Resumen: Diferencias en la Trayectoria de las conducta

Trayectorias de las conductas en la transición hacia la edad adulta en personas con discapacidad intelectual: ¿son distintas en el síndrome de Down?

(Young people with intellectual disability transitioning to adulthood: do behaviour trajectories differ in those with and without Down syndrome?)
Kitty Rose Foley, John Taffe, Jenny Bourke, Stewart L. Einfeld, Bruce J. Tonge, Julian Trollor, Helen Leonarf
PLOS ONE, DOI: 10.1371/journal.pone.0157667, July 8, 2016

RESUMEN

Introducción

Se ha descrito que los problemas de carácter emocional y conductual se dan con menos frecuencia en las personas con síndrome de Down que en las que tienen otras causas de discapacidad intelectual, si bien son dos veces superior a las que se observan en la población general. Las estimaciones de depresión en el síndrome de Down oscilan entre 0 y 11%, y en la discapacidad intelectual sin síndrome de Down la oscilación es aún mayor: entre 1 y 39%. Conforme los individuos con SD entran en la adolescencia, se observa una reducción en sus conductas de proyección externa, como son las conductas de oposición y desafío y de falta de atención. Pero puede haber un incremento  en las conductas de proyección interna, como mostrarse más apartados, silenciosos, preferencia por estar solos. Lo que no sabemos es si las trayectorias en la evolución de problemas psicopatológicos son similares en el síndrome de Down y en otros cuadros de discapacidad intelectual.

En algunos sondeos realizados en Australia se ha visto que en los adultos jóvenes con SD que mantienen su empleo laboral en régimen ordinario por al menos dos años es más probable que muestren un descenso en los problemas de conducta, en comparación con quienes tienen otros tipos de actividad. Lo que indica la influencia del ambiente y el contexto sobre el bienestar mental de estos jóvenes adultos, y la importancia de que la recogida de datos sea realizado en momentos distintos a lo largo del tiempo.

El presente estudio aborda estos aspectos. Analiza diversas dimensiones relacionadas con el bienestar mental comparándolas en poblaciones con discapacidad intelectual, con y sin síndrome de Down, y lo hace a lo largo de diversos momentos durante el periodo de transición de la juventud a la adultez.

Métodos y resultados

El estudio de hizo en Australia. En el momento temporal de inicio (punto 1), la población con síndrome de Down fue de 323 personas con una media de edad de 13,4 años; en el momento temporal 2, la media de edad fue de 21,07 años; y en el momento 3 fue de 23,5 años. En la población con discapacidad intelectual sin síndrome de Down (466 personas), la media de edad en el momento 1 fue de 11,8 años; en el momento 2 fue de 19,2 años, y en el momento 3 fue de 23,2 años.

Los datos se obtuvieron a partir de la Developmental Behaviour Checklist (DBC), un instrumento que mide los trastornos emocionales y conductuales en niños y jóvenes con discapacidad intelectual, desde la perspectiva de los padres/cuidadores. Las 6 subescalas analizadas fueron las siguientes: conducta disruptiva (abusa, lenguaje malhablado, miente, desobediente, terco), trastorno de comunicación (habla solo o con persona imganinaria, repite lo que otros dicen), ansiedad (le molesta estar solo, tiene temores por cosas o situaciones, preocupado o se siente mal ante pequeños cambios), relación social (no muestra afecto, reservado, está en su mundo, se resiste a ser acariciado), depresión (se siente infeliz, confuso, retirado, ha perdido alegría), conductas de autocomplacencia (sonidos poco articulados, quejidos, gime, golpea la cabeza, come cosas no alimenticias). Se puntuaron las respuestas del modo siguiente: 0, no es cierto hasta donde yo sé; 1, algo o a veces verdadero; 2, cierto totalmente o con frecuencia. Se sumaron las puntuaciones de todas las subescalas. Por tanto, cuanto menor puntuación se alcanzaba, mejor era la situación psico-conductual en esa subescala.

Las puntuaciones DBS de las personas con síndrome de Down fueron siempre inferiores a las que mostró el grupo con discapacidad sin síndrome de Down. En ambos grupos, las subescalas que describían conductas disruptivas, de comunicación, de ansiedad y de autocomplacencia fueron disminuyendo en puntuación, como media, a lo largo de los diversos momentos temporales conforme aumentaba le edad. Hubo dos importantes diferencias. Los síntomas depresivos no disminuyeron con la edad en ambos grupos. Las puntuaciones en la escala de la relación social se mantuvieron constantes con la edad en el grupo síndrome de Down, mientras que aumentaron en el grupo con discapacidad sin síndrome de Down (es decir, tendieron a empeorar en este segundo grupo).

COMENTARIO

Es bueno comprobar que en esa fase de transición, muchas de las conductas van mejorando. Es decir, con la edad y mayor madurez, algunas de las conductas que resultan complicadas durante la niñez y la adolescencia mejoran. El factor educación juega sin duda un importante papel, así como la propia maduración y experiencia de las personas. No sorprende que las personas con síndrome de Down muestren en conjunto, y en comparación con personas con otras discapacidades, unas cualidades de salud mental, que indican un mayor grado de bienestar. Es algo señalado ya en muchos estudios. Sin embargo, el elemento depresivo apenas varía o no lo hace: es algo a tener en cuenta, una vez más, porque nos invita a cuidar ese factor mediante actividades y actuaciones que fomenten las relaciones sociales y los sentimientos de autoestima.