Estimada Dana:
La motricidad fina implica cualquier movimiento que suponga precisión y se relaciona fundamentalmente con la coordinación ojo-mano. Eso conlleva que cualquier actividad que requiera de esa coordinación es de por sí una forma de experimentarla y entrenarla. Quiero decir con esto, que no son necesarios libros ni materiales específicos para trabajarlas, sino que hay multitud de tareas en el quehacer cotidiano de cualquier niño que sirven para practicarla.
Cualquier actividad que realice con los dedos pulgar e índice y que requiera precisión entrena la motricidad fina: recoger objetos pequeños (canicas, cuentas de collar, juguetitos), guardar objetos o colocarlos en una cajita, apilar bloques, realizar actividades de preescritura, dibujar líneas, rayas o círculos, pintar y colorear, jugar con juguetes de pequeño tamaño, mover fichas, insertar o engarzar cuentas de un collar, recortar con tijeras y cualquier otra actividad o juego que implique ese tipo de movimientos.
Actualmente, además, existen multitud de juegos de ordenador y para tablet, que permiten también trabajar la coordinación óculo-manual. Como ejemplo, te remito al apartado de Material Didáctico de nuestro Canal, donde tienes ejemplos de lottos, memorys, puzzles y series, que trabajan otras destrezas al tiempo que entrenan la motricidad fina. www.down21.org/material-didactico.html
En la casa hay multitud de tareas que suponen un entrenamiento de la motricidad fina, con el añadido de que son muy prácticas y, al fin y al cabo, son la finalidad última del propio entrenamiento, pues se trabaja la motricidad fina para aplicarlo en la vida diaria. En la cocina se puede colocar la mesa (platos, tenedores, cuchillos, vasos), recoger alubias, garbanzos o guisantes, pelar y recoger las peladuras, batir, cortar, pinchar o comer con cubiertos, son otras tantas formas de entrenar. El aseo diario, con tareas como lavarse, peinarse, frotarse o secarse implica tanto motricidad fina como gruesa. La ropa se puede tender, colocar, doblar, recoger y distribuir por los armarios. Y el hecho de vestirse es en sí mismo un entrenamiento fabuloso, con habilidades más sencillas y otras más complejas, como ponerse un calcetín o un zapato, cerrar y abrir cremalleras o desatar y atar los cordones.
Lo que tienes que hacer, en suma, más que buscar libros y materiales específicos para trabajar la motricidad fina, es hacer una observación sistemática del día a día, para ver en qué momentos tu hijo puede realizar actividades que entrenen esta habilidad en casa, que le resulten prácticas y funcionales (como las relacionadas con el aseo, la comida o el vestido) o que le resulten divertidas (como los juegos). Y si son prácticas y divertidas a la vez, mucho mejor.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21