamos ya con otros factores como pueden ser la formación recibida desde que nacemos y el ambiente en que vivimos durante nuestros primeros años. Cuesta más aceptar que la herencia influye también en nuestro grado y forma de inteligencia, de capacidad cognitiva y adaptativa. Porque cuando hablamos de herencia hablamos de material cromosómico (genes incluidos), y a algunos les cuesta admitir que parte de nuestra inteligencia ―como quiera que queramos definirla― y sobre todo de expresarla, depende de un material cromosómico que es intrínsecamente personal, pero en definitiva heredado.

Pero esta es la realidad: nuestro cerebro, y por tanto la actividad por él generada ―su capacidad cognitiva y adaptativa―, son configurados a partir de nuestra realidad genética. Sucede, sin embargo, que el cerebro posee la cualidad plástica, es decir, la capacidad de ser influenciable y modificable por los estímulos que permanentemente recibe. De ahí que, de todos los órganos y sistemas de un organismo humano, sea el que más puede ser modificado e influenciado por la actividad externa a él: desde el primer momento de la existencia.

Conocemos cada vez mejor el desequilibrio que la trisomía 21 ocasiona en el desarrollo del cerebro de una persona, y por tanto, en la expresión de sus funciones. A ello se suman las cualificaciones heredadas de la carga genética de sus padres. Pero, sin duda, la mejor aportación parental consiste en:

1) el acerbo de cualidades, convicciones, decisiones, talante, entusiasmo, conocimientos que los mismos padres van atesorando para sí mismos y aportan y transmiten a sus hijos, y

2) la influencia positiva que ejercen sobre el entorno que rodea a su hijo: la familia en general, la escuela, las amistades, el centro de trabajo.

Los padres, por tanto, tenemos una responsabilidad especial. Porque al margen de lo que transmitimos involuntariamente a nuestros hijos mediante nuestra carga genética, disponemos de una carga especial, o mejor, de un depósito que almacena riquezas y valores cuya cantidad y calidad sólo depende de la voluntad y decisión de nosotros mismos. Y esos sí que ejercen una influencia directa y permanente que modula ―fortalece o debilita, suma o resta, he ahí nuestra responsabilidad― el desarrollo de la personalidad de nuestro hijo con síndrome de Down. Somos artífices, artesanos, indispensables e ineludibles, de unas personas que, pese a su aparente terquedad, terminan aceptando con tolerancia y buen ánimo las sugerencias y decisiones bien explicadas y fundamentadas.

Eso no significa que nuestra influencia deba forzar su personalidad y anular el desarrollo de sus propias cualidades y competencias y de su individual manera de ser. Por el contrario, debe potenciarlas; pero enseñándole a gestionarlas. Eso es lo que significa promover y apoyar el desarrollo de las capacidades adaptativas.

Comentarios  

#1 ¡Enhorabuena!Saro 01-07-2018 18:51
Estimados Sres. de Down21:

No tengo espacio suficiente para comentar aquí todas las estupendas impresiones que, un mes más, me ha causado su revista. Me parece excelente el editorial, excelente el Resumen: Educación y Variabilidad sobre los CIs, y maravilloso el Testimonio de Beatriz Riva Gómez-Jordana, a la que escribiré un mensaje el el Foro. Felicito especialmente al Profesor Jesús Flórez quien, se dice pronto, dirige tres revistas sobre el síndrome de Down con una sabiduría que me deja sin palabras y que se me antoja sobrehumana. Un fuerte abrazo y mi más sincero agradecimiento.
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#2 RE: Editorial Síndrome de Down: Herencia y transmisiónchus 02-07-2018 07:53
Fenotipo 60puntos-Genoti po 40 puntos
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