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ÍNDICE DE CAPÍTULOS

Capítulo 6. Método de lectura: Preparación y etapas

REQUISITOS PREVIOS

Como hemos indicado previamente, es conveniente que el alumno joven haya participado en un programa de aprendizaje perceptivo-discriminativo. Ésta ha sido una de las razones por la que hemos dedicado tanta atención a dicho aprendizaje en los capítulos 3 y 4.

Si el alumno ya tiene 8 o 9 años de edad, es probable que sus capacidades de atención y percepción estén suficientemente desarrolladas. En pocas sesiones de trabajo podrá entender en qué consiste el aprendizaje de la lectura. En algunas de las etapas del proceso inicial, progresará rápido si se tiene cuidado al programar las actividades y materiales, adaptándolos a su nivel y personalidad.

Refiriéndonos ahora a los requisitos previos relacionados directamente con el método que describimos, es necesario matizar y concretar los siguientes:

  1. El niño debe tener un nivel de lenguaje comprensivo mínimo en virtud del cual sabe que las cosas y las acciones tienen un nombre. Con el nombre designamos a cada persona, animal, objeto o describimos una acción determinada. En la etapa inicial no se exige que el niño sea capaz de dar una respuesta verbal diciendo el nombre de aquello que se le presenta. Es suficiente que manifieste su comprensión a través de un gesto de señalización, por medio de su mirada, tomando lo que se nombre o ejecutando la acción que se le indica. Si el alumno tiene ya un cierto lenguaje oral, se le pedirá que lo utilice, sin exigirle una perfecta articulación ni el uso de todas las sílabas de la palabra.
  2. En relación con la atención será preciso que la haya desarrollado suficientemente como para escuchar y mirar durante unos segundos o un minuto, de modo que pueda recibir la información oral y visual que se le ofrezca, reconocerla, procesarla, elaborar y dar una respuesta, manifestando así su comprensión.
  3. Para facilitar la atención y el mantenimiento de la máxima concentración posible deben evitarse o atenuarse los estímulos que puedan interferir con el estímulo propuesto al alumno. Es preciso que a nivel de figura-fondo, tanto en lo visual como en lo auditivo, no se le creen confusiones. Por tanto, se evitarán ruidos, movimientos innecesarios, comentarios y conversaciones de quienes observen la sesión. También se evitará que el alumno tenga a su alcance otros materiales que le interesen más que el propuesto por el educador. Las frases que se empleen para indicarle qué debe hacer, serán cortas, emitidas con pausa y con claridad de contenido y de articulación.

  4. La percepción visual se habrá desarrollado lo suficiente como para distinguir imágenes —fotografías y dibujos— percibiendo las semejanzas y las diferencias. El niño podrá seleccionarlas o agruparlas según los criterios que se le indiquen. Los estímulos gráficos deben ser fáciles de percibir, teniendo en cuenta que la figura debe destacar sobre el fondo, que el contorno del dibujo y el color deben ser nítidos y que el tamaño debe ser adecuado a la capacidad visual del alumno. Es preciso evitar todo cuanto dificulte la percepción sobrepasando las capacidades del niño en cada momento evolutivo.
  5. La percepción auditiva mínima será aquella en virtud de la cual el alumno sea capaz de entender y distinguir unas palabras de otras. No importa que confunda palabras que se parecen como pato-gato, oreja-oveja, palo-pelo, porque en poco tiempo, gracias al apoyo visual que tendrá al ver escritas esas palabras y a la atención que preste a la boca del profesor para ver los puntos de articulación de los sonidos, aprenderá a distinguirlas. Como hemos dicho, aconsejamos no esperar a una «perfecta» percepción y discriminación auditivas para enseñar a leer. Si esperásemos, muchas personas con síndrome de Down no lograrían alcanzar el nivel de percepción exigido y no aprenderían. La evidencia actualmente es que, cuando leen, captan mejor los sonidos de esas palabras leídas y aprenden a emitirlos bien.
  6. Como se deduce de lo expuesto, para el aprendizaje de la lectura tiene mucha importancia la atención, la percepción y la memoria visuales. El nivel mínimo es que el niño sea capaz de mirar durante unos segundos determinadas imágenes de objetos o de acciones, para captarlas y recordarlas, evocándolas después cuando se nombran. En las primeras sesiones puede suceder que el recuerdo dure sólo unos segundos. Poco a poco, el niño prolongará sus tiempos de memoria a minutos, a un día o a varios días. Las imágenes de objetos que el niño conoce, las recordará con más facilidad que las imágenes de objetos desconocidos. A veces, los fallos de memoria se deben a que los estímulos gráficos a recordar no le interesan al niño y no hace ningún esfuerzo para fijarlos en su memoria a largo plazo. En otras ocasiones, puede suceder que el fallo esté en que al niño se le ha dado poco tiempo para ver, o no se ha comprobado antes que está atento. Otras veces se debe a que se han hecho pocos ejercicios con los mismos estímulos. La memoria, al igual que otras capacidades, mejora con el ejercicio.

    Si se analizan las causas de los fallos, si se modifican las estrategias y si se mantiene una intervención adecuada, las mejoras se producen. Es fundamental acertar con los estímulos que interesen al niño. En este caso, el éxito está asegurado.

    Nuestra recomendación, basada en la experiencia y en los resultados, es que este programa debe comenzarse cuando el niño cumple estos requisitos mínimos. No conviene esperar a que se produzca la madurez para la lectura descrita clásicamente, y propuesta por diversos autores que, probablemente, es necesaria con otro tipo de métodos. Según nuestro criterio, no es preciso que el alumno tenga una edad mental de 5 a 6 años, ni un lenguaje oral fluido y claro, ni una lateralidad bien establecida, ni una casi perfecta coordinación motriz, ni un C.I. por encima de 50. Estos "mínimos" pueden ser inalcanzables o alcanzarse muy tarde en el caso de las personas con síndrome de Down. Sin embargo, esa «falta de madurez» no impide que sean capaces de aprender a leer. Las experiencias realizadas en diversos lugares, confirman que los niños pequeños con síndrome de Down, con edades mentales inferiores a 6 años, leen.

    Por otro lado, no es cierto que los adolescentes y jóvenes que todavía no han aprendido a leer, ya no puedan hacerlo. Varios grupos trabajan con este grupo de personas, demostrando que si antes no han aprendido, es debido a que no se les ha enseñado o se ha intentado con métodos inadecuados. A la hora de trabajar con personas mayores, será preciso no "infantilizar" el modo de hacerlo. Por tanto, hay que adaptar contenido, materiales y procedimientos a las edades psicológicas e intereses de dichas personas. Probablemente, la madurez adquirida y el interés que pongan en el aprendizaje, facilitará la tarea. Los progresos se darán pronto. No disponemos de datos que nos muestren el nivel lector al que pueden llegar a leer las personas con síndrome de Down que aprenden cuando son mayores. Nuestro consejo es que se inicie el programa de lectura cuanto antes, y que nunca se interrumpa, salvo en situaciones muy excepcionales de fracaso.

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