Estimada Soledad:
Espero que alguna persona de tu país, padre o profesional, pueda ayudarte para conseguir lo que quieres. Yo, por mi parte, desconozco la legislación argentina y los derechos que tenéis los padres respecto a la integración de vuestros hijos, por lo que no sé si puedes solicitar eso que pides o tienes opción de conseguirlo.
No obstante, quería hacer una reflexión respecto a tu demanda. Y es que, desde mi punto de vista, conseguir un acompañante a tiempo completo para tu hija no es ninguna ventaja. Voy a participar en el Congreso que en mayo se celebrará en Tucumán y una de mis presentaciones tratará, precisamente, del tema del maestro sombra o profesor acompañante.
Sé que en algunos países de Hispanoamérica, para que un niño con síndrome de Down pueda acudir a una escuela regular, obligan a que haya siempre a su lado un profesor o acompañante a tiempo completo, llámese maestro sombra, acompañante, cuidador, ayudante o sea el nombre que sea. La cuestión es que, desde mi punto de vista, la presencia permanente de esa persona no solo no beneficia al niño, sino que lo perjudica. Es inevitable que si tu hija tiene siempre a su lado a una acompañante terapéutica, se haga dependiente de ella. Así, cuando tenga un problema, siempre contará con esa acompañante para que se lo solucione. Si tiene que escuchar a la maestra, si tiene que colocar su material, si tiene que hacer una ficha o una actividad de clase, si tiene que dirigirse a los compañeros y no sabe cómo hacerlo, su acompañante la solucionará el problema. Y pregunto yo: ¿cómo puede aprender a resolver sus problemas por sí misma si siempre tiene a alguien cerca que se los solucione? Y cuando sea mayor, cuando salga de la escuela, ¿también tendrá siempre al lado a alguien para que la ayude ante la menor dificultad? Y en el parque, y en el barrio, y en la familia, y en el trabajo, ¿también tendrá siempre su acompañante pendiente de sus necesidades?
Lo que no es válido para la vida (no siempre tendrá a alguien a su lado en casa, en la calle, en el barrio, en el parque, en el trabajo), ¿por qué lo admitimos para la escuela? Por otro lado, el gasto económico que supondría tener un acompañante terapéutico por cada niño que va a la escuela haría inviable la integración, porque ¿quién cubriría esos gastos?, ¿quién no pueda pagarlo no podría integrarse?
Yo defiendo y siempre he defendido la integración-inclusión, con un modelo en el que los apoyos son imprescindibles. Pero no un apoyo por niño, sino un apoyo por aula, dirigido tanto al niño como a sus compañeros, al profesor e incluso a los contenidos académicos. Los niños con síndrome de Down necesitan que se les apoye en la escuela, pero no a tiempo completo, sino en determinados momentos. El apoyo permanente crea, inevitablemente, dependencia y si los niños con síndrome de Down tienen que ir a la escuela es precisamente para que aprendan a ser independientes.
www.downcantabria.com/revistapdf/92/2-13.pdf
No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero necesitaba transmitirte mi opinión.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21