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Capítulo 13. Escritura: Tercera etapa. Progreso de la escritura

ORTOGRAFÍA

El mejor modo de que un alumno tenga una buena ortografía es que sea un buen lector. Los niños con síndrome de Down tienen una especial habilidad para retener imágenes visuales. El método de lectura que hemos explicado se apoya en esta habilidad. Así es como aprenden qué letras se emplean en las palabras. Habitualmente recomendamos que no se enseñen las reglas ortográficas a los alumnos con discapacidad intelectual. Es mucho más efectivo que las aprendan por el uso.

Para facilitar su aprendizaje, el profesor diseñará ejercicios concretos en los que se trabaje un objetivo: el uso de mayúsculas, el uso de la m antes de p o b, el uso de g o j, etc. Dedicará varias sesiones a trabajar cada una de esas reglas de modo que el alumno pueda comprender y aplicar, de un modo automático, la norma que subyace. No se pretende que recuerde una regla teórica que no se le ha enseñado ni ha aprendido, sino que escriba bien una palabra que ha visto escrita y que él mismo ha utilizado varias veces.

Los ejercicios escritos que pueden realizarse después de que el profesor haya explicado el uso de las mayúsculas y él mismo haya escrito varios ejemplos, pueden ser:

  1. Escribir listas con nombres de personas, de ciudades, de pueblos y de países.
  2. Escribir dictados cortitos, con 2 o 3 frases de 4 palabras con algún nombre propio, para que el alumno ponga el punto y las mayúsculas al inicio de las frases y en los nombres propios.

Para el aprendizaje del uso correcto de b y v, g y j, c y z, etc. conviene evitar, siempre que sea posible, que el alumno vea y lea palabras con faltas de ortografía. Por ello no hará dictados, ni escribirá las palabras hasta después de realizar un trabajo con el profesor durante el cual tenga la oportunidad de ver varias veces esas palabras bien escritas. Si se pretende que él las escriba sin esa preparación previa, es probable que cometa errores que al verlos aún queden más fijos en su memoria visual, favoreciendo la repetición del error.

Pueden realizarse algunos ejercicios de clasificación y copia de palabras escritas previamente por el profesor o entresacadas de un texto. Después el alumno puede escribir frases con algunas de las palabras que contienen las letras a estudiar.

Los ejercicios de dictado sólo se harán después de que el alumno haya visto con frecuencia esas palabras, de modo que se sabe casi con seguridad que las escribirá bien. Si duda, es mejor avisarle a tiempo indicándole qué letra tiene que escribir, antes de que lo haga y lo vea mal escrito.

Evidentemente, a pesar de estas estrategias es imposible evitar muchos errores, pero lo que apuntamos es que no se incrementan por culpa de una dispedagogía.

Las dificultades de percepción auditiva y articulatorias, propias de las personas con síndrome de Down, les predisponen a muchos fallos ortográficos porque escriben lo que oyen y lo que dicen. Es preciso que el profesor comprenda su propia lógica que puede inducirles a equivocaciones. Por ejemplo escriben «plota», en lugar de «pelota» porque la pe (sílaba) ya está, porque la p (letra) se pronuncia pe. Lo mismo sucede con la b. Por este y otros motivos, recomendamos que el niño de habla hispana aprenda muy bien a reconocer visualmente y de un vistazo las sílabas. Algo parecido sucede con la escritura. El deletreo se hará más tarde reservándose para aquellas palabras complejas con grupos consonánticos como trans y para las palabras poco usuales en el vocabulario del alumno. Con el resto de las palabras es más fácil y eficaz que el alumno evoque las sílabas que ha aprendido a discriminar auditivamente, que las dice al mirarlas y que las maneja con soltura en los ejercicios de composición de palabras que hace con etiquetas autoadhesivas o con maderitas y cartulinas. Todo esto, que forma parte de la lectura, se integra con la escritura en el momento en el que el niño empieza la unión de las letras durante la segunda etapa de la escritura. Ahora en esta tercera etapa, habrá logrado un automatismo de captación auditiva que le hace evocar visualmente la sílaba que necesita y que ha aprendido a trazar casi de modo automático de modo que no es preciso que piense en cada una de las letras. Hay más coherencia entre lo que oye, lo que recuerda visualmente y escribe, evocando las sílabas, que si tuviera que pensar en las letras aisladas.

Los ejercicios de escritura para el uso correcto de los puntos, las comas, los signos de interrogación y de exclamación se realizan al mismo tiempo que los de elaboración y escritura de frases largas, de contestación a preguntas, de preguntas a respuestas dadas, de narración de hechos vividos y de redacción de relatos inventados.

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