Estimada Sabrina:
Lo que le ocurre a tu hijo Galo le sucede a muchos otros niños con síndrome de Down. La lateralidad no es más que la manifestación de la dominancia cerebral. En el cerebro tenemos dos hemisferios, el izquierdo y el derecho, que han de actuar de forma coordinada, para lo cual necesitan que uno de ellos sea dominante y lleve la voz cantante a la hora de actuar. Lo curioso es que se produce un cruce por el cual la dominancia del hemisferio derecho hace que la persona sea zurda y la dominancia del hemisferio izquierdo hace que sea diestra.
La cuestión es que es bueno que los niños definan su lateralidad y cuál es la mano dominante, precisamente para que se lleve a cabo correctamente esa coordinación de los hemisferios cerebrales. En los niños sin discapacidad, a los 5 ó 6 años ya se define claramente, pero en los niños con síndrome de Down tarda más. De ahí que muchos con 8 años, como tu hijo, e incluso mayores, aún no tengan clara cuál es su mano dominante. Eso hace que, por ejemplo, alternen las manos al escribir, al dibujar o al manipular objetos, pasando de la derecha a la izquierda con naturalidad, como cuando cuentas que según qué letra tenga que escribir o según la posición de la hoja, prefiera hacerlo con una o con otra.
Lo que le ocurre a Galo no ha de preocuparte en exceso, pues la mayor parte de ellos acaban por definir su mano preferente. Por otro lado, si la actuación es correcta (el dibujo, la escritura, la manipulación), lo importante es que sea funcional, que le sirva, más que con qué mano lo hace. Si pinta unos cuadros muy bellos, que lo haga con la mano que quiera.
No obstante, ser ambidiestro, es decir, utilizar las dos manos con la misma habilidad, es bastante excepcional. Y además, los niños que no definen con claridad su mano dominante, pueden tener dificultades, por ejemplo, a la hora de escribir. Por eso, mi recomendación sería que le vayáis acostumbrando a que utilice una mano con preferencia a la otra. No se trata de forzarle, ni de insistirle constantemente, pero sí colocarle el pincel o el lápiz en una mano con mayor frecuencia, la que veáis que él suele preferir, para que la dominancia cerebral se defina lo más pronto posible.
En resumen, no hay que obsesionarse, pero es recomendable que se vaya definiendo.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21