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ÍNDICE DE CAPÍTULOS

Capítulo 11. Escritura: Etapa de atención temprana y primera etapa

PREPARACIÓN PARA LA ESCRITURA DE LOS NIÑOS CON SÍNDROME DE DOWN

PRIMEROS GRAFISMOS

Desde que el niño es capaz de mantenerse sentado en una silla, con suficiente control del tronco para realizar actividades manipulativas sobre una mesa, está maduro para empezar a pintar.

Se intentará que comience con pintura de dedos, teniendo en cuenta que algunos niños la rechazan. Conviene respetar al niño y no forzarle a realizar lo que le molesta y que en sí mismo no es imprescindible. Para muchos niños es estimulante el uso de esponjitas untadas de pintura o de pinceles gruesos, y brochas. Con esos materiales, consiguen un resultado muy vistoso, con poco esfuerzo.

Pronto se ofrecerá al niño un rotulador grueso o una pintura, también gruesa, de cera blanda. Los niños con síndrome de Down tienen que hacer bastante esfuerzo para mantener un instrumento con sus dedos y manejarlo con soltura, por lo que es preciso que se vean compensados con un resultado llamativo. Por esto recomendamos un rotulador grueso que puede sujetarse con facilidad, especialmente si tiene forma hexagonal, y que marca el papel sólo con apoyarlo. Si al niño se le entrega una pintura delgadita y dura, y tiene que apretar mucho para que pinte o el color es tan desvaído que apenas se ve, es muy probable que pierda el interés por la actividad de pintar. El profesor estimulará al niño con su propio ejemplo y entusiasmo. Hará de modelo, iniciando la tarea y animando al niño a imitarle. Si es preciso le prestará ayuda física.

Los objetivos de las primeras sesiones son: 1) que el niño descubra qué es pintar, hacer rayas y garabatos; 2) que es él, con el instrumento, el causante de un efecto tan bonito y llamativo, y 3) que siga con la mirada los movimientos de su mano.

Inicialmente tal vez agarre el instrumento con el puño. Con suavidad se le ayudará y enseñará a sujetarlo entre el pulgar y el resto de los dedos. Los primeros movimientos serán poco controlados, incluso rebasando los límites del papel o cartulina. Con un poco de práctica, aprenderá a inhibirse a tiempo para no pintar en la mesa.

En cuanto el niño haya superado esos objetivos, se fomentará que prolongue su acción de garabatear unos segundos. Se le animará a realizar varios trazados seguidos sin levantar la pintura del papel. Para muchos niños es eficaz ofrecerles una lámina, con un dibujo bonito para colorear. Obviamente en esta etapa no se le pide que haga un rellenado de color, respetando los bordes. Sólo es un estímulo para que al garabatear durante un tiempo prolongado, se ejercite más en el control de sus movimientos.

Algunos niños con síndrome de Down disfrutan desde pequeños con estas actividades, aunque manifiesten pronto su cansancio. Sin embargo, hay niños que a los 4 años aún las rechazan. Como aconsejamos siempre, es conveniente estimular, animar para que el niño haga con gusto aquello que creemos que le sirve de ayuda, pero en ningún caso hay que forzar e imponer. El niño tendrá sus motivos para rechazar la tarea. Probablemente la laxitud ligamentosa, la hipotonía muscular, la falta de control de la postura o la dificultad de coordinación de los movimientos son la causa de sus problemas para una tarea que en sí misma es bastante compleja porque requiere mucha destreza y madurez. A lo mejor todavía prefiere pintar con los dedos o con pinceles gruesos o esponjas.

A veces será oportuno dejar pasar un tiempo antes de presentarle de nuevo este tipo de actividades. Poco a poco los niños con síndrome de Down garabatean y colorean de un modo semejante al resto de los niños, aunque con diferencias en el tiempo.

Se le estimulará a realizar todo tipo de garabatos y trazados. En cuanto el niño se sienta cómodo con su pintura, se le pedirá que haga algunas imitaciones de trazos muy sencillos ejecutados ante él por el profesor, como una raya vertical, horizontal o un trazo circular. Las condiciones ambientales serán las que siempre hemos recomendado. En primer lugar, captar la atención del niño diciéndole:

—«¡Mira qué hago!»

—«Haz tú igual, una raya echadita o un palo.»

Si el niño no es capaz de hacerlo, el profesor le llevará la mano, siempre que el niño lo acepte. Por supuesto, no se pretende que haga un trazo exactamente igual en sus dimensiones, sino que se pretende enseñar una dirección determinada.

Estas actividades imitativas, que no deben ser muy reiterativas, pueden simultanearse con ejercicios de coloreo de dibujos atractivos que sean grandes y cuyos contornos sean gruesos y muy destacados. Al niño se le entrega una pintura gruesa, de cera blanda, que le permita la tarea de rellenado sin sufrir cansancio y dolor en la mano. Los dibujos deben ser grandes para estimular al niño a realizar movimientos amplios y relajados, sin tensión en la muñeca y en los dedos. Si los dibujos son pequeños o si se le exige que no rebase los límites, se le puede provocar una inhibición de los movimientos fluidos y deslizantes necesarios para la escritura. El temor a salirse de los bordes puede llevarle a tener miedo, a hacer tensiones, con el resultado de trazos cortitos, entrecortados, apretando mucho sobre el papel. Todo lo contrario de lo que le conviene para escribir. Lo interesante es que realice movimientos sueltos, deslizantes, de ida y vuelta, con suavidad, sin levantar la pintura del papel.

Un niño entrenado así, está preparado para iniciar las actividades de la preescritura. Es indudable que deberá continuar con las actividades de pintura y dibujo que, según nuestro criterio, deberán mantenerse durante los años escolares. No sólo porque el valor que tienen en sí mismas para el desarrollo de las capacidades artísticas y creativas del niño, sino porque, además, le ayudan a mejorar sus habilidades perceptivo-manipulativas. El profesor responsable del programa de lectura y escritura, iniciará el método sistemático de enseñanza-aprendizaje de la escritura, recomendando que el niño siga dibujando y pintando en otros momentos del día.

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