Estimada Elena:
Por lo que cuentas, esa conducta de arrojar objetos que tiene tu alumno es una costumbre, lo que quiere decir que hace tiempo que comenzó y que se ha instaurado como algo habitual en él. Por eso, entiendo que te está resultando complicado corregirlo. Digo esto porque en casos semejantes lo que hay que hacer es cortarlo de manera radical desde el principio, antes de que se convierta en habitual.
La primera medida correctora es la prevención. En casa es más fácil, pero en el cole también se puede intentar que haya pocos objetos a su alcance, para que no pueda tirarlos. En su mesa, lo mínimo posible y en las mesas de sus compañeros lo mismo.
Después es conveniente hacer un análisis funcional de la conducta. Qué pasó antes, cuál es la conducta exactamente y su frecuencia, y qué ocurre después, es decir, que hacen las personas que están con él. Eso nos sirve para averiguar cuál es el objetivo o función que ese comportamiento tiene para él.
¿Qué pasó antes? ¿En qué situaciones se presenta esa conducta? Puede ser que aparezca cuando está aburrido, porque no tiene un plan de trabajo claro o porque no hay actividades adaptadas para él; o cuando está cansado, en determinados momentos del día; o cuando no se le presta atención, y la consigue tirando objetos. Estudiar lo que ocurre antes nos permite actuar para cambiar esos factores.
¿Cuál es la conducta? ¿Qué objetos tira? ¿Es algo determinado, que está en un sitio concreto, o tira cualquier cosa y en cualquier momento? ¿Es delante de determinadas personas y en lugares concretos? ¿Con qué frecuencia? Estos datos se definen por medio de un registro de observación, realizado sistemáticamente durante unos días. Nuevamente podremos comprobar si hay circunstancias comunes, en cuyo caso podríamos intervenir sobre ellas. Además, veremos la frecuencia real de la conducta, que muchas veces no es ni tan grave ni tan frecuente como parece.
¿Qué ocurrió después? La reacción de los que rodean al niño suele ser la mejor explicación de la razón de su conducta. Si cuando tira algo se le riñe, se le grita, se le habla, se le explica que eso no se hace, está consiguiendo una enorme atención por parte de las demás personas. Exactamente lo que él quiere. Si nadie me hace caso por mi buen comportamiento, me voy a comportar mal para que me miren. La atención del adulto (padre o maestro) es siempre el mayor reforzador para un niño. Combinar momentos de atención plena cuando se porta bien, con retiradas de atención absolutas cuando tira objetos es una buena estrategia. De momento se rompe una rutina de "tiro algo- me riñes", establecida hace tiempo, y eso siempre es algo que hay que probar, para acabar con la costumbre.
Por último, si arroja un objeto, lo que hay que hacer es decirle ¡NO!, de forma brusca y tajante, y sentarle unos minutos en un rincón, en la silla de pensar, sin hablarle, sin darle explicaciones y sin reñirle. Sencillamente, retirada absoluta de atención, por parte de todo el mundo.
Por cierto, los compañeros de clase suelen también reforzar esas conductas con su atención y sus risas. Sería conveniente hablar con ellos aparte, para explicarles que no le sigan la corriente.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21