Estimada Mercedes:
Desde mi punto de vista, el límite de las vivencias sexuales a las que pueden llegar las personas con síndrome de Down lo establecen los padres. Son ellos los que van a poder marcar hasta dónde quieren que sus hijos lleguen y hasta ahí llegarán.
No creo que todos los adultos con síndrome de Down tengan, hoy por hoy, no ya la oportunidad, sino la necesidad de tener relaciones sexuales de forma habitual. Sin embargo, es una posibilidad más que se ha de barajar en determinados casos. Hace 20 años eran pocos los niños con síndrome de Down que asistían a colegios ordinarios. Hoy la mayor parte de ellos van a la escuela con los demás. Hace 10 años eran excepcionales los que trabajaban en empresas ordinarias. Hoy son muchos los que se han integrado en el mercado laboral. Hoy son escasos los que llegan a alcanzar una vida en pareja más o menos independiente o posibilidades de tener relaciones sexuales, pero es de prever que, con el tiempo, cada vez será mayor el número de casos.
Sin embargo, mientras los casos sean excepcionales, no creo que sea preciso tomar medidas preventivas generalizadas para todos los chicos y chicas con síndrome de Down. ¿A todos se les debe de enseñar a utilizar el preservativo? Yo creo que no, sino que en los casos en que la posibilidad de que lo necesiten se convierta en alta probabilidad, deberán ser entrenados en su uso. El mismo razonamiento utilizaría para otros métodos anticonceptivos como la ligadura de trompas o la utilización de anticonceptivos hormonales. La utilización de la píldora, por ejemplo, supondría tener que habituarse a tomar una pastilla diaria, algo que, con entrenamiento, pueden llegar a realizar perfectamente.
En cuanto a la anticoncepción definitiva, ese ya es un tema más serio. ¿Tiene alguien derecho a esterilizar a otra persona, decidiendo por ella si está o no capacitada para tener hijos? Independientemente de la legalidad de la medida, esta pregunta conduce a un trascendental dilema moral que requiere una reflexión profunda y que cada uno deberá responder de acuerdo con sus creencias y sus vivencias. Y a ese interrogante añado yo otro: ¿la esterilización evita la sexualidad irresponsable, con los peligros que conlleva (sida, enfermedades de transmisión sexual, abusos sexuales) o solamente aborda uno de esos peligros, en concreto, los embarazos no deseados?
Insisto, no obstante, en que tomar medidas pensando en todos los casos, cuando van a ser pocos los que las necesiten, a mi modo de ver, es poner la venda antes de la herida.
Un cariñoso saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21