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Capítulo 5. Los métodos de lectura y escritura para alumnos con deficiencia mental

NUEVA ORIENTACIÓN: PRIMEROS MÉTODOS

El programa de la Universidad de Washington (Dmitriev, Oelwein, 1988) tuvo su origen en la necesidad de facilitar el modo de comunicarse a un niño de 4 años que había desarrollado habilidades de discriminación visual muy buenas, pero que apenas tenía lenguaje hablado. Utilizando la metodología discriminativa de asociar-seleccionar-clasificar y nombrar para el reconocimiento de palabras, progresó de un modo impresionante reconociendo palabras, asociándolas con sus fotos o dibujos. En un año fue capaz de usar algunas de las 4 palabras que reconocía escritas, se relacionaba bien con otras personas y respondía con el sonido de los animales cuando se le enseñaban las fotos o dibujos de los mismos. Después se le enseñó el lenguaje de signos, lo cual le facilitó responder espontáneamente a la palabra impresa, así como la posibilidad de comunicarse de un modo eficaz. Con esta experiencia y animados por el trabajo de Rodhes (1969) que usó con gran éxito la lectura como programa de lenguaje intensivo para niños con síndrome de Down de una institución estatal, el equipo de la Universidad de Washington comenzó a introducir el programa de lectura a otros niños cuando habían alcanzado determinados niveles de discriminación visual. La lectura empezó a ser una parte del programa de los niños en edad preescolar. Se le dedicaba sólo una pequeña parte de tiempo, unos 5 o 7 minutos de los 15 minutos que tenía cada niño en sesión individual, 3 o 4 veces por semana. Los resultados de un estudio longitudinal que incluyó a 6 alumnos del programa mostraron que con una edad cronológica media de 14 años y 5 meses, con un coeficiente intelectual medio de 49,5 y una edad mental media de 6,5 años, tenían una edad lectora de 8,5 años, por tanto dos años por encima de su edad mental.

Buckley (1992) apoya la tesis del uso de la lectura como método para enseñar el lenguaje oral. Afirma que la deficiencia de memoria a corto plazo que existe para la información que el niño con síndrome de Down recibe por vía auditiva, le dificulta para comprender el lenguaje hablado. Las palabras habladas existen sólo durante un período corto, mientras que las palabras escritas, los signos hechos con las manos, o los dibujos o fotos, pueden permanecer todo el tiempo que sea preciso. Buckley dice que los alumnos preescolares del Portsmouth Down Syndrome Project aprenden el lenguaje escrito como su primer lenguaje, en lugar de ser el segundo, como es habitual en el resto de los niños que aprenden primero a hablar y leen sólo después de haber dominado el lenguaje oral.

Buckley confirmó con sus trabajos que un 20% como mínimo de los niños con síndrome de Down pueden leer palabras sueltas entre los 3 y 4 años de edad. En su experiencia y trabajo enseña a los niños a leer y a hablar al mismo tiempo, haciendo que las dos habilidades interactúen y se informen entre sí. Observó que todos los niños progresaban en la lectura y en lenguaje oral presentando habilidades más altas que las normalmente esperadas de niños con síndrome de Down. También comprobó que entre los alumnos adolescentes que participaban en un programa de mejora de sus habilidades lingüísticas, progresaban más deprisa quienes utilizaban frases escritas impresas en las tarjetas de imágenes y que podían "leer", que quienes recibían sólo el estímulo auditivo de una frase que tenían que repetir. (Buckley, 1992).

Pieterse y Treloar (1981) hicieron un trabajo semejante en la Universidad Mcquarie en Australia que, al no ser publicado, tuvo poca difusión y apenas se conoció. Algunos datos han sido publicados en textos de otros autores (Dmitriev y Oelwein, 1988; Strattford, 1985) .Este programa, al igual que los anteriores, utiliza el estímulo visual de palabras completas en la fase inicial, para pasar pronto al sonido de letras. Para Pieterse (1988) los estímulos visuales para la enseñanza del lenguaje facilitan el uso de palabras en el lenguaje oral de los niños con dificultades auditivas y con problemas de lenguaje receptivo, entre los que se encuentran muchos niños con síndrome de Down. Los resultados publicados muestran que 8 niños, con edad cronológica media de 8 años, con edad mental media de 4 años y 8 meses, tenían una edad media lectora de 7 años y 2 meses, por tanto dos años por encima de la edad mental.

En España, la asociación síndrome de Down de Murcia (ASSIDO) inició, en 1984, un programa de lenguaje y lectura para niños con síndrome de Down mayores de 6 años. La experiencia y primeros resultados fueron publicados en 1992 (Candel y Turpin, 1992). La muestra que presenta el trabajo es de 7 niños, cuyas edades cronológicas en el momento de evaluar los resultados estaban comprendidas entre 10 y 13 años, el coeficiente intelectual medio era de 62. Después de un periodo de 4 a 6 años de enseñanza, los niveles de lectura alcanzados por los alumnos estaban comprendidos entre el 1º y 3º grado de Primaria.

Nuestra experiencia tiene su origen en 1970 con la enseñanza de la lectura y escritura a alumnos con dificultades de aprendizaje, algunos de los cuales tenían discapacidad intelectual y otros problemas perceptivos y sensoriales. Todos tenían más de 6 años de edad cronológica. Varios de ellos habían fracasado con los métodos de enseñanza de la lectura que se usaban habitualmente en sus centros escolares. Basándonos en este trabajo inicial y en lo propuesto por Doman (1967), en 1980 empezamos la enseñanza de la lectura a alumnos con síndrome de Down de 4 y 5 años de edad cronológica, teniendo en cuenta sus características propias, la edad que tenían y la falta de lenguaje oral en algunos de ellos. Todos los niños habían participado previamente en un programa de intervención temprana en el que habíamos dedicado especial atención a su desarrollo perceptivo-discriminativo.

Los primeros seminarios y reuniones de trabajo de aquella época, en los que expusimos el método y los resultados iniciales, con demostraciones de los propios niños, supusieron una revolución e innovación educativa. Los profesores de educación especial no se habían planteado enseñar a leer a niños con deficiencia mental que fuesen menores de 5 años y menos aún que, no hablasen todavía. El método fue descrito de forma abreviada en sus líneas fundamentales (Flórez y Troncoso, 1991; Del Cerro, 1992) para que pudiera servir de guía básica a quienes quisieran iniciar experiencias semejantes, hecho que ha sido seguido por numerosas personas e instituciones en España e Iberoamérica.

Posteriormente presentamos los resultados del método de lectura con un grupo de 25 alumnos con síndrome de Down cuyos coeficientes intelectuales variaban de 37 a 66 (Troncoso y col., 1997). Las edades cronológicas de la muestra estaban comprendidas entre los 8 años 4 meses y los 18 años. Las edades mentales estaban entre los 4 años 7 meses y los 8 años 8 meses y las edades lectoras alcanzadas oscilaban entre 7 y 11 años, por tanto eran claramente más altas que sus edades mentales. En este grupo hubo 9 lectores cuya edad mental era inferior a 6 años y 11 alumnos con un coeficiente intelectual inferior a 50 que también leían. La iniciación temprana de la enseñanza pudimos hacerla con 14 niños y eso permitió que supieran leer cuando tenían 7 y 8 años de edad cronológica.

Los alumnos que habían alcanzado los niveles más altos (4º y 5º de Primaria) participaron en un programa de progreso lector. Varios alumnos que interrumpieron el programa sistemático de continuidad no progresaron y sus niveles lectores quedaron "estancados" entre 1º y 2º de Primaria. De los 25 alumnos estudiados, 19 eran aficionados a leer y elegían la lectura como una de sus actividades favoritas. Las lecturas elegidas correspondían a su nivel mental y de conocimientos.

En febrero de 1992 se celebró en Utrecht un Simposium Europeo, organizado por la Asociación Europea para el Síndrome de Down (EDSA), dedicado específicamente a la enseñanza de la lectura y escritura de las personas con síndrome de Down. En dicha reunión varios grupos de 6 países presentamos nuestras experiencias y algunos resultados. Los trabajos fueron publicados por la Stichting Down´s Sydroom (De Graaf, 1992). Varias ponencias coincidían en un mismo planteamiento teórico y práctico que consistía en la iniciación temprana mediante percepción global de las palabras, comprendiendo el significado. Otras presentaciones defendían el planteamiento tradicional consistente en la iniciación de la lectura cuando el alumno está "maduro" y, por tanto, tiene alrededor de 10 años de edad cronológica, mediante el desciframiento de los signos gráficos del significante. Hubo, pues, ciertas diferencias entre unas propuestas y otras. Sin embargo, lo coincidente en todas las ponencias era la afirmación y el convencimiento de que las personas con síndrome de Down pueden y deben aprender a leer. La falta de acuerdo se dio en el cuándo y en el cómo debe hacerse la enseñanza-aprendizaje. Se apuntó la necesidad de más trabajos de investigación que analicen qué métodos son los más eficaces y con cuáles se consiguen mejores resultados a corto, medio y largo plazo.

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