Estimada Ana:
El miedo a los perros de una niña con síndrome de Down es como cualquier otro miedo que pueda tener otro niño. El abordaje ha de ser, por tanto, semejante.
Lo primero es que no hay que decirle nunca que no pasa nada, que no tenga miedo, que no hay razón, porque los miedos, las fobias son, por definición, irracionales. A quien tiene miedo decirle que su miedo no tiene sentido y que es absurdo, lo único que le produce es mayor desaliento, pues siente que no domina lo que para otros es fácil de controlar. Es decir, empezaréis por ser comprensivos con ella y no ridiculizar ni quitar importancia al miedo, pues para ella es muy importante.
Las técnicas de intervención ante las fobias son muy variadas, pero la mayor parte de ellas se basan en enfrentar de una u otra forma a la persona con el objeto de su miedo. La única forma de vencer los miedos, sea cual sea su naturaleza, es enfrentándose a ellos.
Puede ser empezando con muñecos o peluches que representen perros; o contándole cuentos en que aparezcan niños que tienen miedo a los perros y de una u otra forma los superan; o acercándoos vosotros al perro correspondiente e invitándola a ella, sin insistirle mucho, a que se acerque también; o jugando con otros animales semejantes para que se vaya acostumbrando a algunos parecidos a perros, como los gatos; o empezando con perros muy pequeños y poco peligrosos; pero sea cual sea la estrategia, se intentará que se aproxime paulatinamente al objeto de su miedo y compruebe que, efectivamente, no hay nada que temer.
La paciencia, una vez más es esencial, y si cualquiera de las anteriores medidas no funciona, no se le ha de forzar a encontrarse con el animal que teme. Eso sí, no se puede dejar de ir a visitar a nadie por su temor a los perros, sino que deberá seguir las rutinas familiares, si incluyen visitas a amigos con perros. Ella ha de adaptarse al mundo de su familia y no puede ser que la familia se mueva de acuerdo con sus miedos.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21