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Capítulo 13. Escritura: Tercera etapa. Progreso de la escritura

CALIGRAFÍA

La caligrafía es el arte de escribir con letra bonita. En las escuelas españolas tradicionales se exigía a los niños una letra impecable. Para conseguirlo los niños debían realizar cientos de planas de escritura con los modelos caligráficos que ponían los profesores o rellenando los cuadernos impresos preparados por diversas editoriales. Estos cuadernos variaban en su presentación formal porque unos tenían paralelas, otros cuadrícula, otros letras y palabras con puntitos para repasar. Cada editorial había preparado varios, escalonados por el grado de dificultad. Los niños debían hacer todos e incluso repetir la ejecución de algunos. De este modo se conseguía que la letra de los niños fuera clara, proporcionada e incluso que todos los alumnos de un mismo centro tuvieran una letra muy parecida. De hecho, hasta hace unos años se podía decir a qué colegio había asistido una persona, simplemente observando su tipo de letra.

En la actualidad no hay una exigencia tan grande en relación con la caligrafía y se dedica más atención a los aspectos lingüísticos.

Sin embargo, nos parece importante que en la etapa de formación en la escuela, se intente que los alumnos adquieran una buena caligrafía, porque pasada la adolescencia, si tienen que tomar apuntes o escribir mucho, no podrán hacerlo con suficiente claridad y su letra se leerá peor cada día.

En el caso particular de los alumnos con síndrome de Down, es necesario combinar la necesidad de que logren una letra lo más clara posible, con las particulares dificultades que tienen para ello. Podría agobiarles un exceso de exigencia. En esta etapa de progreso en la escritura, en la que el alumno es un adolescente que ya escribe, es probable que lo haga con una letra desigual, mal alineada y difícil de leer. Algunos rasgos de las letras que deberían ser largos, los hace cortos o con formas redondeadas en exceso. Conforme adquiere más destreza y soltura, porque ha mejorado la coordinación de los movimientos y la interiorización del trazado, es muy probable que produzca un resultado gráfico de peor calidad y legibilidad. Sucede algo muy parecido a lo observado en el lenguaje oral. Cuando los chicos adquieren la madurez fonoarticulatoria que les permite hablar más deprisa, empeora la inteligibilidad del habla. Su pensamiento y elaboración mental del lenguaje van más deprisa que su capacidad física para articular y emitir bien cada uno de los sonidos.

El alumno debe comprender la necesidad de que su letra sea legible y de que tiene que mejorar sus presentaciones escritas, controlando él mismo la calidad de su escritura. Como ya ha interiorizado las grafías y coordina los movimientos, ahora puede darse cuenta de que su mente es la que tiene que dominar y dirigir a la mano, para que ésta realice un movimiento más lento y controlado.

Para facilitarle la tarea se le prepararán las hojas de caligrafía que mejor se adapten a sus necesidades. Para unos alumnos puede ser papel cuadriculado y para otros con paralelas. Se elegirá o se trazará el ancho que corresponda al tamaño de letra que habitualmente hace el alumno, salvo si su letra fuese demasiado pequeña y conviniera que la hiciera más grande o que su letra fuera tan grande que pareciera la letra de un principiante y debiera reducirse. Si es preciso, se le pondrá un modelo caligráfico realzado por el color y grosor del trazo, ya que en estas circunstancias hay más probabilidades de que la copia que haga el alumno le salga mejor. El alumno debe utilizar un buen instrumento, que marque lo suficiente en el papel y que no se deslice demasiado deprisa.

Será necesario ofrecer ayudas verbales que indiquen al alumno que haga un trazo más largo, que las letras no estén amontonadas, que cuide cómo hace los enlaces, que deje espacio suficiente entre las palabras, etc.

El alumno debe practicar ejercicios de escritura con rotuladores de punta fina y con bolígrafos. Es probable que con ellos la calidad de la grafía empeore, pero debe habituarse para que la presentación de sus escritos se asemeje a la de su ambiente escolar y social. No es correcto escribir con lápiz una carta o rellenar un impreso.

Deberá practicar la escritura en papeles en blanco, sin pautas, aprendiendo a mantener una alineación adecuada, una separación uniforme entre los renglones, un espacio suficiente para ambos márgenes laterales. Algunos alumnos con síndrome de Down tienen dificultades muy notables para organizarse y administrar bien el espacio de que disponen para un escrito. Un modo de ayudarles para que su presentación sea correcta, es utilizar plantillas con líneas bien marcadas que deben colocarse debajo de la hoja en blanco. Deben transparentarse las líneas lo suficiente para que el alumno pueda escribir sobre ellas. Si es preciso se sujetan las hojas con un clip para evitar que se muevan. Esta solución nos parece más apropiada para escribir una carta que la de utilizar un papel rayado infantil.

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