Querida Silvia:
Creo que se me escapó este mensaje tuyo en su día.
Para empezar, enhorabuena por haber terminado tus estudios y encima con tan buenas calificaciones. ¡Sobresaliente de media, casi nada!
Y, como eres tan buena escritora, has descrito a la perfección, me parece a mí, eso de las cosas nuestras personales que se nos van quedando en la cómoda.
Y has dado en la diana al decir que, en esos momentos en que nos decidimos a sacarlas, tenemos a nuestro lado al Tincho, en tu caso, a María, en el mío.
Son estupendos para bancarnos, para apoyarnos, ¿verdad?
Yo le digo a María que a veces ella parece mi madre. La verdad es que se ocupa de ciertos aspectos de mi vida como sólo mi madre lo hacía: ese cariño profundo, esa genuina preocupación, ese reconocimiento del otro, esa ternura...
Y, cuando en medio del tráfago de la vida, de esas prisas que a veces no nos llevan a ninguna parte, de esos agobios a veces innecesarios o desmedidos, nos salen al encuentro el cariño y la protección de las personas a las que habitualmente cuidamos nosotros, se da uno cuenta de que algo muy valioso está pasando, de que un verdadero tesoro está presente en nuestras vidas, ¿verdad?
Muchos besos, Silvia, para vos y para Martín.
Y saluda a tu hijo Roger de mi parte, y dile que me alegro mucho de que te hiciera la pregunta que te llevó a retomar tus estudios. ¡Qué buen hijo!
Hasta pronto, con mucho afecto,
Saro