Lectura y escritura - Animación a la lectura

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Animación a la lectura

Patricia Díaz Caneja


Ya se comentó en otro apartado la importancia que tienen los padres al ejercer como modelos lectores ante sus hijos. Unos padres que leen habitualmente ya en sí mismos son unos buenos animadores a la lectura para sus hijos.

Pero además, es importante que cuenten cuentos a sus hijos, que lean juntos y que encuentren esta actividad divertida.

Para beneficiarse al máximo de los cuentos, son buenas las siguientes recomendaciones:

  • Cuando cuente un cuento, trate de hacerlo emocionante, de manera que el niño esté atento y trate de adivinar qué es lo que va a pasar. Haga preguntas como "¿y qué pasó?" "¿quién apareció después?"
  • Hágale preguntas para asegurarse de que lo ha comprendido.
  • Cuéntele varias veces el mismo cuento. De este modo, no sólo lo aprende, sino que recuerda lo que debe ocurrir a continuación, prediciendo los acontecimientos.
  • Pídale que sea él el que cuente el cuento. Al principio, no pretenda que lo cuente bien respetando los acontecimientos. Dele su tiempo y atiéndale hasta que termine de contarlo, sin interrumpirle. Poco a poco irá perfeccionando el cuento. Hágale luego preguntas acerca de lo que va contando, así como sobre los episodios que haya olvidado mencionar: "¿Qué pasó con el lobo?"
  • Realicen juntos un dibujo sobre el cuento.
  • Realizar murales, o objetos, o muñecos que aparecen en los cuentos.
  • Elegir cuentos con ilustraciones bonitas y suaves, que inciten a la relajación y al placer de observarlas, que tengan una estética adecuada.
  • Hacer hincapié en los 3 aspectos fundamentales de todo cuento o relato: principio, desenlace y final

Este tipo de actividades, no sólo contribuyen a la afición por la lectura, sino que además son un excelente recurso para mejorar la comprensión y expresión orales, la estructuración espacial, la estructuración temporal, la capacidad de simbolización y la expresión corporal. Además, el lenguaje se organiza y se contextualiza, ya que es necesario que el discurso sea coherente porque de lo contrario no tendría sentido.