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ÍNDICE DE CAPÍTULOS

Capítulo 6. Método de lectura: Preparación y etapas

Requisitos previos

OTRAS CONDICIONES

Hemos indicado la importancia que damos a que el alumno disfrute aprendiendo a leer, porque así se garantiza el éxito; para ello hay que destacar el papel del mediador.

Para conseguir los objetivos es preciso que el profesor prepare muy bien cada una de las sesiones. Esta preparación incluye la selección correcta de un objetivo concreto, la planificación del desarrollo de la sesión con sus actividades y juegos y la puesta a punto de los materiales. De este modo se evitará el llamado «abuso menor». Dicho abuso se produce con demasiada frecuencia en el trabajo con personas con discapacidad intelectual cuando nos dejamos llevar de la rutina, no respetamos su derecho a aprender, no cuidamos nuestra preparación, les echamos la culpa de la falta de progreso, no programamos y no evaluamos nuestro propio quehacer.

El trabajo debe estar planteado de tal forma que el alumno tenga sensación de éxito, porque aprende algo nuevo, adquiere una nueva habilidad o domina una destreza. Si va ganando cada pequeña batalla, ganará la guerra.

Algún fallo, fracaso o error esporádico no comprometen el resultado final, pero si son muy frecuentes, el alumno con síndrome de Down se bloqueará y no querrá seguir trabajando. Las habilidades del profesor servirán para prestar la mínima ayuda necesaria de modo que el alumno se siente bien, porque conoce la respuesta o ejecuta correctamente la actividad. Todo ello sin privarle de su trabajo mental ni de su esfuerzo personal. A veces un pequeño gesto facial del profesor, o un carraspeo o un «no te he oído bien ¿puedes repetirlo?», serán ayudas suficientes para que el niño actúe con más atención, inhiba su respuesta rápida dándose tiempo a sí mismo para reflexionar, decidir y actuar de un modo correcto. Conviene que el adulto omita expresiones como: «mal, eso está mal» «¡no! ¡así no es!»; sustituyéndolas por: «¿estás seguro? ¡fíjate otra vez! ¡míralo despacio!». La actitud del profesor será firme, serena y optimista. Tiene que ser capaz de transmitir al alumno qué se espera que realice o aprenda y que está seguro que lo va a conseguir. Esta actitud ayuda al alumno a tener seguridad en sí mismo, lo que le animará a confiar en sus esfuerzos personales.

La estructuración de todo el proceso debe hacerse en pequeños pasos, más pequeños y numerosos de los que habitualmente se dan en los programas de lectura y escritura clásicos. Esos pequeños pasos facilitan el progreso del alumno evitando experiencias y sentimientos de fracaso. También permiten consolidar lo aprendido sentando cimientos seguros y firmes sobre los que se apoyarán los progresos y las dificultades de mayor grado. Si los pasos son grandes, el alumno no entenderá o no aprenderá. Adoptará conductas de rechazo y evitación al percibir la actividad difícil o demasiado nueva para él.

El registro diario de las sesiones, en el que se recojan los datos sobre lo conseguido, las ayudas prestadas, las dificultades observadas, la actitud del alumno, etc., es el medio más eficaz para evaluar y programar durante todo el proceso. Este registro se complementará con todo tipo de recogida de datos de carácter más estandarizado, que permitan captar rápidamente en qué fase del programa está el alumno. Las rejillas y las escalas de progreso son muy útiles para esta finalidad.

Síndrome de Down: Lectura y escritura Portada - Libro - Fichas
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