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ÍNDICE DE CAPÍTULOS

Capítulo 1. Desarrollo de la funciones cognitivas en los alumnos con síndrome de Down.

El proceso de lectura y escritura como herramienta educativa

ADAPTACIÓN A LAS CAPACIDADES COGNITIVAS

Obviamente, cuando hablamos de lectura queremos decir lectura comprensiva. Es decir, partimos del principio de la comprensión como elemento sustancial que ha de estar siempre presente a todo lo largo del proceso. La comprensión será, pues, la base que sustente el aprendizaje y, más aún, será el elemento crítico de una motivación que, en las circunstancias propias del alumno con síndrome de Down, constituye un factor indispensable para el éxito.

A la edad de 3-4 años, el alumno medio con síndrome de Down ha demostrado con creces el nivel alcanzado en su capacidad comprensiva, convenientemente estimulada y trabajada durante los años anteriores. Como ya se ha indicado, su lenguaje comprensivo es muy amplio; muestra interés por realizar multitud de tareas, por más que sus periodos de atención sean cortos y circunstancialmente rechace alguna actividad concreta. En general está abierto al ambiente y diferencia lo que le gusta y lo que le desagrada. Todo el ejercicio diario y constante al que una familia motivada somete de forma espontánea a su hijo, aprovecha de manera imperceptible la capacidad intuitiva, que es mucho más primitiva y que exige menos elaboración y participación de áreas corticales del cerebro que la capacidad deductiva. De la misma manera que el niño posee capacidad para captar auditivamente el significado de un sonido, por largo y extraño que al principio parezca (p.ej., periódico), sin que haya sido preciso enseñarle antes el ensamblaje de los distintos fonemas (letras, sílabas), así también posee capacidad visual y perceptiva para captar globalmente el conjunto de signos escritos que conforman una palabra, sin necesidad de tener que descomponerla primeramente en sus letras y sílabas. Si a ello se añade que el significado que damos a ese conjunto de signos de que consta una palabra es algo grato para el niño, se incorpora el importante elemento de la motivación.

No es preciso, por tanto, esperar a que esté desarrollada la capacidad de análisis. La comprensión intuitiva va muy por delante de la comprensión analítica, particularmente en las personas que presentan problemas de desarrollo cerebral como los que observamos en el síndrome de Down. La pobreza de desarrollo de la corteza prefrontal, característica descrita en esta patología, dificulta o retrasa el razonamiento deductivo y la generalización de aprendizajes. Esperar a que esto se consiga para enseñar a leer es perder un tiempo valioso, especialmente cuando se demuestra que los niños responden bien al aprendizaje intuitivo y, posteriormente, van aprendiendo a descomponer los vocablos en sílabas y letras, hasta llegar a entender la clave del lenguaje escrito: la unión o enlace de letras y la composición en palabras que darán forma a frases con significados concretos y bien expresados.

Por otra parte, el recorrido desde las letras a las sílabas y de éstas a las palabras es un recorrido sin alicientes. El niño no comprende «de qué va» el proceso, no muestra el menor interés, se desentiende, se cansa y fracasa. ¿Cómo va a ser lo mismo embarcarle en la captación de una imagen que diga «mamá«, junto a la cual aparece la foto de su madre, que embarcarle ante la imagen anodina y fría de la «m» o de la «a» o de ejercicios mecánicos ma, me, mi, mo, mu, y sus diferentes combinaciones, a veces sin ningún significado?

Es mucho más fácil acaparar su atención sobre una palabra sencilla y rica en contenido, que sobre un signo en principio ininteligible. A los 3 ó 4 años, el desarrollo cerebral del niño con síndrome de Down suele estar perfectamente preparado para percibir las primeras palabras; el educador ha de estar preparado para dotarlas de un contenido rico y significativo.

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