Prevalencia de bruxismo en niños mexicanos con síndrome de Down

Rubén López-Pérez, Patricia López-Morales, S. Aida Borges-Yáñez, Gerardo Maupomé, Gustavo Parés-Vidrio
Down Syndrome Research and Practice 12: 45-49, 2007

RESUMEN

Introducción

Bruxismo es el término profesional de lo que normalmente llamamos rechinamiento de dientes. Se ha definido el bruxismo como una conducta parafuncional (es decir, sin un objetivo funcional) de la mandíbula, que consiste en apretar o en rechinar los dientes, o en una combinación de ambas acciones. Apretar los dientes es el cierre forzado de las dos mandíbulas –superior o maxilar, e inferior o mandíbula propiamente dicha- de forma estática, en su posición natural o en posición algo lateralizada. Rechinar los dientes es el cierre forzado de ambas dentaduras pero muestran una relación dinámica, de modo que el arco mandibular se mueve y desliza en una serie de excursiones, frotándose las superficies de los dientes, unas contra otras. El bruxismo puede aparecer sólo por la noche (bruxismo nocturno, coincidiendo con la fase de movimientos rápidos de los ojos) o durante el día, o día y noche.

Las causas pueden ser enormemente diversas, unas son patológicas y otras carecen de importancia o no se conocen. Las cifras de prevalencia varían ampliamente porque cada autor define el bruxismo o mantiene criterios diagnósticos de forma muy diversa. De ahí que las cifras de prevalencia en los adultos han oscilado entre el 3 y el 90%, y en los niños entre el 7 y el 88%. En los niños con síndrome de Down de ambos sexos el bruxismo aparece también con variada frecuencia.

El bruxismo en la población pediátrica general es considerado como un fenómeno parafuncional pero normal, relacionado quizá con el proceso de dentición. Comienzan a tenerlo hacia la edad de 4-8 años, se alcanza el máximo entre los 10 y 14, y después desciende. La consecuencia más importante es el desgaste de los dientes, localizado o generalizado; pero a veces afecta también a los tejidos que mantienen la dentadura (encías sobre todo), y si dura mucho puede llegara hipertrofiar los músculos masetero y temporal que tienen que ver con la masticación. Se afirma que el bruxismo nocturno puede ocasionar dolor de cabeza, disfunción de la articulación temporomandibular, dolor mandibular o dolor cuando se mastica.

En los niños con síndrome de Down se da una prevalencia que oscila entre 18 y 70%. Esta variabilidad depende en buena parte de la población estudiada (p. ej., edad). Y si se compara con la población infantil que no tiene síndrome de Down, la mayoría de los estudios han indicado que es más frecuente en los niños con síndrome de Down.

Objetivos, métodos y resultados

El presente trabajo trata de analizar la frecuencia de bruxismo en una población concreta de niños mexicanos con síndrome de Down (Instituto John Langdon Down de México D.F.), y analizar la influencia que pueden tener ciertos factores, concretamente: la edad, el sexo, el nivel de discapacidad y el tipo de trisomía (simple o mosaico). El estudio se realizó en 57 niños. Se hizo el diagnóstico de bruxismo a partir de tres fuentes de información: un cuestionario (los padres habían de informar que el niño mantenía apretada la mandíbula o chirriaba), la exploración intraoral mostraba facetas de desgaste en los dientes, y esto se corroboraba mediante la elaboración y visualización de moldes dentarios.

La edad de la población (34 niños y 23 niñas) fue de 3 a 14 años (media 8,67 años ± 2,96). Se diagnosticó bruxismo en 24 de los 57 niños, es decir, el 42%. El bruxismo fue más frecuente en la etapa de 6 a 8 años, declinando conforme la edad avanzaba. No hubo diferencias en relación con el sexo de la población. Tampoco hubo diferencias en relación con el nivel de discapacidad intelectual, valorado en función de las necesidades de educación especial. Por último, observaron que el bruxismo era más frecuente en los casos de trisomía 21 con mosaicismo.

COMENTARIOS

La muestra estudiada es corta como para sacar grandes conclusiones, y limitada a los niños de una institución muy concreta lo que impide generalizar; pero al menos cabe decir que la intensidad del bruxismo parece variar con la edad, alcanzando la máxima intensidad entre los 6 y 8 años, lo que concuerda con lo que se aprecia en la población general y que después va disminuyendo, lo que es un alivio. Es bueno también saber que el bruxismo no guarda relación con el nivel intelectual. Los autores no comentan sobre el hecho de que apareciera más frecuentemente en los niños con mosaicismo, y no hay más información en la literatura sobre este dato. Puesto que los autores no aportan más información, cualquier opinión al respecto es mera especulación. Sería bueno saber el nivel intelectual de los niños con mosaicismo y el tipo de vida que llevaban en comparación con los demás, por si ello podía influir en la aparición del bruxismo.

Desgraciadamente los autores no aprovechan su estudio exploratorio para informar sobre otros factores de la población que pudiesen explicar la aparición del bruxismo (momentos de aparición, tipo de vida, grado de tensión, etc.), así como sus posibles consecuencias en los niños que lo padecían.