ESte año de primer curso de primaria, está siendo francamente duro con el cole de nuestro hijo Pablo. Le ha tocado una maestra muy trabajadora, que prepara las clases y, sin duda se preocupa por él, pero, está muy descontenta con la respuesta de nuestro hijo, es muy perfeccionista, tiene muchas dificultades de escucha y comunicación, no le gusta comunicar su trabajo a nadie y le incomoda que le pidamos informaciones; cada vez que la vemos nos echa unos jarros de agua fría y desánimo increíbles. El viernes me vino a ver cuando llevé al niño a clase y casi antes de darme los "buenos días" me lanzó este discurso:
"no sé qué le pasa a su hijo,
hay que asistirle todo el tiempo,
por ahora no veo resultados de lo que hago con él desde el principio del curso,
algunas veces nos lleva a un punto en que tiraríamos la toalla,
las mates no se le dan,
sigue sin hablar en clase
y ¿cómo saber cuando hace las cosas bien, si es o no por casualidad, porque como no habla?
Yo la he dicho que siga, que el cole debe de ser beneficioso para él porque en casa habla cada vez más y mejor, que empieza a reconocer sílabas y muchas palabras, que le encantan los números, que no se desanime.
Creo que en Pablo el tiempo de "latencia" es largo, me refiero a estos segundos que transcurren entre la pregunta que le hacemos, por ejemplo, y su rapidez para contestar, entonces, se le interpreta mal muchas veces, como si no sabe, y en realidad no le dejamos tiempo. Se ha acostumbrado a repetir lo que oye para ir más deprisa, seguramente, porque no se le da suficiente espacio para dar su propia respuesta.
Por otro lado, siempre que va al cole tiene una persona que le acompaña en el seno de la clase, lo que aquí llaman "auxiliar de vida escolar" (desgraciadamente, no suelen ser personas formadas, por ejemplo el que se ocupa ahora de él nos dijo abiertamente que no conocía nada del sindrome de Down) y no dejan al niño prácticamente solo nunca, no le enseñan a desarrolar su iniciativa, sino su dependencia, luego dicen que hay que asistirle porque no es autónomo, pero ¿en qué quedamos?.
He intentado aportar a este colegio los concocimientos y consejos de Emilio y otros personas sobre las características del SD, pero no hay apertura y la maestra no sabe o no quiere, o no puede, escucharnos. Afortunadamente, la logopeda nos ayuda, otros profesionales y la asociación de padres a la que pertenecemos, que están muy informados sobre la ley y nuestros derechos como padres para defender a nuestros hijos.
Me da rabia y pena por Pablo que es un regalo de niño, como todos nuestros hijos "especiales" tan llenos de riquezas y potencial y a los que comprendemos tan mal, muchas veces. Hacemos de ellos un problema enorme cuando, en realidad, el problema somos más nosotros en muchas ocasiones.
Pablo, con sus instantes de "latencia" me está enseñando la paciencia, la escucha, a mirar y "ver", a pararme y observar la vida. No obstante, me gustaría darle herramientas para que no le confundan, para que sea más autónomo, para que la maestra crea más en él.
Afortunadamente, como ya ha dicho en este foro, hemos encontrado un colegio que parece mejor, donde le acogerán con alegría el año que viene y donde pensamos que, al fín, podremos comunicarnos con la comunidad educativa para crear un proyecto común por el bien de nuestro hijo.
Pero, hasta el mes de junio, tenemos que seguir batallando aquí.
Así, que son bienvenidos todos vuestros consejos, ideas positivas, y experiencias sobre esta trampa en la que se puede caer con nuestras prisas, de no dejar a nuestros hijos el tiempo suficiente de expresarse y pensar que son más discapacitados de lo que, en realidad, son.
Un abrazo para todos y mil gracias una vez más. Mucho ánimo y esperanza en todos los combates. Cuando Pablo nos da esos abrazos "tan poderosos" nos parece que todo se relativiza y que es él quien ha comprendido verdaderamente la vida y la esencia de las cosas.
Pilar y familia.