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ÍNDICE DE CAPÍTULOS

Capítulo 3. Proceso educativo de las capacidades perceptivas y discriminativas

Desarrollo de capacidades

Habilidad manual

PRENSIÓN Y PRESIÓN

Desde los primeros días de la vida de un bebé pueden hacerse ejercicios encaminados a lograr esa destreza manual. Así, por ejemplo, se indica a los padres que ayuden a su bebé a sacar el pulgar si tiene tendencia a tenerlo metido debajo de los otros 4 dedos, tapado por ellos, con el puño cerrado. El adulto puede poner uno de sus propios dedos dentro de la mano del bebé, mientras le da de comer, sujetando al mismo tiempo el pulgar del niño en una posición correcta de oposición al resto de la mano. Aprovechando el reflejo automático de prensión del recién nacido se le pondrá en la mano un sonajero de mango largo, que no pese mucho.

Poco a poco, la mano irá abriéndose, el niño aprenderá a agarrar y a soltar los objetos de un modo voluntario, consciente. Se le ofrecerán juguetes y objetos que le interesen para que, al verlos, inicie los movimientos adecuados para alcanzarlos. Los objetos serán variados y diferirán en el tamaño, la forma, la textura, el peso, el color y el olor. Conviene que algunos de ellos sean susceptibles de ser apretados para estimular al niño como, por ejemplo, un muñeco pequeño de goma blanda que suene al apretarlo o una esponja de la que sale agua.

También son útiles los tente-tiesos que, al empujarlos un poco, suenan y se mueven, volviendo rápidamente a su posición original. Este resultado, tan estimulante, facilita que el niño quiera repetir su acción y empiece a comprender la relación causa-efecto.

Los ejercicios pasivos de flexión y extensión realizados en cada uno de los dedos de las manos del niño y la presión suave ejercida en cada una de las yemas, le ayudan a conocer mejor las posibilidades de su mano y la independencia de cada dedo. Los ejercicios que van acompañados de los juegos y canciones tradicionales, como pueden ser: «Este compró un huevito...» «Pulgar, pulgar que sale a pasear...», son muy buenos porque hacen que el niño lo pase bien y reciba una estimulación afectiva y sensorial completa.

El niño avanzará progresivamente y será capaz de señalar con el dedo índice y de apretar con él, «enviando fuerza» a la punta del dedo. Los juegos de teclado, las cajas sorpresa que se abren al apretar un botón, los muñecos y ranitas saltarinas, y otros muchos juguetes que se encuentran fácilmente en las tiendas especializadas, motivan al niño a realizar este ejercicio, que es bastante difícil para él. Después, aprenderá a presionar con cada uno de los otros 4 dedos de las dos manos. Cuando el niño con síndrome de Down alcance un año habrá aprendido a agarrar, soltar, apretar, meter, sacar, abrir, cerrar, golpear, ensamblar, encajar y martillear con materiales variadísimos. Se tendrá sumo cuidado en ayudarle a desarrollar la capacidad de coordinación entre las dos manos. Es muy frecuente que solos, sin ayuda, tarden en descubrir que su tarea es más eficaz si no dejan una mano colgando, como si no la tuvieran. Para conseguir este objetivo se le propondrá tareas en las que necesariamente tenga que usar las dos manos: por ejemplo, tomar un objeto grande, globo o pelota, sujetar algo con una mano y hacer el movimiento con la otra (un frasco en el que tiene que meter algo o quitar el tapón), empujar o tirar con ambas manos a la vez al encajar o desencajar piezas de lego, cuentas o cualquier otro material. El movimiento de rotación de la muñeca se alcanzará un poco más tarde. Será conveniente disponer de cajas musicales, muñecos para dar cuerda, frascos con tapones, tornillos, destornillador y tuercas, carretes y lanas, sacapuntas, relojes y radios. El niño tiene que desarrollar una coordinación visuo-manual cada vez más fina y precisa, manejando objetos pequeños (fichas, monedas, legumbres, palillos, fósforos, botones) y efectuando actividades que sea imposible llevarlas a cabo si no mira qué hace, como pasa, por ejemplo, en el enfilado de cuentas por un cordón. Por supuesto, habrá que vigilar cuidadosamente para que no se meta estas cosas en la boca y se las trague, con el consiguiente peligro de atragantamieto o intoxicación.

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