Estimada María Fernanda:
No me cuesta nada ponerme en el lugar de tu hija y comprender su actitud apática actual. Los niños con síndrome de Down tienen importantes dificultades para adaptarse a los cambios y, según cuentas, acaba de empezar en una nueva escuela, con el agravante de que en la escuela anterior, a la que asistió durante muchos años, la exigían muy poco. Me parece bastante evidente que está en periodo de adaptación y que va a necesitar tiempo para acostumbrarse al nuevo centro (nuevos compañeros, nuevos profesores, nuevos horarios, nuevas normas, nuevas tareas, nueva exigencia).
Por otro lado, están en plena preadolescencia, y es normal también que empiece a dar muestras de la rebeldía propia de la etapa. A eso hemos de sumar que a estos años es cuando los niños se hacen más concientes de su diferencia con los demás compañeros, porque ya académicamente están muy alejados de ellos y socialmente no comparten sus intereses. Por tanto, no es extraño tampoco que ya no quiera jugar con los demás, ni salir a la vereda e, incluso, que se acompañe de un amigo imaginario, con quien se entiende mejor. No digo que eso sea positivo, sino que es comprensible.
En primer lugar yo te diría que tengáis paciencia y que le deis tiempo al tiempo, para que se vaya adaptando al nuevo centro, algo que tardará en conseguir. Después, que sigáis con el plan de trabajo educativo previsto, como es el caso de la lectura, pero sin presionarla en exceso. En lo relacionado con lo académico, su adaptación curricular cada vez será más significativa y por eso es preciso buscar actividades adaptadas a su nivel de conocimientos y de capacidad. Por cierto, el hecho de que no disponga aún de maestra integradora no le ayuda demasiado, pues necesita importantes adaptaciones que si no se le realizan pueden llevarla a que rechace las tareas escolares. Las mejores herramientas, en todo caso, son la paciencia y la constancia.
Por último, respecto a los compañeros, es recomendable hacerla que participe en actividades sociales con otros niños, dentro y fuera de la escuela, por ejemplo, incorporándose a actividades extraescolares. La relación con otros niños con síndrome de Down de su edad puede ser también una buena alternativa, pues es más fácil que entre ellos encuentre a quienes la entiendan mejor, pues comparten nivel e intereses.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21