Editorial: Envejecimiento a la carta

Editorial: Envejecimiento a la carta

 

Envejecimiento a la carta

La mejor preparación para el envejecimiento de cualquier individuo es el desarrollo de la madurez durante su etapa adulta. Este principio es tan válido o más para la persona con discapacidad intelectual. Si aceptamos que, al aumentar la edad, concurren cambios fisiológicos que afectan también a la propia estabilidad psíquica, y que por tanto requieren una mayor dosis de apoyo, la inestabilidad será tanto mayor cuanto peor preparada se encuentre la persona.

La cuestión está en saber si decididamente optamos por una formación dirigida a maximizar la vida autónoma de la persona con discapacidad, o si optamos -intencionada o insensiblemente- por la preparación para la dependencia. La calidad de vida del anciano  con discapacidad cambia radicalmente según sea esta opción. Es evidente que muchos de los problemas que sobrevienen lo hacen “a pesar de” nuestras previsiones. Hay pérdidas en las habilidades del área sensorial o del área motriz que aparecerán con independencia de lo que hagamos; pero sus consecuencias pueden ser atenuadas en función de las capacidades desarrolladas a lo largo de la vida. Malamente suplirá con la utilización de la capacidad visual quien pierda su capacidad auditiva, si no se le ha enseñado a desarrollar la visión para algo más que ver la tele. Malamente podrá realizar el necesario ejercicio físico aquel a quien hemos permitido pasar apoltronado en una butaca viendo la tele o enfrascado en su Tablet durante horas enteras. Difícilmente podremos captar los sentimientos que agarrotan la mente de un anciano en sus momentos difíciles y darles salida, si no le hemos ayudado y acostumbrado a expresarlos durante su vida adulta, porque ni ha tenido amigos ni le hemos dado oportunidades para comunicarse espontáneamente.

La ancianidad tiende a aislar la vida física y mental del individuo, merma sus iniciativas, entibia sus energías, enfría sus intereses. Es decisivo, por tanto, que en la planificación de la formación de las personas con discapacidad contemplemos como áreas prioritarias las siguientes: a) la autonomía más elemental (p. ej., la alimentación, las necesidades fisiológicas, el vestido, el aseo y cuidado personal); b) la comunicación y la vida afectiva (p. ej., la integración social, el lenguaje tanto receptivo como expresivo, las amistades); c) el aprendizaje (p. ej., la lectura y escritura, el tiempo, el cálculo elemental, el seguimiento de los acontecimientos deportivos, culturales, políticos); d) las habilidades específicas (p. ej., tareas laborales en y fuera de casa, disfrute del ocio y del tiempo libre, manejo elemental del dinero); e) la introducción y el entrenamiento en la toma de decisiones a lo largo de su vida, atemperada a sus capacidades y circunstancias.

El grado de desarrollo alcanzado -es decir, trabajado con constancia, con convicción y con objetivos claros- va a marcar decisivamente la calidad del envejecimiento de las personas con discapacidad. Por consiguiente, si sabemos que determinadas vicisitudes habrán de quedar completamente al margen de nuestro control, habremos de cuidar muy mucho que las variables que dependen de nosotros sean una auténtica inversión, constituyan un seguro, un especial “fondo de pensión” que permita mantener, hasta donde sea posible, la calidad de una vida dignamente vivida en sus más postreras etapas.

Ciertamente los problemas no terminan aquí, y los cuidados que habrá de necesitar el anciano con discapacidad requieren una atención especial que ha de ser cuidadosamente contemplada por los diversos estamentos. La intención de estas reflexiones es subrayar que buena parte de la felicidad del anciano depende no tanto de la previsión económica como de la previsión y realización de su proyecto de vida.

 

Comentarios  

+1 #1 RE: Editorial: Envejecimiento a la cartaSaro 04-11-2023 11:53
Excelente editorial y excelente revista. Un mes más, gracias de todo corazón.
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+1 #2 Editorial: Envejecimiento a la cartaJosé Francisco Navarro Aldana 05-11-2023 03:27
En mi larga experiencia de atención a personas con síndrome de Down, incluida la familiar, pues mi hija tiene 48 años, se refirma la importancia de la crianza con objetivos muy claros, como lo es que el adulto con susodicha condición genética logre total independencia en actividades de la vida diaria, haya logrado comunicación verbal, lecto escritura, realice alguna actividad deportiva, o de cualquier arte y tenga un comportamiento social normal, que le permita la convivencia en los distintos entornos, de tal modo que todo ello le permitirá atenuar los efectos del envejecimiento precoz.
Lamentablemente he tenido la experiencia de atender personas con síndrome de Down, cuyas características expresan un envejecimiento precoz, siendo dependientes en muchas actividades por pérdida de las mismas. Que los padres y otros familiares comprendan y acepten el envejecimiento precoz es muy importante ara sus hijos, pus podrán abordarlos con mayor objetividad, para beneficio de sus hijos.
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