Karina:
Le escribe un padre que tiene una hija con síndrome de Down, de 33 años.
Es bueno recordar o en su defecto conocer la plasticidad neuronal, que consiste en la capacidad adapatativa que tiene el cerebro para disminuir los efectos de las lesiones, a través de cambios en su estructura y función. En el niño la plasticidad es mucho mayor que en el adulto.
Aparte de los nutrientes que requiere el cerebro, también necesita recibir la estimulación del medio interno y externo, a través de distintos estímulos (motores, visuales, auditivos, perceptuales y otros más), que viajando por vias nerviosas llegan a las neuronas de ese cerebro, se procesan, codifican y almacenan, para luego regresar y dar respuestas, de acuerdo a las exigencias de los entornos naturales en los que se desenvuelven las personas.
Nuestros hijos e hijas tienen la capacidad de aprender muchas cosas, ir a la escuela, desenvolverse socialmente, pueden capacitarse para trabajar, tener éxitos en muchas actividades del quehacer humano y en sintesis, tener excelente calidad de vida. Todo eso se logra con el proceso de enseñanza aprendizaje, que comienza con la estimulación fetal o la estimulación temprana, sigue con la escolaridad y todas las otras actividades, que de manera progresiva, sistemática, ordenada y a diario se han de realizar.
Siempre señalo que la clave del éxito esta en el hogar, con padres y familias comprometidos en la crianza de los hijos e hijas, sobre la base de un proyecto de vida que apunte hacia la vida autónoma.
Saludos,
José Francisco