Querida Renata:
¡Qué preciosidad de testimonio el tuyo en la Revista virtual de este mes de agosto! Acabo de leerlo y no salgo de mi asombro ante tu madurez, tu sensibilidad, tu sensatez, tu inteligencia...
Me siento totalmente identificada con todo lo que cuentas sobre tu relación con tu hermana Simo, pues a mí me pasa lo mismo con mi preciosa hermana María.
Tú lo has dicho todo, no tengo nada que añadir, aparte de darte las gracias desde el fondo de mi corazón por haber sabido expresar tan bien esto que te trasciende, que me toca en lo más profundo y en lo que me veo reflejada.
Que se disfruten mucho mutuamente.
Permítanme que, sin conocerlas, les mande un abrazo muy, muy fuerte a las dos.
Saro