Estimada Pilar:
Como comprenderás, el proceso de inclusión que comenzó en España a mediados de los años 80 fue un proceso complejo, fruto de una multiplicidad de factores, aunque el fundamental, a mi modo de ver, fue la presión de las familias a través de las asociaciones, que reclamaron el derecho a la escolarización de sus hijos en igualdad de condiciones con los demás. Eso ya nos da una idea de cómo comenzar: creando asociaciones, uniéndose los padres, pues a través de la unión nace la fuerza.
A eso se ha de añadir la legislación favorable, que en España contó, por ejemplo, con leyes generales y educativas, que favorecieron ese proceso inclusivo: la Ley de Integración Social de los Minusválidos (LISMI, 1982), el Real Decreto de Ordenación de la Educación Especial (MEC, 1985) o la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE, 1990), por poner los ejemplos más determinantes para el caso.
Con la LOGSE, por ejemplo, entre otras muchas medidas, se fueron introduciendo diferentes recursos personales, especialistas en los centros, que dieran apoyo a los alumnos con necesidades educativas especiales y asesoramiento a sus maestros: especialistas en pedagogía terapéutica, audición y lenguaje o logopedia, orientadores (psicólogos, pedagogos y psicopedagogos) y otros. Y aquí se recoge un factor más, esencial en todo caso, que es la necesaria dotación financiera, pues sin dinero hay poco que hacer.
La Fundación Síndrome de Down de Cantabria fue pionera en el camino hacia la integración/inclusión, y participó a mediados de los años 80 del pasado siglo en las experiencias piloto que en España se realizaron en diferentes centros educativos y con diferentes colectivos de alumnos con necesidades educativas especiales. Y parte de esa experiencia pionera la recoge María Victoria Troncoso en su libro.
El inicio fue, efectivamente, con profesionales de apoyo proporcionados por la Fundación Síndrome de Down de Cantabria para ayudar en los colegios a los profesores, pero eso se superó a partir de los años 90 cuando el propio Ministerio de Educación y, más tarde, las Comunidades Autónomas, proporcionaron esos profesionales, pagados con dinero público.
Más que oír el testimonio de esas primeras experiencias, que fueron tentativas, ahora se sabe ya mucho sobre cómo realizar el proceso de inclusión, con todas las formas posibles que existen de realizar los apoyos y de favorecer la adaptación al centro y el aprendizaje del niño con síndrome de Down.
www.downcantabria.com/revistapdf/83/122-133.pdf
www.downcantabria.com/revistapdf/92/2-13.pdf
Programación educativa para escolares con síndrome de Down
www.sindromedown.net/adjuntos/cPublicaciones/156L_buenas.pdf
En todo caso, si alguno de los implicados en ese proceso inclusivo quiere aportar su experiencia, este Foro es el lugar adecuado.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21