Estimada Lucía:
Entiendo que el problema que planteáis es complejo, pues se nota que habéis pensado mucho en él, lo habéis estudiado detenidamente y habéis llevado a cabo distintas intervenciones, sin encontrar una respuesta válida.
Lo primero que veo es que habéis realizado un análisis detallado de los momentos y las circunstancias en que tu hijo se golpea la cabeza, lo que puede ayudar a entender cuál es la razón de esa conducta y, por tanto, en función de ella buscar posibles soluciones.
Ignorarlo puede ser una posible respuesta ante el enojo, cuando os mira cuando lo hace, buscando vuestra reacción. Por ejemplo, si quiere que hagáis algo que desea y le habéis negado y para eso se golpea, lo mejor que podéis hacer es retirarle vuestra atención. Sin embargo, hay que ser prudentes, pues puede llegar a hacerse daño.
Si está cansado, el abrazo parece la mejor solución, ayudándole a controlar esa posible respuesta autoagresiva antes de que se produzca y mostrándole con vuestro cariño que le comprendéis y le apoyáis, para inmediatamente llevarle a descansar.
Por último, puede tratarse de una autoestimulación, que realiza para compensar una necesidad de estimulación externa, que compensa con esos golpes. El que lo haga en momentos en que está dormido o no es consciente de ello, parece indicar esta tercera posibilidad.
No obstante, en todos los casos, yo creo que la mejor alternativa es intentar prevenir la conducta o actuar antes de que se produzca. Si pensáis que es probable que ocurra, porque se dan algunas de las circunstancias en que habitualmente actúa así, podéis acercaros a él e intentar agarrarlo, a ser posible con algún tipo de abrazo o gesto cariñoso. Prevenir la conducta puede ayudar a que se vaya extinguiendo, pues mucho me temo que la está tomando como una respuesta habitual a muy distintas circunstancias. Siendo tan pequeño, si establece esa forma de actuar como rutinaria, es posible que se vaya consolidando y cada vez se extienda a más situaciones. De ahí la conveniencia de prevenirla antes de que ocurra o, si no es posible, contenerla en cuanto aparezca, para que poco a poco la vaya olvidando.
Lo que creo que no debéis hacer nunca es reñirlo o retarlo, pues no pienso que lo haga de forma voluntaria y al retarlo lo que hacéis es reforzar la conducta aún más premiándola con vuestra atención.
En todo caso y aún sin saber con qué frecuencia lo hace, creo que tenéis que seguir observando con detenimiento esa forma de actuación de tu hijo, pues no es habitual que un niño con síndrome de Down de apenas dos años se golpee la cabeza de la manera en que lo cuentas.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21